Estados Unidos se encuentra inmerso en una de las fases más dinámicas de su política comercial reciente, desplegando frentes de negociación simultáneos en Asia y Norteamérica. Esta estrategia, lejos de ser monolítica, revela un enfoque diferenciado que se adapta a cada socio y al contexto político del momento. La administración estadounidense ha optado por una combinación de distensión temporal con China, presión constante sobre Canadá y una negociación cada vez más extensa con México. Este patrón sugiere la consolidación de un nuevo paradigma en las relaciones comerciales, caracterizado por la disputa continua en lugar de acuerdos definitivos.
Tregua Extendida con China, Sin Resoluciones de Fondo
La reciente visita de Xi Jinping a Washington y su encuentro con el presidente Donald Trump resultaron en una extensión de la tregua comercial hasta el 10 de enero de 2027. Sin embargo, el alcance de este acuerdo fue limitado. Más que abordar las diferencias sustanciales, ambas potencias optaron por ganar tiempo. Estados Unidos buscaba asegurar la continuidad en las compras de productos agrícolas y el suministro de minerales críticos, mientras que China anhelaba mayor claridad respecto a los aranceles y las restricciones tecnológicas impuestas. Los temas más sensibles, como los semiconductores avanzados, las tierras raras y la inteligencia artificial, quedaron fuera de la mesa de negociación.
China mantiene una posición de fortaleza estructural en esta negociación, controlando aproximadamente el 70% de la extracción mundial de tierras raras y más del 85% de su procesamiento. Estos insumos son vitales para industrias clave como la automotriz, la electrónica, la defensa y la tecnología avanzada. Dicha concentración otorga a Beijing una influencia considerable, limitando la capacidad de Washington para imponer restricciones severas sin afectar negativamente a su propia industria. Adicionalmente, la cuestión de Taiwán sigue siendo un punto de fricción política que entrelaza los aspectos comerciales, tecnológicos y estratégicos.
México: Una Agenda Comercial en Constante Expansión
La política comercial de Estados Unidos hacia México ha seguido un camino distinto, marcado por una negociación que se amplía progresivamente. La agenda inicial, que comprendía 54 temas, ha crecido hasta cerca de 90. Esta expansión abarca no solo aranceles y reglas de origen, sino también asuntos regulatorios, agricultura, servicios digitales, inversión y la participación de terceros países en las cadenas productivas norteamericanas. La cuarta ronda formal de conversaciones, inicialmente programada para finales de septiembre, fue pospuesta a octubre, aunque los canales técnicos entre ambas naciones permanecen activos.
Washington mantiene como objetivo primordial la reducción del déficit comercial bilateral. Por su parte, México prioriza la eliminación de los aranceles de la Sección 232, que imponen un 50% sobre el acero y aluminio, y un 25% sobre los vehículos. Las exigencias estadounidenses en cuanto al contenido regional dentro del sector automotriz continúan siendo el punto más delicado de toda la negociación, generando tensiones significativas.
Canadá: Presión Sostenida y Falta de Urgencia Resolutiva
El contraste más notable se observa en la relación con Canadá, donde la política comercial estadounidense ha adoptado un tono de presión sin una aparente urgencia por alcanzar una resolución. Fuentes de Washington han indicado recientemente que no existe prisa por llegar a un acuerdo con Ottawa. Mientras tanto, los contraaranceles canadienses, que afectan a productos estadounidenses por un valor de aproximadamente 27,600 millones de dólares canadienses desde el 8 de septiembre, permanecen sin una respuesta bilateral sustancial.
A esta tensión se suma la posibilidad de que Estados Unidos busque fuentes alternativas de potasa, un mineral que hasta ahora adquiría principalmente de Canadá. Esta eventualidad introduce presión adicional sobre un sector agrícola que, hasta la fecha, se había mantenido relativamente al margen del conflicto comercial. La ausencia de reuniones de alto nivel durante la Asamblea General de la ONU reforzó la percepción de que este canal bilateral se encuentra estancado, en clara contraposición con la activa agenda negociadora que Washington mantiene con México y China.
Un Nuevo Estándar de Negociación Permanente
El patrón que emerge de estos tres frentes comerciales es el de una política estadounidense que utiliza el trato diferencial como herramienta de negociación. Se observa una mayor apertura y un ritmo más ágil con los socios dispuestos a ceder terreno en una agenda amplia, mientras que se mantiene una mayor rigidez con aquellos que no muestran avances significativos. Para las economías involucradas, esto significa que la incertidumbre comercial ha dejado de ser un fenómeno transitorio para convertirse en una condición estructural. Es probable que esta dinámica se extienda durante una parte considerable de 2027, obligando a empresas y gobiernos a operar bajo un régimen de negociación permanente, en lugar de esperar resoluciones definitivas.