En un evento que evidencia las profundas divisiones internas de Morena, la diputada federal Gabriela Jiménez anunció su registro para competir por la Coordinación de los Comités de Defensa de la Transformación en Azcapotzalco. La aspiración de Jiménez, presentada en un "emotivo encuentro ciudadano", se da en el marco del proceso interno del partido guinda de cara a las elecciones de 2027, un escenario que ya anticipa una batalla campal por el control de la demarcación.

Jiménez, en un discurso cargado de retórica oficialista, prometió "respetar las reglas democráticas" y "trabajar para sumar y construir unidad". Sin embargo, su registro es una clara señal de que la unidad en Azcapotzalco está lejos de ser una realidad. La diputada se alineó explícitamente con el proyecto de la presidenta Claudia Sheinbaum y la jefa de Gobierno, Clara Brugada, buscando capitalizar el respaldo de las figuras más prominentes del partido para legitimar su campaña interna.

LA RETÓRICA DEL "AMOR POR LA ALCALDÍA"

La legisladora intentó desmarcarse del "rezago histórico en los servicios públicos", un señalamiento que, irónicamente, recae sobre los gobiernos emanados de su propio partido. Aseguró que "el gobierno debe estar del lado del pueblo" y que "los derechos no son favores", frases que resuenan con el discurso fundacional de la Cuarta Transformación, pero que en la práctica de Azcapotzalco parecen haber quedado en el olvido. La "demostración de amor por la alcaldía", según Jiménez, se traduce en "cercanía, trabajo y resultados", un mantra repetido por políticos de todos los colores, pero cuya efectividad en la demarcación es cuestionable.

PROMESAS DE CAMPAÑA Y TRABAJO TERRITORIAL

Jiménez presumió un "intenso trabajo territorial" en las 112 colonias de Azcapotzalco, afirmando haber acompañado a la comunidad en "gestiones que sumaban décadas de abandono". Mencionó la atención a "parques y unidades habitacionales que esperaron más de cuarenta años para tener iluminación" y a "calles que llevaban hasta veinte años sin trabajos de desazolve o mantenimiento de bacheo". Estas declaraciones, si bien buscan generar empatía, también exponen la ineficacia de las administraciones anteriores, muchas de ellas bajo el cobijo de Morena, para resolver problemas básicos.

En el ámbito del "bienestar y la salud comunitaria", la diputada destacó el impacto de sus "jornadas gratuitas" y del programa "Legislando con Visión". Se jactó de haber entregado "más de 700 lentes gratuitos o a muy bajo costo" y "más de 150 aparatos ortopédicos, como sillas de ruedas, andaderas y bastones". Si bien estas acciones son loables a nivel individual, su presentación como logros monumentales en el contexto de una alcaldía entera sugiere una estrategia para maquillar la falta de políticas públicas integrales y de mayor alcance.

SEGURIDAD: EL RETO MAYOR

El tema de la seguridad, uno de los flancos más débiles del actual gobierno, fue abordado por Jiménez con una mezcla de autoproclamada "seriedad y preparación". Su formación académica, incluyendo una Maestría en Seguridad Nacional en el Centro de Estudios Superiores Navales (CESNAV) de la Secretaría de Marina, fue presentada como credencial para asumir el "reto". Además, prometió "impulsar la cultura de prevención mediante macrosimulacros en unidades habitacionales", una medida que, aunque necesaria, resulta insuficiente ante la creciente ola de inseguridad que azota la Ciudad de México y, por ende, Azcapotzalco.

El proceso interno de Morena en Azcapotzalco no es un hecho aislado. Refleja la dinámica de un partido que, tras años en el poder, parece más preocupado por las pugnas internas y la repartición de candidaturas que por la solución de los problemas reales de la ciudadanía. La figura de Gabriela Jiménez se suma a la larga lista de aspirantes que buscan capitalizar el capital político de la 4T, sin ofrecer, hasta ahora, soluciones concretas que trasciendan la retórica.

La competencia por la "coordinación" en Azcapotzalco se perfila como un reflejo de la descomposición política que vive Morena. Mientras la dirigencia nacional llama a la unidad, las bases y las figuras políticas locales se enfrascan en luchas intestinas por el poder, dejando en segundo plano las necesidades de los habitantes de la alcaldía. La "defensa de la 4T" parece haberse convertido, para muchos, en una defensa de intereses personales y de grupo.

El contexto de estas aspiraciones se da en un momento crucial para la Ciudad de México. Con Clara Brugada al frente del gobierno capitalino, las alcaldías se convierten en bastiones políticos clave. La batalla por Azcapotzalco, una de las demarcaciones más importantes, no solo definirá el futuro político de quien resulte "coordinador", sino que también pondrá a prueba la capacidad de Morena para mantener la cohesión interna y responder a las demandas ciudadanas.

La estrategia de Jiménez de apelar a la "congruencia con su trayectoria" y al "amor por la alcaldía" es un intento por diferenciarse en un campo de juego cada vez más saturado de aspirantes. Sin embargo, la verdadera prueba de fuego será su capacidad para traducir esta retórica en resultados tangibles y para superar las divisiones internas que amenazan con fracturar aún más al partido en la capital del país.

En definitiva, el registro de Gabriela Jiménez es un capítulo más en la saga de las luchas internas de Morena. Un partido que, a pesar de su discurso de transformación, parece atrapado en las mismas prácticas políticas que criticó en el pasado. La "defensa de la 4T" en Azcapotzalco se anuncia, por lo pronto, como una batalla de desgaste, donde la unidad y los resultados para la ciudadanía podrían ser las principales víctimas.