La industria de vehículos pesados en México ha mostrado signos de vida durante el mes de junio, registrando un notable repunte en sus ventas al mayoreo. Impulsado principalmente por la demanda en el segmento de carga y un necesario proceso de renovación del parque vehicular, el sector logró colocar 3,278 unidades, lo que representa un impresionante crecimiento del 45.5% en comparación con el mismo mes del año anterior. Este dinamismo, sin embargo, se ve ensombrecido por las preocupaciones que emanan de la posible revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), un factor que, según los propios actores de la industria, podría poner en riesgo la estabilidad y el crecimiento futuro.

La Asociación Nacional de Productores de Autobuses, Camiones y Tractocamiones (ANPACT) ha sido la voz de alerta, señalando que, si bien los resultados de junio son alentadores, la continuidad de esta tendencia positiva dependerá crucialmente de la preservación de un entorno de certidumbre. La posibilidad de que el T-MEC sea renegociado o modificado de manera desfavorable genera inquietud entre los inversionistas y fabricantes, quienes requieren reglas claras y estables para mantener y expandir sus operaciones en el país.

En el acumulado del primer semestre del año, las ventas al mayoreo alcanzaron las 14,979 unidades, lo que se traduce en un incremento del 3.1% respecto al mismo periodo del año pasado. Este avance, aunque modesto en comparación con el repunte de junio, demuestra una recuperación gradual en el mercado interno. El segmento de carga, en particular, ha sido el motor de esta recuperación, con ventas al menudeo que sumaron 3,194 unidades en junio, un aumento anual del 3.9%, reflejando una mayor necesidad de unidades para el transporte de mercancías en un país con una economía en constante movimiento.

Sin embargo, no todo es color de rosa en la industria. La producción y las exportaciones de vehículos pesados continúan navegando en aguas turbulentas. Durante junio, la producción de unidades se ubicó en 15,262 vehículos, lo que significó una disminución del 7.6% anual. En el acumulado semestral, la producción totalizó 70,876 unidades, un retroceso del 13% en comparación con el primer semestre de 2025. Las exportaciones tampoco escapan a esta tendencia negativa, con una caída del 3.2% en junio al enviar 12,730 unidades al extranjero, y un acumulado semestral que muestra un preocupante descenso del 14.5%.

Ante este panorama dual, la ANPACT ha elevado su voz para solicitar al Gobierno de Estados Unidos una reconsideración sobre la revisión del T-MEC. La industria automotriz de América del Norte, y en particular la mexicana, ha invertido fuertemente en la integración productiva y en el cumplimiento de las reglas de origen establecidas en el tratado. Modificar estas reglas podría desestabilizar cadenas de suministro, desincentivar la inversión y poner en riesgo miles de empleos.

Rogelio Arzate Tapia, presidente ejecutivo de la ANPACT, ha sido enfático al señalar que los resultados positivos en ventas son un testimonio de la capacidad de respuesta y la resiliencia de la industria mexicana. No obstante, ha reiterado que la certidumbre jurídica y comercial es un pilar fundamental para sostener este impulso. La industria ha demostrado su compromiso con el tratado, cumpliendo actualmente con un Valor de Contenido Regional del 64% y avanzando hacia la meta del 70% para 2027, además de satisfacer los requisitos de contenido laboral, de acero y aluminio.

La ANPACT considera indispensable preservar las reglas de origen del T-MEC, ya que han sido un catalizador para el desarrollo de proveedores locales, la atracción de inversiones extranjeras y el fortalecimiento de la manufactura regional. Cualquier cambio abrupto o desfavorable podría revertir décadas de progreso y colaboración.

Otro frente de preocupación para la industria es la creciente importación de vehículos pesados usados provenientes de Estados Unidos. La ANPACT ha denunciado que por cada 100 unidades nuevas que se venden en México, ingresan al mercado nacional alrededor de 55 unidades usadas, muchas de las cuales son subvaluadas. Esta práctica distorsiona el mercado, afecta la competitividad de la industria nacional y pone en riesgo la seguridad vial, al introducir unidades que podrían no cumplir con las normativas ambientales y de seguridad vigentes.

En este sentido, la ANPACT ha informado que se encuentra trabajando activamente con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para establecer precios de referencia que inhiban esta práctica de subvaluación y contribuyan a reducir las distorsiones del mercado. La meta es asegurar un piso parejo para todos los participantes y proteger la producción nacional.

La industria automotriz de vehículos pesados en México se encuentra en una encrucijada. Por un lado, muestra una capacidad de recuperación y adaptación notable, como lo demuestran las cifras de ventas de junio. Por otro lado, enfrenta desafíos estructurales y externos, como la incertidumbre del T-MEC y la competencia desleal de unidades usadas, que requieren atención inmediata y políticas públicas claras para garantizar su sostenibilidad y crecimiento a largo plazo.

El sector productivo, representado por la ANPACT, hace un llamado a la prudencia y a la colaboración entre gobiernos y la industria para asegurar un futuro próspero. La inversión en tecnología, la renovación del parque vehicular y la integración regional son pilares que deben ser protegidos y fortalecidos, y para ello, la certidumbre y la estabilidad son condiciones sine qua non.

En el contexto económico actual, donde la recuperación post-pandemia aún presenta desafíos, el sector de vehículos pesados juega un rol crucial en la cadena de suministro y en la movilidad de mercancías. Su buen desempeño es un indicador de la salud económica general del país, y su fortalecimiento es vital para el desarrollo logístico y comercial de México.

La industria automotriz, en su conjunto, ha sido un pilar de la economía mexicana, generando empleos de calidad y contribuyendo significativamente al Producto Interno Bruto. El segmento de vehículos pesados, aunque menos visible que el de los automóviles ligeros, es fundamental para el transporte de carga, la construcción y diversos sectores productivos. Su dinamismo es, por tanto, un reflejo directo de la actividad económica general.

La ANPACT, como representante de este sector, se ha caracterizado por su proactividad en la defensa de los intereses de sus agremiados y por su compromiso con el desarrollo de una industria automotriz de clase mundial. Sus llamados a la certidumbre y a la estabilidad no son meras peticiones, sino exigencias fundamentadas en la necesidad de un marco regulatorio predecible que fomente la inversión y la competitividad.

La relación comercial con Estados Unidos y Canadá, enmarcada en el T-MEC, es de vital importancia para la industria automotriz mexicana. La interconexión de las cadenas de valor y la especialización productiva hacen que cualquier alteración en el tratado tenga repercusiones significativas. Por ello, la postura de la ANPACT de defender las reglas de origen y la estabilidad del acuerdo es una postura de defensa de la propia industria y de la economía nacional.

Finalmente, la preocupación por la importación de vehículos pesados usados subraya la necesidad de políticas comerciales que protejan la industria nacional y promuevan la renovación del parque vehicular con unidades nuevas, más seguras y eficientes. La colaboración con Hacienda para establecer precios de referencia es un paso en la dirección correcta para mitigar estas distorsiones y asegurar un mercado más justo y competitivo.