El sueño mundialista de México llegó a su fin este domingo, en un partido de octavos de final que enfrentó al Tri contra Inglaterra en el Estadio Ciudad de México. A pesar de una entrega total y de haber logrado ilusionar a todo un país, el marcador final de 3-2 a favor del equipo europeo selló la despedida del anfitrión.
Desde tempranas horas, la atmósfera en la Ciudad de México y en gran parte del país era de fiesta y expectativa. El sonido de tambores, cornetas y cohetes inundó las calles, reflejando la euforia generada por los buenos resultados previos de la selección. La frase "¿Y si sí?" se había convertido en el lema no oficial, alimentando la esperanza de que el sueño de avanzar en el torneo, jugando en casa, era una posibilidad real.
Sin embargo, el destino tenía otros planes. Tras 25 días de albergar la Copa Mundial de Futbol por tercera vez, México cerró su participación en el torneo y, con ella, la de su escuadra nacional. El partido contra Inglaterra fue una batalla épica, disputada ante 80,824 espectadores que llenaron el coloso de Santa Úrsula, muchos de ellos alternando entre la esperanza y el aliento incondicional.
La canción "Aquí no es así" de Caifanes, que se había transformado en un himno durante la semana, resonaba en el ambiente, pero la mañana en la capital amaneció con un tinte inglés. La lluvia y una tormenta eléctrica inusual para la época obligaron a posponer el inicio del encuentro una hora, retrasándolo hasta las 19:00 horas. A pesar de la inclemencia del clima, la pasión de los aficionados no decayó, ni en los fan fest ni en las pantallas gigantes instaladas en puntos concurridos de la ciudad.
Dentro del estadio, miles de personas buscaban refugio mientras esperaban el inicio, reacias a ocupar sus asientos ante el aviso de tormenta eléctrica. Aun así, el grito de "¡México, México!" se escuchaba con fuerza, y la camaradería entre aficionados mexicanos e ingleses era palpable. La ilusión se mantenía viva en las gradas, donde se compartían historias de cómo se habían conseguido los codiciados boletos, algunos pagando sumas exorbitantes, otros afortunados por dinámicas y concursos.
El encuentro arrancó con una intensidad sorprendente. Jude Bellingham adelantó a Inglaterra con dos goles en apenas dos minutos, al 36' y 38'. A pesar de la efectividad inglesa, México mostraba mayor presencia en el campo contrario. Sin embargo, antes del descanso, Julián Quiñones logró el empate al minuto 46, desatando la euforia en el estadio.
La segunda mitad trajo consigo más emociones. Harry Kane amplió la ventaja para Inglaterra al minuto 60, pero Raúl Jiménez respondió rápidamente al 69', acercando nuevamente a México en el marcador. A pesar de los 11 minutos de tiempo añadido, el esfuerzo final no fue suficiente para revertir el resultado.
La derrota ante Inglaterra, cuarta selección en el ranking mundial, dejó un sabor amargo. La posterior música de Oasis, "Wonderwall", pareció una burla cruel, especialmente tras un mensaje previo de Liam Gallagher pronosticando una goleada inglesa. El grupo mexicano Maná amenizó el medio tiempo con su interpretación de "El Rey", un momento de orgullo nacional.
Lamentablemente, el ambiente festivo se vio empañado por la persistencia del grito homófobo, que se escuchó cada vez que el portero británico, Jordan Pickford, despejaba el balón. A pesar de las advertencias de la FIFA y los llamados de las autoridades, esta expresión discriminatoria se hizo presente, replicándose también en los fan fest y en el Ángel de la Independencia.
Al finalizar el partido, miles de aficionados emprendieron el regreso a casa, compartiendo análisis y reflexiones sobre el desempeño del equipo. Las conversaciones giraban en torno a las lesiones, las estrategias y la sensación general de que, a pesar de la derrota, el equipo había luchado hasta el final.
El último día del Mundial en México, si bien concluyó con una derrota, dejó una imagen positiva: la de un equipo que, después de mucho tiempo, demostró garra y corazón, logrando revivir la ilusión de un país entero y haciendo creer que el sueño de la gloria era, por un momento, posible. La experiencia, aunque agridulce, reafirmó la pasión de México por el fútbol y su capacidad para soñar en grande.