Las pugnas internas en Morena no dan tregua. Ahora es Colima el epicentro de las tensiones, donde un grupo de militantes y figuras del partido guinda se prepara para lanzar un frente de inconformidad contra la designación de Rosa María Bayardo como coordinadora estatal para la defensa de la Cuarta Transformación. Este movimiento, que se cocina a fuego lento, pone de manifiesto las profundas fracturas que atraviesan al partido oficialista, a tan solo unos meses de que inicien formalmente los procesos electorales para definir a los candidatos a las 17 gubernaturas que estarán en juego en 2027.

La designación de Bayardo ha generado un cisma en la estructura de Morena en Colima. Fuentes cercanas al movimiento disidente señalan que la decisión fue unilateral y no tomó en cuenta la opinión de las bases ni de otros actores políticos relevantes dentro del estado. Esta percepción de imposición ha sido un detonante común en otras entidades, donde las designaciones directas por parte de la dirigencia nacional han derivado en conflictos y desbandadas de militantes.

El Polvorín de las Designaciones

Históricamente, el proceso de selección de candidatos en Morena ha sido un campo minado. Si bien el partido se fundó bajo principios de democracia participativa y consulta a las bases, la realidad política ha llevado a la cúpula a tomar decisiones que, si bien buscan agilizar el proceso o favorecer a perfiles considerados "ganadores", terminan por generar resentimientos y divisiones. En el caso de Colima, la figura de Rosa María Bayardo parece no contar con el consenso necesario entre los distintos grupos internos.

Los críticos argumentan que la imposición de perfiles, sin un análisis profundo de su arraigo y aceptación social en cada entidad, debilita al partido y lo hace vulnerable ante la oposición. La estrategia de "coordinadores estatales" para la defensa de la transformación, que en la práctica funcionan como precandidatos a gubernaturas, se ha convertido en un foco rojo para la unidad morenista. La falta de transparencia y la percepción de favoritismo en estas designaciones son caldo de cultivo para la inconformidad.

¿Un Frente Contra la Imposición?

El frente que se gesta en Colima busca, según sus promotores, "defender los principios fundacionales de Morena" y "evitar que las decisiones cupulares sigan minando la fuerza del partido". Si bien aún no se han dado a conocer los nombres de todos los integrantes o las acciones específicas que emprenderán, la mera conformación de este grupo ya representa un desafío para la dirigencia estatal y nacional de Morena. Se habla de la posibilidad de convocar a una asamblea estatal extraordinaria o de emitir un pronunciamiento público contundente.

La estrategia de "coordinadores" es vista por muchos como una forma de saltarse los procesos internos y de imponer a figuras afines a ciertos grupos de poder dentro del partido. En un contexto donde Morena busca consolidar su hegemonía y preparar el terreno para las elecciones de 2027, estas divisiones internas son un lastre que podría costar caro. La unidad, que ha sido uno de sus mayores capitales políticos, parece estar seriamente comprometida.

Implicaciones para 2027

Las elecciones de 2027 serán cruciales para Morena. De las 17 gubernaturas en disputa, el partido busca retener la mayoría y, si es posible, arrebatar más estados a la oposición. Sin embargo, las fracturas internas como la que se manifiesta en Colima siembran dudas sobre su capacidad para presentar candidaturas sólidas y cohesionadas en todas las entidades. La desconfianza generada por las designaciones "a modo" puede traducirse en apatía o, peor aún, en un voto de castigo hacia los perfiles impuestos.

Analistas políticos señalan que Morena enfrenta el reto de equilibrar la necesidad de tener candidatos competitivos con la urgencia de mantener la unidad interna. Ignorar las voces de las bases y de los militantes inconformes podría ser un error estratégico mayúsculo. La historia reciente de la política mexicana está plagada de ejemplos de partidos que, por conflictos internos, han perdido gubernaturas importantes a pesar de contar con una ventaja inicial.

El Futuro de Morena en Colima

La situación en Colima es un microcosmos de los desafíos que enfrenta Morena a nivel nacional. La resistencia a la imposición y la demanda de mayor democracia interna son reclamos legítimos que la dirigencia del partido no puede seguir ignorando. Si el "frente contra la coordinadora" logra movilizar a las bases y generar una presión significativa, la dirigencia estatal y nacional se verán obligadas a reconsiderar su estrategia de designaciones.

El desenlace de este conflicto en Colima podría sentar un precedente para otras entidades donde también existen inconformidades latentes. La forma en que Morena gestione estas tensiones internas será determinante para su desempeño electoral en 2027 y para su propia supervivencia como fuerza política hegemónica. La pregunta que queda en el aire es si el partido logrará sanar sus heridas o si las divisiones internas terminarán por fracturar su proyecto de "Cuarta Transformación".

La falta de consenso y la percepción de autoritarismo en las decisiones clave amenazan con erosionar la base de apoyo de Morena. La unidad, que fue su principal fortaleza en años anteriores, ahora parece ser su talón de Aquiles. La resistencia en Colima es una señal de alerta que la dirigencia nacional debería atender con urgencia, antes de que las fisuras se conviertan en abismos insalvables.

El panorama para Morena se torna cada vez más complejo. Las luchas intestinas por el poder y las candidaturas amenazan con desviar la atención de los objetivos políticos centrales del partido. La capacidad de la dirigencia para gestionar estas crisis internas será un factor decisivo en el futuro político del país.

La desconfianza generada por las designaciones directas podría tener un impacto directo en la participación ciudadana y en la legitimidad de los procesos electorales venideros. Morena se encuentra en una encrucijada: o escucha a sus bases y fomenta la unidad, o corre el riesgo de ver mermada su fuerza política por sus propios conflictos internos.

La coyuntura actual exige una reflexión profunda sobre los métodos de selección de candidatos y la importancia de la cohesión interna. El caso de Colima es solo la punta del iceberg de un problema más profundo que requiere atención inmediata para asegurar la fortaleza del partido rumbo a los comicios de 2027.