La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum Pardo, ha sido duramente señalada por la oposición de utilizar recursos y espacios públicos para fines electorales y de partido. Su reciente evento de "rendición de cuentas", que se asemejó más a un mitin de campaña de Morena, ha desatado una tormenta de críticas, especialmente por la presencia de altos funcionarios del Poder Judicial, incluyendo al presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Hugo Aguilar López.
Kenia López Rabadán, en su calidad de presidenta de la Cámara de Diputados, no se guardó nada al denunciar la naturaleza partidista del evento. "Como presidenta de la Cámara de Diputados no recibí invitación, lo que deja claro que se trató de un acto político partidista, no un evento de Estado", sentenció, subrayando la exclusión de la representación legislativa federal.
La panista fue enfática al señalar la "preocupante" asistencia de ministros de la SCJN. "Estamos hablando de un principio republicano, la división de poderes. La Suprema Corte debe mantener independencia, imparcialidad y distancia frente a actos partidistas. La división de poderes debe ser garantía para todos los ciudadanos", argumentó López Rabadán en entrevista previa a la sesión de la Comisión Permanente.
El evento de Sheinbaum, presentado como un discurso en defensa de la soberanía nacional ante presuntos intentos de intervención de Estados Unidos en los próximos comicios, contó también con la presencia de los ministros Estela Ríos, Lenia Batres, Irene Herrerías, Irving Espinosa y Arístides Guerrero. Esta concurrencia ha sido vista por la oposición como una clara señal de subordinación del Poder Judicial al Ejecutivo y al partido en el poder.
López Rabadán contrastó su situación con la de otros actores políticos. "Hay una máxima. Los integrantes del Poder Judicial estaban obligados a no tener militancia partidista, esto genera una preocupación legítima para cualquier ciudadano que se quiera defender ante cualquier arbitrariedad del poder", afirmó, diferenciando su propia asistencia a eventos del PAN en defensa de la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, como actos de militancia clara y reconocida, no de supuesta imparcialidad judicial.
La presidenta de la Cámara de Diputados recordó que los ministros no están para "arengar" en actos partidistas, sino para garantizar la legalidad y la división de poderes, pilares fundamentales de un Estado democrático. La ausencia de una invitación formal a la Cámara de Diputados, que representa a 500 legisladores, refuerza la idea de que el evento no fue de carácter institucional, sino una estrategia de promoción política para Sheinbaum y Morena.
Las críticas no se limitaron a Kenia López. La senadora del PRI, Carolina Viggiano, calificó de "vergonzoso" la presencia de los ministros, a quienes acusó de estar "sometidos al poder y al gobierno". "Todos sabemos que son personas que están sometidas al poder y al gobierno, pero ellos lo demuestran con hechos", declaró Viggiano, evidenciando el sentir de una parte significativa de la oposición.
Este incidente pone de manifiesto la creciente preocupación por la politización de las instituciones en México, particularmente del Poder Judicial. La asistencia de ministros de la SCJN a eventos partidistas de figuras políticas como Claudia Sheinbaum erosiona la confianza pública en la independencia y la imparcialidad del sistema de justicia, un pilar esencial para la estabilidad democrática y el Estado de Derecho.
La estrategia de Sheinbaum de utilizar eventos de supuesta rendición de cuentas para posicionarse políticamente, y la aparente aquiescencia de miembros del Poder Judicial, son tácticas que recuerdan prácticas de regímenes autoritarios, donde las instituciones se pliegan a los intereses del partido en el poder. Esto genera un precedente peligroso y debilita los contrapesos democráticos.
La oposición ha reiterado su llamado a la SCJN para que actúe con mayor prudencia y mantenga una distancia clara de los actos políticos. La defensa de la soberanía, un tema sensible, no debe servir como pretexto para legitimar la participación de jueces en eventos de partido, especialmente cuando se trata de figuras que aspiran a la más alta magistratura del país.
El "acto partidista" de Sheinbaum, con la cuestionable compañía de ministros de la Corte, no solo evidencia una falta de respeto por la división de poderes, sino que también alimenta las sospechas sobre la imparcialidad de las decisiones judiciales futuras. La ciudadanía observa con atención y exige que las instituciones actúen con la independencia que la Constitución les demanda.
La falta de invitación a la presidenta de la Cámara de Diputados es un detalle menor comparado con la grave implicación de ver a los máximos impartidores de justicia en un evento que, según las propias palabras de la oposición y la ausencia de invitación formal, fue claramente un acto de Morena. Esto plantea serias dudas sobre la autonomía del Poder Judicial y su capacidad para actuar como contrapeso efectivo frente al poder ejecutivo y legislativo emanado de las mayorías.
En resumen, el evento de Claudia Sheinbaum se ha convertido en un foco de controversia que expone la delgada línea entre la función pública y la actividad partidista, y la preocupante tendencia a la politización de las instituciones judiciales en México. La oposición continuará exigiendo transparencia y respeto por la división de poderes, mientras que la SCJN enfrenta la presión de demostrar su independencia.