Las Sociedades Financieras de Objeto Múltiple (Sofomes) en México se encuentran ante un desafío mayúsculo: un déficit de fondeo estimado en 200,000 millones de pesos. Esta cifra representa el capital necesario para expandir su capacidad crediticia y atender a empresas y otros sectores que a menudo no encuentran cabida en la banca tradicional. A pesar de contar actualmente con alrededor de 300,000 millones de pesos en financiamiento, de los cuales una porción significativa proviene del mercado público, las proyecciones de especialistas como Alloy Capital sugieren que se necesitarían cerca de 500,000 millones de pesos para cubrir adecuadamente las demandas del mercado, sin siquiera contemplar el impulso adicional que requeriría un crecimiento económico más robusto.
Alejandro Rocha, managing director de Alloy Capital, detalló durante la 20ª Convención Nacional de Asofom que la brecha de 200,000 millones de pesos es crucial para que los recursos fluyan hacia las financieras y, de ahí, a las empresas. Sin embargo, la discusión en el panel "Mercados y Acceso a Capital" para Instituciones Financieras No Bancarias (IFNB) reveló que el problema no reside en la escasez de capital global, sino en las barreras internas que enfrentan muchas Sofomes. La dificultad principal radica en que un número considerable de estas entidades aún lucha por cumplir con los estándares de tamaño, formalización y condiciones que exigen los grandes fondos de inversión.
Los inversionistas institucionales, al evaluar la entrega de recursos, ponen especial atención en diversos factores. Entre ellos se encuentran el nivel de apalancamiento de la Sofom, la calidad y trazabilidad de su cartera de créditos, la presentación de estados financieros auditados por firmas de renombre, y la solidez de su gobierno corporativo. En algunos casos, la existencia de fideicomisos maestros de cobranza también es un requisito indispensable. Jorge Alegría, director general del Grupo Bolsa Mexicana de Valores (BMV), enfatizó la importancia de que las financieras que buscan capital institucional fortalezcan sus estructuras de gobierno corporativo, aseguren la confiabilidad de sus finanzas y mantengan una cartera de calidad que resista el escrutinio de los mercados.
La complejidad se acentúa cuando las Sofomes aspiran a captar recursos en mercados internacionales. Los montos de inversión que se manejan en el ámbito global, típicamente entre 20 y 50 millones de dólares, pueden superar fácilmente la capacidad patrimonial de muchas Sofomes, especialmente las pequeñas y medianas. Esta disparidad de escala no es exclusiva del mercado foráneo; también se manifiesta en el ámbito nacional.
En el mercado institucional mexicano, las Administradoras de Fondos para el Retiro (Afores) poseen una capacidad de inversión monumental. No obstante, para muchas Sofomes, acceder a este capital es una tarea ardua. Las Afores suelen requerir emisiones de deuda por montos que rondan los 1,000 millones de pesos, o incluso hasta 2,000 millones, cifras que pueden ser prohibitivas. Para una Sofom con una cartera de apenas 500 millones de pesos, una emisión de 2,000 millones representaría cuatro veces el tamaño de su portafolio actual, un escenario que limita drásticamente su acceso a este tipo de financiamiento.
Esta situación ha provocado una reducción significativa en el universo de compradores institucionales disponibles para las financieras de menor envergadura. Sin embargo, Alegría señaló que las Afores no son la única vía. En una colocación reciente, más del 60% de los títulos fueron adquiridos por banca privada y fondos de inversión, lo que demuestra la viabilidad de desarrollar mercados para emisiones de menor tamaño sin depender exclusivamente de los grandes fondos de pensiones.
Una estrategia alternativa que surgió durante la convención fue la posibilidad de que varias Sofomes unan fuerzas, agrupando sus carteras u operaciones. El objetivo es alcanzar conjuntamente la escala necesaria para atraer el interés de los inversionistas institucionales. Un representante del sector, durante una intervención del público, propuso la selección de Sofomes con indicadores financieros sólidos para empaquetar sus operaciones y crear un vehículo de inversión lo suficientemente atractivo para un fondo.
Alegría consideró que este tipo de esquemas son explorables y viables. La agrupación de créditos no solo puede incrementar la masa crítica de las operaciones, sino también diversificar los riesgos inherentes y, en consecuencia, facilitar la obtención de mejores calificaciones crediticias. Esta sinergia podría abrir puertas a financiamiento que de forma individual sería inalcanzable.
En el contexto del mercado bursátil, las Sofomes son actores relevantes. Según un comunicado del Grupo BMV, al cierre de julio de 2026, estas entidades habían obtenido financiamiento por más de 57,000 millones de pesos en la Bolsa Mexicana de Valores. Este monto representa el 15% del total de las emisiones de deuda y el 32% de la actividad registrada en el mercado de corto plazo, evidenciando su participación activa en los mercados de capitales.
Históricamente, las Sofomes han jugado un papel crucial en la democratización del acceso al crédito en México, especialmente para aquellas empresas que no cumplen con los estrictos requisitos de la banca comercial. Su modelo de negocio, enfocado en nichos específicos y con mayor flexibilidad, les ha permitido atender demandas de financiamiento que de otra manera quedarían insatisfechas. Sin embargo, su crecimiento y capacidad para escalar se ven directamente limitados por su acceso a fondeo a costos competitivos.
El desafío de la institucionalización implica un cambio cultural y operativo profundo para muchas Sofomes. Requiere no solo la adopción de mejores prácticas de gobierno corporativo y transparencia financiera, sino también la capacidad de presentar información de manera estandarizada y auditable, cumpliendo con los estándares internacionales que demandan los grandes capitales. Este proceso, aunque complejo, es indispensable para desbloquear el potencial de crecimiento del sector y su contribución a la economía nacional.
La falta de fondeo adecuado no solo frena el crecimiento de las Sofomes, sino que también tiene un impacto indirecto en la economía en general. Al no poder expandir su capacidad crediticia, se limita el acceso a capital para pequeñas y medianas empresas, lo que a su vez puede frenar la inversión, la generación de empleo y el dinamismo económico. Por ello, encontrar soluciones para cerrar esta brecha de fondeo es una prioridad para el desarrollo financiero y económico del país.
En resumen, mientras que el capital existe en el mercado, la clave para que las Sofomes accedan a él reside en su capacidad para transformarse y cumplir con los requisitos de los grandes inversionistas. La consolidación, la mejora en la gobernanza y la transparencia financiera son pasos ineludibles para que estas instituciones financieras puedan desempeñar plenamente su rol en el impulso del crédito y el crecimiento económico de México.