El gobierno mexicano, a través de su titular de Economía, Marcelo Ebrard, ha lanzado un desafío directo a Estados Unidos respecto a la metodología que se pretende emplear para imponer nuevos aranceles. La administración de Ebrard considera que el criterio de "capacidad excedente", utilizado por la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) en una investigación bajo la Sección 301, es jurídicamente endeble y no refleja la complejidad de las relaciones comerciales internacionales.
La investigación de la USTR busca determinar si la sobrecapacidad productiva de ciertos socios comerciales de Estados Unidos está perjudicando a las empresas y trabajadores estadounidenses. De confirmarse, esto podría desembocar en la imposición de nuevas medidas arancelarias. Sin embargo, México argumenta que el simple volumen de producción de un país no es, por sí solo, evidencia de una práctica comercial desleal.
Marcelo Ebrard ha sido enfático al señalar que la lógica de la investigación estadounidense es cuestionable. Según el secretario, un déficit comercial entre dos naciones no puede atribuirse únicamente a la capacidad instalada del país exportador. Argumenta que las decisiones de compra de un país importador están influenciadas por una multiplicidad de factores, entre los que destacan el precio, la calidad del producto y las ventajas comparativas que el comprador pueda obtener.
Para ilustrar su punto, Ebrard utilizó el ejemplo del gas natural que México importa de Estados Unidos. Señaló que, si bien Estados Unidos posee una vasta capacidad productiva en este rubro, también es capaz de suministrarlo a precios altamente competitivos. Bajo la lógica que México cuestiona, imponer sanciones a un proveedor por tener una gran capacidad de producción sería contraproducente, especialmente cuando esa escala le permite ofrecer precios más bajos al mercado internacional.
"No se puede identificar el déficit de un país con el otro con base en la capacidad excedente, porque está determinado por el nivel de precio, no por la capacidad que tiene tu vendedor", afirmó Ebrard, subrayando la importancia del factor precio en las transacciones comerciales.
La investigación de la Sección 301, en la que se enmarca esta disputa, abarca dos vertientes principales: una relacionada con el trabajo forzoso y otra centrada en la sobrecapacidad productiva. Esta última investigación involucra a un total de 16 economías, lo que significa que la resolución final no dependerá exclusivamente de las negociaciones bilaterales entre México y Estados Unidos. Ebrard reconoció que la amplitud de países implicados podría explicar la lentitud en la toma de decisiones por parte de Washington, aunque anticipó que se espera una determinación durante el presente mes, respetando los plazos legales del procedimiento.
La estrategia de defensa de México se centra en demostrar que la mera existencia de capacidad productiva disponible en un país no es suficiente para responsabilizarlo de un déficit comercial estadounidense. Adicionalmente, el gobierno mexicano sostiene que es fundamental analizar las condiciones específicas de cada mercado, en lugar de aplicar una correlación automática entre los niveles de producción, las exportaciones y el supuesto daño económico.
Este debate se desarrolla en un contexto de creciente tensión comercial y en vísperas de la siguiente ronda de revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), programada para los primeros días de septiembre. Aunque la investigación de la Sección 301 no forma parte formal del T-MEC, su avance paralelo podría intensificar la presión sobre la relación comercial bilateral.
La inconformidad de México no se limita a la Sección 301. El país también ha expresado sus reservas respecto a los aranceles impuestos bajo la Sección 232 a vehículos, acero y aluminio. Ebrard aseguró que estas medidas no han logrado los resultados esperados por Estados Unidos. Como ejemplo, citó el caso del acero, donde las exportaciones mexicanas al mercado estadounidense disminuyeron, mientras que las importaciones provenientes de Asia experimentaron un crecimiento exponencial.
Este fenómeno, según el análisis del gobierno mexicano, demuestra que restringir a un socio comercial norteamericano puede tener el efecto no deseado de redirigir la demanda hacia proveedores asiáticos, en detrimento del fortalecimiento de la producción regional. La administración mexicana considera que estas políticas pueden socavar los objetivos de integración y beneficio mutuo que persigue el T-MEC.
La próxima ronda de revisión del T-MEC abordará temas cruciales como las reglas de origen, la seguridad económica y la reducción de la dependencia de productos estratégicos. Ebrard reconoció que el incremento de la producción regional de semiconductores, por ejemplo, no se logrará únicamente a través de la imposición de aranceles, sugiriendo la necesidad de enfoques más colaborativos y estratégicos.
En resumen, México se planta firmemente ante Estados Unidos, defendiendo un enfoque comercial basado en la reciprocidad, la competitividad y el análisis detallado de los mercados, en contraposición a medidas unilaterales que, a su juicio, carecen de fundamento jurídico sólido y pueden generar efectos adversos para todas las partes involucradas.