La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha adoptado una postura de cautela ante el inminente cambio de gobierno en Perú, dejando en suspenso la posibilidad de restablecer las relaciones diplomáticas entre ambas naciones. A pesar de que Keiko Fujimori ha sido declarada presidenta electa, Sheinbaum afirmó no haber tenido comunicación alguna con ella, lo que dilata cualquier anuncio sobre la normalización de los lazos bilaterales.

Durante su conferencia matutina de este miércoles 8 de julio, la mandataria mexicana subrayó que la decisión de romper relaciones diplomáticas provino originalmente del gobierno peruano. "Recuerden que ellos rompieron relación con nosotros", declaró Sheinbaum, marcando una distinción clara con el caso de Ecuador, donde México fue el que tomó la iniciativa de romper vínculos tras el allanamiento a su embajada en Quito.

La jefa del Ejecutivo mexicano reiteró los motivos que llevaron a la ruptura con Perú: la postura de México respecto al proceso judicial contra el expresidente Pedro Castillo. "Porque nosotros nos manifestamos en el sentido de que el presidente Castillo está preso ilegalmente", explicó, defendiendo que esta posición se sustenta en "pruebas" y fundamentos legales, no en afinidades políticas.

Sheinbaum detalló que la postura mexicana fue meramente declarativa y no implicó acciones adicionales contra el gobierno peruano. "Pero ellos por esa posición que nosotros tuvimos, que además es declarativa, en ningún momento representó nada más, ellos decidieron romper las relaciones con nosotros", enfatizó.

En el contexto de la diplomacia suspendida, la presidenta reveló que aún permanece una persona bajo protección en la embajada mexicana en Lima. Este individuo, resguardado por Brasil, que asumió la representación diplomática de México tras la ruptura, está a la espera de un salvoconducto para regresar a México.

Las declaraciones de Sheinbaum surgen en un momento en que Keiko Fujimori ha expresado su deseo de fortalecer los vínculos con México, reconociendo la existencia de "lazos de amistad que se deben priorizar más allá de las diferencias". Sin embargo, la respuesta desde México parece ser de espera y evaluación.

La ruptura diplomática entre México y Perú se formalizó en noviembre, luego de que el gobierno mexicano otorgara asilo político a Betssy Chávez, exfuncionaria de Pedro Castillo, quien enfrenta procesos legales por su presunta participación en el intento de golpe de Estado. Desde entonces, los canales diplomáticos formales han permanecido cerrados, aunque ambos países continúan participando en foros de integración regional como la Alianza del Pacífico.

El escenario actual plantea un desafío para la diplomacia mexicana, que debe navegar las complejidades de la política interna peruana sin comprometer sus principios de no intervención y respeto al derecho internacional. La decisión de restablecer o no las relaciones dependerá, según las palabras de Sheinbaum, de la "comunicación" que se establezca con el nuevo gobierno y de la evaluación de los factores que llevaron a la ruptura inicial.

Históricamente, las relaciones entre México y Perú han estado marcadas por periodos de cercanía y distanciamiento, influenciados por los giros políticos en ambos países. La postura de México respecto a la situación de Pedro Castillo se alinea con su tradición de ofrecer asilo y protección a figuras políticas perseguidas, una política que ha generado tensiones con otros gobiernos de la región.

La comunidad internacional observa con atención el desarrollo de esta situación, ya que la relación entre México y Perú tiene implicaciones no solo bilaterales, sino también para la estabilidad y la cooperación en América Latina. La forma en que la presidenta Sheinbaum gestione esta delicada situación diplomática será un indicador de su enfoque hacia las relaciones exteriores y su capacidad para resolver conflictos diplomáticos.

En el ámbito interno peruano, la elección de Keiko Fujimori representa un nuevo capítulo, y su relación con México será uno de los primeros desafíos de su administración. La expectativa es que, a pesar de las diferencias pasadas, prime la voluntad de diálogo para superar la crisis diplomática y retomar una agenda de cooperación bilateral.

La postura de México, de esperar la comunicación y evaluar la situación, refleja una estrategia prudente que busca salvaguardar los intereses nacionales y mantener la coherencia en su política exterior. El tiempo dirá si esta cautela da paso a un restablecimiento de relaciones o si la distancia diplomática se prolonga, afectando la colaboración regional.

La situación de la persona que aún permanece en la embajada mexicana en Lima bajo resguardo de Brasil añade un elemento humanitario a la crisis diplomática, subrayando la necesidad de una pronta resolución que permita su retorno seguro a México y, de manera más amplia, la normalización de los vínculos entre ambas naciones.