Un alarmante 38.7 por ciento de los jóvenes mexicanos, es decir, casi cuatro de cada diez, manifiestan sentir que “no se hallan en ningún lugar”. Esta profunda sensación de desarraigo, identificada en el estudio “Jóvenes en México 2026”, se vincula directamente con el debilitamiento de los pilares tradicionales de pertenencia social: la escuela y el ámbito laboral.
El investigador José Antonio Pérez Islas, quien coordinó el estudio, detalló que esta “desafiliación” se extiende a esferas como la educación formal, el trabajo y la participación política. A pesar de este panorama, la familia emerge como la principal red de apoyo para la juventud mexicana, ofreciendo un refugio ante la creciente sensación de no pertenencia.
El informe, una colaboración entre la Fundación SM y el Observatorio de la Juventud en Iberoamérica, se fundamenta en una encuesta realizada a mil 231 jóvenes de entre 15 y 29 años. La muestra, representativa de la población juvenil urbana que supera los 24 millones en el país, busca arrojar luz sobre las complejas realidades que enfrentan las nuevas generaciones.
En México, la población joven asciende a casi 33 millones, de los cuales un abrumador 80 por ciento reside en zonas urbanas, lo que subraya la relevancia de estos hallazgos para una porción significativa del país.
El Concepto de Desafiliación Juvenil
La expresión “no se halla en ningún lugar” se ha convertido en un síntoma clave de la desconexión juvenil. El estudio la define como una síntesis de la falta de arraigo en los espacios de convivencia social que, en teoría, deberían acogerlos y ofrecerles un sentido de identidad y propósito.
Pérez Islas enfatizó que este fenómeno de “desafiliación” se aleja de explicaciones simplistas centradas únicamente en la salud mental o en la atribución de responsabilidades a los propios jóvenes, como las etiquetas de “generación de cristal” o apatía. En cambio, el estudio apunta a una falla estructural en las instituciones creadas por generaciones adultas.
“Estas instituciones que hemos construido fundamentalmente los adultos están dejando de funcionarle a las nuevas generaciones”, advirtió el investigador, señalando una brecha generacional en la efectividad de los marcos sociales tradicionales.
Ámbitos de Desconexión y Malestar
Publicado en el contexto del Día Internacional de la Juventud, el informe detalla las áreas específicas donde se manifiesta esta desconexión. Un 43.2 por ciento de los jóvenes encuestados considera que lo aprendido en la escuela carece de interés o relevancia para sus vidas.
La falta de interlocutores para compartir sus inquietudes es otro dato preocupante: el 41.1 por ciento siente que no tiene con quién hablar de sus problemas. A esto se suma una brecha de entendimiento familiar, con un 40.9 por ciento que percibe que su familia no los comprende.
El malestar personal se refleja en cifras de ansiedad, con un 39.2 por ciento reportando nerviosismo ante los problemas cotidianos. Incluso en entornos de amistad, la soledad persiste, ya que un 31.3 por ciento afirma sentirse muy solo y triste a pesar de contar con amigos.
Barreras para la Independencia
El estudio también pone de manifiesto las dificultades inherentes a la transición hacia la vida adulta e independiente. La mayoría de los jóvenes mexicanos, un 76 por ciento, aún reside con su familia de origen, lo que indica una prolongada dependencia económica y social.
Solo un modesto 8 por ciento ha logrado independizarse, una cifra que contrasta con las expectativas de autonomía y desarrollo personal que suelen asociarse con la juventud. Este retraso en la emancipación puede ser tanto causa como consecuencia de la sensación de no pertenencia y la falta de oportunidades percibidas.
En el contexto de la política, la desconexión es igualmente palpable. Aunque el estudio no profundiza en las causas específicas, la apatía o el desinterés hacia los procesos políticos tradicionales podrían ser un reflejo de esta sensación generalizada de no encontrar un espacio propio donde participar y ser escuchados.
La falta de conexión con la escuela y el trabajo, sumada a las dificultades para la independencia, configura un panorama complejo para la juventud mexicana. Estos factores, interconectados, alimentan la crisis existencial que experimenta una parte considerable de esta población, demandando una reflexión profunda sobre el rol de las instituciones y la sociedad en su conjunto.