Marcelo Ebrard, titular de la Secretaría de Economía, ha señalado que, si bien las negociaciones en torno al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) han transitado por cauces positivos, persisten puntos de preocupación que podrían impactar el resultado final para México.
En un análisis detallado sobre el estado actual de las conversaciones, Ebrard reconoció los avances logrados, pero enfatizó la necesidad de abordar de manera concluyente ciertas disposiciones que aún generan incertidumbre en el sector productivo mexicano.
Aranceles Automotrices y Siderúrgicos: El Foco de la Disputa
Una de las principales inquietudes del funcionario se centra en la Sección 232 del T-MEC, particularmente en lo referente a los aranceles impuestos por la administración de Donald Trump. Específicamente, México busca una reducción significativa del gravamen del 25% que actualmente se aplica a los automóviles producidos en territorio nacional y exportados a Estados Unidos.
Fuentes cercanas a las negociaciones, citadas por Bloomberg, sugieren que existe una aproximación hacia un acuerdo que podría rebajar dicho arancel al 15%. Sin embargo, el impacto efectivo para México podría ser aún menor, situándose entre el 10% y el 12%, dependiendo de la proporción de contenido no estadounidense en los vehículos.
Paralelamente, la industria siderúrgica mexicana se encuentra bajo escrutinio debido a los aranceles del 50% que Estados Unidos ha aplicado al acero y al aluminio. La expectativa es que los acuerdos en ciernes también contemplen una disminución de estas barreras comerciales, aunque la magnitud de dicha reducción aún no se ha precisado.
La Sombra de la Sección 301
Otro frente de preocupación para Ebrard lo constituyen las investigaciones en curso bajo la Sección 301 de la legislación comercial estadounidense. A diferencia de las disposiciones directas del T-MEC, esta sección permite al representante comercial de Estados Unidos examinar políticas y prácticas de otros países que considere perjudiciales para el comercio estadounidense.
Organizaciones como el Proyecto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Prodesc) han advertido que las conclusiones de estas investigaciones pueden derivar en la imposición unilateral de aranceles u otras medidas restrictivas, con potencial impacto negativo para México.
Un ejemplo palpable de esta situación fue la imposición de un arancel del 10% en junio pasado, justificado por supuestos casos de trabajo forzoso en México. Este tipo de acciones, al margen de los mecanismos de resolución de disputas del T-MEC, generan un clima de inestabilidad que Ebrard busca mitigar.
Buscando Certidumbre para la Inversión
Ebrard ha reiterado que, en términos generales, a México le está yendo bien en la revisión del T-MEC, destacando que el país es uno de los que menos aranceles paga y uno de los mayores exportadores hacia Estados Unidos. La declaración del presidente Donald Trump sobre estar cerca de un acuerdo para reducir el déficit comercial bilateral fue recibida con optimismo.
No obstante, la prioridad para el gobierno mexicano, según expuso el Secretario de Economía, es lograr el cierre de la revisión anual del tratado con una reducción clara de aranceles. Este objetivo responde a la necesidad imperante de brindar certidumbre a los inversionistas, quienes requieren un marco de operación predecible para tomar decisiones de capital a largo plazo.
La conclusión de estas negociaciones, con un panorama arancelario más favorable y estable, es vista como un factor crucial para mantener y potenciar el flujo de inversión extranjera directa en México, consolidando así la posición del país en la cadena de valor global.
La revisión del T-MEC, iniciada en el contexto de un panorama económico internacional volátil, se convierte así en un termómetro de la relación bilateral y un pilar fundamental para la estrategia de desarrollo económico de México.