El próximo Paquete Económico 2027 se perfila como un examen crucial para la administración federal, que deberá demostrar su capacidad para sanear las finanzas públicas sin comprometer la inversión ni las bases del crecimiento económico a largo plazo. La tarea no es menor: se trata de reducir el déficit fiscal y controlar la trayectoria de la deuda, al tiempo que se atienden necesidades apremiantes como los apoyos a Pemex.
Analistas económicos han puesto el foco en la necesidad de que el gasto y el endeudamiento se traduzcan en un incremento tangible de la productividad y una expansión de la base tributaria. Pamela Díaz Loubet, economista en jefe para México de BNP Paribas, advirtió que una consolidación fiscal lograda a expensas de la inversión podría tener repercusiones negativas en el crecimiento potencial, mermando así la capacidad de generar ingresos en el futuro.
Las agencias calificadoras y los mercados financieros estarán observando de cerca la evolución de la deuda pública, la estrategia para el apoyo a la petrolera estatal y, fundamentalmente, si el presupuesto propuesto incluye medidas efectivas para atraer inversión y potenciar el crecimiento económico. Las proyecciones del banco BNP Paribas sugieren que los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP) podrían alcanzar el 4.3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en 2027, una cifra superior al 3.5 por ciento estimado por la Secretaría de Hacienda.
Por su parte, Sergio Luna, economista en jefe de Banco Mifel, ha expresado cautela respecto al impulso fiscal al crecimiento, manteniendo sus pronósticos de RFSP en -4.5 por ciento del PIB para el cierre de 2026 y -4.2 por ciento para 2027. Estas cifras reflejan una visión de contención del gasto como principal herramienta para la disciplina fiscal.
El Ajuste del Gasto Público: Una Vía Obligada
Ante las limitaciones para incrementar los ingresos fiscales, la reducción del gasto público emerge como la principal alternativa para cumplir con las metas de RFSP. Pablo López Sarabia, investigador de la Universidad Autónoma de Chapingo, señala que una parte significativa del gasto público es inercial y ya está comprometida, lo que podría llevar a que los ajustes recaigan sobre la inversión. Esta situación, advierte, tendría efectos adversos en el dinamismo económico y sus efectos multiplicadores, limitando la tasa de crecimiento potencial del país.
El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) ha subrayado la importancia del Presupuesto de 2027 como un hito para evaluar la viabilidad de los esfuerzos de consolidación fiscal y las perspectivas de las finanzas públicas. La preocupación por el desempeño económico futuro persiste, y el CEESP enfatiza que la estabilidad macroeconómica, pilar del crecimiento, depende de una sólida situación financiera y fiscal del sector público.
Deuda y Generación de Ingresos: Los Desafíos Pendientes
En cuanto a la deuda, Díaz Loubet estima que el Saldo Histórico de los RFSP podría ascender al 54.8 por ciento del PIB el próximo año, superando el 54 por ciento proyectado para el año en curso. Sin embargo, la economista matiza que el nivel de endeudamiento no es intrínsecamente negativo; lo crucial es el destino de esos recursos. Si la deuda financia inversión productiva que eleva el PIB potencial, puede ser sostenible. En contraste, si se destina a gasto con bajo efecto multiplicador, el impacto en el crecimiento será limitado.
Otro reto fundamental radica en fortalecer la capacidad del país para generar ingresos tributarios. México, según se observa, está perdiendo terreno en actividades de mayor valor agregado. Por ello, es imperativo que las nuevas inversiones se traduzcan en un aumento de la producción nacional, la generación de empleo y un mayor contenido local en las cadenas productivas.
El CEESP ha señalado que el desbalance en las finanzas públicas y los resultados insuficientes en la consolidación fiscal han obligado a recurrir a niveles de endeudamiento cada vez mayores. Hasta junio pasado, el saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público alcanzó los 19 billones de pesos, lo que implicó un costo financiero de 693 mil millones de pesos, equivalente al 14.3 por ciento del gasto total.
Las proyecciones oficiales indican que al cierre de 2026 la deuda podría superar los 20 billones de pesos, elevando el costo financiero a 1.5 billones. Esta cifra, que representa el 15.2 por ciento del gasto total y el 4.1 por ciento del PIB, es casi 60 por ciento mayor de lo previsto para la inversión física, lo que subraya la urgencia de una gestión fiscal prudente y estratégica para el futuro del país.