La incertidumbre electoral en Brasil ha comenzado a sacudir los cimientos de los mercados financieros, provocando una ola de pánico entre los inversionistas que ven con recelo la posibilidad de un nuevo mandato del presidente de izquierda, Luiz Inácio Lula da Silva. La perspectiva de que Lula retome el poder en las próximas elecciones presidenciales de octubre ha llevado a muchos a reducir su exposición a activos brasileños, anticipando una volatilidad sin precedentes y temiendo por la estabilidad de las finanzas públicas del gigante sudamericano.

Fuga de Capitales y Nerviosismo en los Mercados

Gestores de fondos de renombre internacional han tomado medidas drásticas para mitigar los riesgos. En VanEck, por ejemplo, los gestores de cartera David Austerweil y Eric Fine han optado por mantenerse al margen de las apuestas en renta fija local brasileña, citando los riesgos inherentes al proceso electoral. De manera similar, Thierry Larose, de Vontobel, ha reducido su exposición al real brasileño, argumentando que la moneda ofrece escaso margen de protección ante un escenario adverso. Kieran Curtis, de Aberdeen, también ha seguido una estrategia similar, recortando su exposición a la divisa brasileña.

“Tiene sentido llegar al período electoral con algo menos de riesgo en Brasil”, afirmó Curtis, responsable de deuda en moneda local de mercados emergentes de Aberdeen. Su estrategia, según explicó, se enfoca en “prepararse para la volatilidad, más que de actuar directamente en función de una opinión sobre el resultado”. Esta cautela generalizada subraya la magnitud de la preocupación que rodea el panorama político y económico brasileño.

Lula Lidera las Encuestas, Desencadenando Alertas

Aunque la campaña electoral aún no ha dado inicio formalmente, las encuestas de opinión pública muestran a Luiz Inácio Lula da Silva con una ventaja considerable. Los mercados de apuestas le otorgan una probabilidad de aproximadamente dos tercios de conseguir un nuevo mandato presidencial. Esta tendencia ha puesto en máxima alerta a los inversionistas, quienes ven en Brasil un posible contrapunto al giro hacia la derecha que se ha observado en otras naciones de América Latina en los últimos tiempos.

La principal preocupación que impulsa este nerviosismo es la duda sobre si un eventual gobierno de Lula aplicaría las medidas de ajuste fiscal necesarias para estabilizar las finanzas públicas del país. Estas mismas inquietudes alcanzaron un punto álgido en diciembre de 2024, cuando la pérdida de confianza en la capacidad del gobierno para controlar el deterioro fiscal llevó al real a mínimos históricos. En aquel entonces, se produjo una fuerte venta de acciones y deuda, tanto en moneda local como extranjera, mientras los operadores buscaban desesperadamente coberturas ante el fantasma de un posible default soberano.

El Real Brasileño, Bajo la Lupa

Thierry Larose, gestor de cartera de Vontobel en Zúrich, admite no tener certeza sobre el desenlace de las elecciones presidenciales. Sin embargo, está convencido de un punto clave: el real brasileño “no incorpora en absoluto ningún tipo de acontecimiento político desfavorable”. Esta afirmación sugiere que la moneda podría estar subvaluando los riesgos políticos y fiscales que se ciernen sobre el país.

La reciente publicación de una encuesta que mostraba a Lula con una ventaja mayor a la esperada sobre Flávio Bolsonaro, su principal contendiente, exacerbó la situación. Este sondeo, seguido de cerca por los mercados, desencadenó una venta masiva del real, convirtiéndola en la divisa de peor desempeño entre las 31 principales monedas monitoreadas por Bloomberg. El fondo iShares MSCI Brazil ETF, con activos por valor de 8.400 millones de dólares, experimentó su mayor salida diaria de capital desde 2013, mientras que JPMorgan Chase & Co. rebajó su recomendación sobre las acciones brasileñas, aconsejando “mantenerse al margen antes que pagar por la incertidumbre”.

Señales de Tensión en los Mercados Locales

Los mercados locales de deuda en Brasil ya han comenzado a mostrar signos de tensión. Se ha observado un fuerte aumento en los rendimientos de los bonos y una demanda vacilante en las subastas semanales del Tesoro. A pesar de esto, hasta hace poco, el real y las acciones habían mostrado una resistencia relativa, en parte gracias a un entorno global favorable para los activos de riesgo que ayudaba a contrarrestar las preocupaciones internas. Sin embargo, la creciente atención a los riesgos electorales parece estar erosionando esta resiliencia.

Según datos de State Street, las coberturas sobre el real brasileño se mantienen en niveles bajos en comparación con ciclos electorales anteriores. Esto, según Ning Sun, estratega sénior de mercados emergentes de la firma en Boston, deja un mayor margen para que la moneda se debilite si los inversionistas buscan protección antes de los comicios. “Los inversionistas finalmente están empezando a prestar atención a los riesgos electorales en Brasil”, afirmó Sun, quien ha expresado su preferencia por el peso colombiano entre las monedas de mayor rendimiento.

Preocupaciones Internas Amplificadas por la Política

La inquietud no se limita a los inversionistas extranjeros; también comienza a manifestarse entre los gestores de fondos locales. Las preocupaciones sobre el deterioro fiscal de Brasil y la persistencia de la inflación se ven amplificadas por los riesgos electorales. Fondos como Ibiuna Investimentos han adoptado posiciones que apuestan por tasas de corto plazo más bajas y tasas de largo plazo más altas, reflejando una preocupación generalizada de que los riesgos fiscales mantendrán elevados los costos de financiamiento en los vencimientos más largos.

Adam Capital, un fondo de cobertura con sede en Río de Janeiro, ha advertido que las tasas reales de los bonos gubernamentales ligados a la inflación han superado el 8%, un nivel que califican de “claramente insostenible”. La firma señaló en su carta de julio que, si bien el real mantiene una trayectoria favorable, su fortaleza tiene un costo elevado para la dinámica de la deuda brasileña y, lo que es más preocupante, oculta la magnitud de los desafíos que se avecinan para la economía del país. La combinación de incertidumbre política y presiones fiscales crea un cóctel explosivo para los mercados brasileños.