Diego Schoening, uno de los rostros fundadores de la icónica banda Timbiriche en la década de los 80, ha roto el silencio para exponer una presunta red de explotación económica que, según su testimonio, marcó los inicios del fenómeno musical.
En una reveladora entrevista concedida al pódcast de Nayo Escobar, Schoening detalló cómo los integrantes del grupo, en su mayoría jóvenes y con escaso conocimiento de los manejos financieros, eran remunerados con sumas irrisorias en comparación con las astronómicas ganancias que generaban sus presentaciones y producciones.
El Contraste Millonario: 10 Mil Pesos Contra un Millón
Según el relato de Schoening, cada concierto de Timbiriche, un espectáculo que cautivaba a miles de fanáticos, apenas dejaba 10 mil pesos para cada uno de los miembros de la banda. Esta cifra, que en su momento pudo parecer aceptable para un joven artista, palidece ante el supuesto millón de pesos que, de acuerdo con el cantante, se cobraba por cada show.
"A nosotros nos daban, creo que eran 10 mil pesos por show y vendían los shows en 1 millón de pesos, bótate de risa, fue un abuso completo donde nunca hubo contratos, todo fue de palabra. Nunca nos han pagado regalías de intérprete", declaró Schoening, evidenciando una falta de transparencia y acuerdos contractuales que dejaban a los jóvenes artistas en una posición de extrema vulnerabilidad.
La falta de contratos formales y la dependencia de acuerdos verbales, según Schoening, fueron la norma durante años, impidiendo que los integrantes pudieran reclamar sus derechos o acceder a beneficios económicos justos. Esta situación, calificada por el cantante como un "abuso completo", sentó las bases para un modelo de negocio que, a su parecer, priorizaba las ganancias de los promotores y productores sobre el bienestar y la justa retribución de los artistas.
La Sombra de Luis de Llano y la Amenaza Velada
En su testimonio, Schoening señaló directamente a Luis de Llano, figura clave en la representación de Timbiriche, como el artífice de estas prácticas. La banda, bajo su tutela, alcanzó cifras de ventas millonarias con sus álbumes, lo que, en opinión de Schoening, debió traducirse en mayores beneficios para quienes daban vida a la música.
Pero la situación se tornaba aún más sombría. El cantante reveló que cualquier atisbo de inconformidad o queja por parte de los integrantes era recibido con una sutil pero contundente amenaza: el bloqueo de oportunidades laborales, no solo para ellos, sino también para sus familiares que trabajaban dentro de la misma industria.
"También los papás trabajaban en la misma empresa y era de que si querías seguir teniendo trabajo, entonces calladitos nos veíamos más bonitos", confesó Schoening, pintando un panorama de control y presión que silenciaba cualquier intento de reclamo o negociación.
Trayectoria y Nuevos Horizontes
Diego Schoening formó parte de Timbiriche desde 1982 hasta 1994, un periodo extenso que lo consolidó como una figura reconocida en el mundo del espectáculo mexicano. Tras su salida de la banda, Schoening continuó su carrera en diversas facetas del entretenimiento, participando en telenovelas como "Muchachitas" y "Soñadoras", además de incursionar en la conducción televisiva.
Sin embargo, el camino profesional no siempre fue sencillo. El artista compartió las dificultades que enfrentó para encontrar nuevas oportunidades y la eventual decisión de buscar nuevos horizontes laborales en Estados Unidos. A pesar de los altibajos, Schoening ha mantenido una conexión inquebrantable con la música, fundando su propia academia de canto, Schoening Vocal Training, y participando activamente en las giras de reencuentro de Timbiriche.
Actualmente, Schoening está casado con Mónica Vélez, con quien ha formado una familia y ha compartido 28 años de matrimonio, fruto del cual son sus tres hijos.
La Controversia de la Serie VIX
Las declaraciones de Schoening sobre los presuntos malos manejos económicos en Timbiriche se suman a la creciente controversia en torno a la reciente serie producida por VIX sobre la banda. Schoening, junto a otros exintegrantes como Alix Bauer, Mariana Garza, Erik Rubín, Benny Ibarra y Sasha Sokol, ha manifestado su descontento y oposición a la producción.
En un comunicado conjunto, los artistas declararon: "Ninguno de nosotros participó en la creación de esta serie ni fuimos consultados sobre las historias que en ella se cuentan. Tampoco autorizamos el uso de nuestra imagen, voz o identidad". Esta postura subraya una desconexión entre la narrativa de la serie y la experiencia real de sus protagonistas, quienes denuncian no haber sido tomados en cuenta ni haber recibido compensación alguna por el uso de su legado.
Erik Rubín, por su parte, ha corroborado la falta de regalías por parte de la serie, añadiendo una capa más de complejidad a la disputa. La situación pone de manifiesto las tensiones latentes entre los creadores de contenido y los artistas cuyas vidas y carreras son el objeto de estas producciones, especialmente cuando no existe un acuerdo claro sobre la participación y los beneficios económicos.
La denuncia de Diego Schoening no solo arroja luz sobre las posibles irregularidades financieras del pasado, sino que también resuena con las actuales disputas sobre derechos de autor y explotación de imagen en la industria del entretenimiento, un debate que parece lejos de concluir.