La otrora poderosa maquinaria de Morena en Guerrero parece estar desmoronándose desde sus cimientos. En un evento celebrado en Ometepec, un grupo de fundadores del partido, figuras clave en su génesis y consolidación en la entidad, han decidido dar la espalda a la línea oficial para respaldar a Esthela Damián Peralta, exconsejera jurídica del Ejecutivo Federal. Este acto no es un simple encuentro de camaradería; es una señal inequívoca de las profundas fracturas internas que aquejan al partido guinda, un partido que prometió ser la esperanza de México pero que hoy se ve envuelto en pugnas intestinas y descontento generalizado.

El encuentro, que reunió a líderes agrarios, artesanas, maestros y bases morenistas, se presentó como un bastión de resistencia contra lo que Damián Peralta describió como "aventurerismos políticos" y "acuerdos bajo la mesa". La exfuncionaria, visiblemente arropada por los asistentes, no escatimó en críticas veladas hacia la dirigencia actual, a la que parece señalar por alejarse de los principios fundacionales que dieron vida a Morena. "El proyecto más importante de mi vida se llama Guerrero", declaró Damián Peralta, un mensaje que resuena con fuerza en una entidad que ha sido históricamente marginada y que esperaba de la "Cuarta Transformación" un cambio real y tangible.

La presencia de figuras como Jaquelina Ortiz Montaño, Manuel Tapia Bustos, Zenaido Herrera Ruiz, Alejandra Bobadilla Toledo, Pablo Solano Ramirez, Adela Miranda Calderon, Taurino Baños Herrera, Janeth Santiago Adata, Gabriel Candelario Carbajal y Doroteo Candelario, entre otros, no es casual. Son nombres que evocan la historia de Morena en Guerrero, militantes que dedicaron años a construir el partido desde la base, enfrentando resistencias y adversidades. Su respaldo a Damián Peralta envía un mensaje contundente: la dirigencia actual ha perdido el rumbo y el contacto con la esencia del movimiento.

Damián Peralta, quien en su momento renunció a su cargo para, según sus propias palabras, "defender la soberanía nacional", ahora se presenta como la voz de la "izquierda histórica" en Guerrero. Su discurso, cargado de emotividad y llamado a la "dignidad de las familias" y la "esperanza de un destino de paz, justicia y bienestar real", contrasta fuertemente con la narrativa oficialista que suele evadir las problemáticas locales y centrarse en discursos abstractos de transformación. La exconsejera jurídica advirtió que "no darán un solo paso atrás ante aventurerismos políticos", una frase que sugiere una oposición férrea a decisiones o nombramientos que consideren perjudiciales para el estado y para los principios del partido.

Este evento en Ometepec no es un hecho aislado, sino la manifestación de un descontento que ha ido creciendo en diversas regiones del país. La "Cuarta Transformación", que prometió erradicar la corrupción y la desigualdad, parece haber caído en las mismas prácticas que criticó en sus adversarios. La falta de resultados tangibles, la percepción de un gobierno autorreferencial y la imposición de agendas que no responden a las necesidades reales de la población, han generado un caldo de cultivo para la disidencia interna.

La figura de Esthela Damián, aunque no sea una figura pública de primerísimo nivel a nivel nacional, representa para las bases de Morena en Guerrero un símbolo de la vieja guardia, de aquellos que lucharon por los ideales del partido antes de que este llegara al poder. Su distanciamiento de la estructura oficial y su llamado a "defender principios firmes" son un golpe directo a la imagen de unidad y cohesión que la dirigencia de Morena intenta proyectar.

El contexto político en Guerrero es particularmente sensible. El estado ha enfrentado graves problemas de seguridad, pobreza y migración, desafíos que la administración actual no ha logrado mitigar de manera efectiva. La promesa de un "Guerrero con paz, justicia y bienestar real" se ha quedado, para muchos, en una utopía inalcanzable. Por ello, el llamado de Damián Peralta a no perder los sueños ni empeñar los principios resuena con especial fuerza entre aquellos que se sienten defraudados.

La "transformación" prometida por Morena parece haber olvidado a sus orígenes y a las bases que la hicieron posible. Este tipo de encuentros, donde fundadores y militantes expresan su descontento, son un reflejo de la crisis de identidad que atraviesa el partido. La pregunta que queda en el aire es si la dirigencia de Morena será capaz de escuchar estas voces críticas o si, por el contrario, optará por ignorarlas, profundizando aún más la brecha entre el partido y la ciudadanía que un día le dio su confianza.

El respaldo a Esthela Damián por parte de fundadores de Morena en Ometepec es una clara señal de que la unidad del partido en Guerrero está seriamente comprometida. Las bases, hartas de promesas incumplidas y de una política que parece más enfocada en la supervivencia del poder que en el bienestar social, buscan referentes que encarnen los ideales originales del movimiento. La exconsejera jurídica se posiciona, ante este grupo, como esa alternativa, una figura que, al menos en el discurso, se alinea con las demandas de justicia y dignidad que tanto anhela la población guerrerense.

Este cisma interno en Morena Guerrero no solo debilita al partido en la entidad, sino que también envía un mensaje preocupante a nivel nacional. Si aquellos que fundaron el movimiento y lucharon por él se sienten traicionados o ignorados, ¿qué queda para el ciudadano común que depositó su fe en la "Cuarta Transformación"? La respuesta parece ser cada vez más clara: desilusión y desconfianza.

La "esencia de la lucha" que Damián Peralta evoca se ha diluido en las mieles del poder. Los principios firmes han sido sustituidos por acuerdos pragmáticos y la defensa de la dignidad por la defensa de cuotas de poder. Este encuentro en Ometepec es un grito de alerta, un llamado a la reflexión para un partido que, de no reconducir su camino, corre el riesgo de perder no solo el apoyo de sus fundadores, sino también la confianza de la ciudadanía que lo llevó a la victoria.

El futuro de Morena en Guerrero, y quizás en el país, dependerá de su capacidad para sanar estas heridas internas y reconectar con sus ideales fundacionales. El respaldo a Esthela Damián por parte de las bases es una advertencia: la "transformación" no puede construirse sobre la exclusión y el olvido de quienes hicieron posible el cambio. La lucha por la "soberanía nacional" y por un "destino de paz, justicia y bienestar real" parece haber encontrado en ella una voz disidente, una que las bases de Morena en Ometepec han decidido escuchar y apoyar.

La visita de Esthela Damián a Ometepec y el apoyo recibido de los fundadores de Morena en la región, es un claro indicativo de que el partido guinda enfrenta una crisis de credibilidad y cohesión. La "transformación" que prometieron se ve amenazada por las pugnas internas y la desconexión con las bases. Este evento subraya la urgencia de un cambio de rumbo para Morena, un cambio que devuelva la fe a sus seguidores y cumpla con las promesas de justicia y bienestar que tanto anhela el pueblo de Guerrero.