El Estrecho de Ormuz, arteria crucial para el transporte global de petróleo y gas natural licuado, se encuentra en el epicentro de una escalada de tensiones entre Irán y Estados Unidos, que amenaza con desestabilizar los mercados energéticos mundiales y redefinir las reglas del comercio marítimo internacional.
Lo que inicialmente se percibió como una tregua temporal, sellada mediante un memorando de entendimiento entre Washington y Teherán el pasado 17 de junio, ha demostrado ser solo una pausa en un conflicto latente. El mercado petrolero, que había reaccionado positivamente a la aparente normalización del tráfico en el estrecho, ha vuelto a experimentar volatilidad ante la reciente escalada de hostilidades.
Escalada de Hostilidades y Cierre de Ormuz
El conflicto se intensificó drásticamente durante el fin de semana, cuando Estados Unidos llevó a cabo ataques contra aproximadamente 140 objetivos militares dentro de territorio iraní. La respuesta de Teherán no se hizo esperar, dirigiendo ataques contra bases estadounidenses en Kuwait y Bahréin, y declarando el cierre del Estrecho de Ormuz "hasta nuevo aviso". Esta acción unilateral por parte de Irán ha generado incertidumbre sobre la seguridad y la libre navegación en una de las rutas marítimas más importantes del mundo.
La disputa sobre el estado actual del estrecho es palpable. Irán insiste en que el paso está clausurado, advirtiendo que cualquier embarcación que intente cruzar sin su autorización lo hará por rutas no autorizadas. Por su parte, Washington mantiene que el estrecho permanece abierto, independientemente de la postura iraní. Sin embargo, los datos físicos sugieren una realidad más matizada.
El Estrecho: De Paso Vital a Ruta "Racionada"
El tráfico de buques cisterna en el Estrecho de Ormuz ha caído a niveles mínimos no vistos desde finales de mayo, según la firma Kpler, que registró apenas seis cruces el domingo. Antes de la escalada, una quinta parte del petróleo y gas natural licuado mundial transitaba por esta vía. La naviera Maersk ha advertido sobre la falta de certeza marítima completa, y las primas de los seguros de guerra se han disparado en más de mil por ciento.
En la práctica, el paso se ha reducido a un goteo, operando bajo protocolos que parecen ser administrados por Teherán. Este "racionamiento" del paso, como lo describen algunos analistas, implica que quien controla el flujo, cobra por él. Este escenario ha mutado la geopolítica del estrecho, transformándolo de una vía de libre tránsito a una ruta sujeta a peajes y condiciones.
La Propuesta de "Cuotas por Servicios" y la Ruptura del Derecho Internacional
Desde la primavera, Irán ha estado negociando con Omán un esquema de "cuotas por servicios" para los buques en tránsito. Juristas advierten que esto no es más que un peaje encubierto, con el que Irán aspiraría a recaudar más de 10 mil millones de dólares anuales. Omán presentó a Washington una propuesta formal, similar al modelo del Estrecho de Malaca, que según diplomáticos sería voluntaria y según funcionarios iraníes, obligatoria.
Washington, a través del Secretario de Estado Marco Rubio, había rechazado consistentemente tales propuestas, argumentando que ningún país puede cobrar por el paso en una vía navegable internacional, invocando el derecho del mar. Sin embargo, el presidente Trump ha roto con esta postura al anunciar que Estados Unidos restablecerá el bloqueo naval sobre los puertos iraníes y, actuando como "guardián del Estrecho de Ormuz", cobrará el 20 por ciento del valor de la carga a las naves que lo crucen, a cambio de garantizar su seguridad.
Implicaciones Legales y de Mercado
Este nuevo esquema de cobro por parte de Estados Unidos carece de un mecanismo y sustento jurídico claro. La Organización Marítima Internacional ha respondido que el peaje propuesto carece de base legal, citando la Convención del Mar de 1982, que garantiza el tránsito sin obstáculos por los estrechos internacionales. La respuesta de Teherán ha sido irónica, reclamando su propio papel como "guardián" y sugiriendo que su propio cobro sería más justo.
El mercado petrolero ha reaccionado de forma contundente. El precio del Brent cerró con un alza de 9.6 por ciento, alcanzando los 83.30 dólares, mientras que el WTI subió 9.4 por ciento, cotizando en 78.14 dólares. El mensaje de fondo es más grave que el impacto inmediato en los precios: si este precedente de cobro por paso se consolida, podría sentar un precedente peligroso para otras vías navegables internacionales como Malaca o Gibraltar.
México: Entre el Beneficio y el Costo Oculto
Para México, la situación presenta una doble cara. Por un lado, el alza en los precios internacionales del petróleo beneficia a la economía nacional. La mezcla mexicana cerró la semana pasada en 66.77 dólares, registrando un alza de 6.52 por ciento.
Sin embargo, el factor que pesa más es la dependencia del país en la importación de combustibles y la necesidad del diésel para el transporte de mercancías, alimentos y pasajeros. Esta dependencia hace que el país sea vulnerable a las fluctuaciones de precios en el mercado internacional.
El Escudo Fiscal y la Inflación
La Secretaría de Hacienda y Crédito Público ha respondido a la volatilidad del mercado elevando, por segunda semana consecutiva, los estímulos fiscales al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS). Se aplicó un estímulo del 26.26 por ciento al diésel y del 15.95 por ciento a la gasolina Magna.
Este "escudo fiscal" explica la aparente paradoja de que, mientras la inflación energética en los países de la OCDE aumentó significativamente entre abril y mayo, la inflación general en México se mantuvo en niveles bajos, descendiendo a 3.37 por ciento en junio, su menor nivel desde 2020, según datos del INEGI.
No obstante, este escudo no es gratuito. Cada punto de estímulo al IEPS representa una recaudación sacrificada para las finanzas públicas. Lo que el consumidor no percibe en el precio de la gasolina, las finanzas públicas lo resienten cada semana.
La Pregunta Clave: ¿Quién Cobra y Cuánto?
La pregunta fundamental ya no es solo cuándo se reabrirá el Estrecho de Ormuz, sino bajo qué reglas y a qué costo. Mientras las potencias mundiales se enfrascan en una disputa por quién tiene el derecho de cobrar por el paso, México, y por extensión sus ciudadanos, ya están pagando las consecuencias a través de los subsidios fiscales y la potencial inestabilidad económica que genera esta crisis.
El futuro del comercio energético global pende de un hilo, y el Estrecho de Ormuz se ha convertido en el símbolo de una nueva era de incertidumbre y disputa por el control de las rutas vitales.