En una revelación que transporta al corazón de la conquista, arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han desenterrado bajo los pisos del emblemático Nacional Monte de Piedad, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, vestigios del Palacio de Axayácatl. Este sitio histórico es conocido por ser el lugar donde el tlatoani Moctezuma Xocoyotzin fue hecho prisionero por Hernán Cortés en 1519 y donde, trágicamente, encontró la muerte.

El descubrimiento, que se suma a décadas de intervenciones arqueológicas en la zona, no solo confirma la presencia de los cimientos del palacio prehispánico, sino que también ha revelado los restos de una casa construida por el propio Cortés, quien reutilizó materiales del edificio mexica tras la caída de Tenochtitlan.

Un Legado Bajo Tierra

Para los especialistas del INAH, la localización de vestigios del Palacio de Axayácatl bajo el Monte de Piedad no es una sorpresa mayúscula. Diversos hallazgos en las últimas dos décadas, durante obras de rehabilitación en la casa matriz de la institución financiera, ya habían arrojado fragmentos de la antigua residencia del padre de Moctezuma II. Los descubrimientos más recientes, liderados por Raúl Barrera Rodríguez y José María García Guerrero del Programa de Arqueología Urbana (PAU), se concentraron en el patio principal y un cuarto adyacente.

Estos trabajos de salvamento arqueológico, realizados entre septiembre de 2017 y agosto de 2018, permitieron la excavación de 12 pozos de sondeo. En ellos se localizaron pisos de lajas de basalto, que se presume formaron parte de un espacio abierto del Palacio de Axayácatl, el gobernante que dirigió Tenochtitlan entre 1469 y 1481. Estos hallazgos sugieren que el patio central del edificio virreinal pudo haber sido originalmente más amplio.

La Morada de Cortés y el Primer Cabildo

Paralelamente, se identificaron restos de una casa del periodo virreinal temprano (1521-1620 d.C.), cuya construcción fue ordenada por Hernán Cortés. Este espacio, que el conquistador habitó durante algunos años, se convertiría posteriormente en la sede del primer Cabildo de la Nueva España, alrededor de 1525, y del Marquesado del Valle de Oaxaca, título otorgado a Cortés cuatro años después.

La excavación extensiva en un cuarto adyacente al patio principal reveló una habitación de 5 por 4 metros, construida con sillares de basalto y tezontle, cuyo desplante partía de un piso de lajas de basalto. Análisis posteriores confirmaron que se trataba de la morada de Cortés tras la conquista.

Reutilización y Símbolos de Poder

Lo más fascinante es que, por debajo del firme de la casa cortesiana, a más de tres metros de profundidad, se encontraron restos de otro piso de lajas de basalto, pero de época prehispánica. Los expertos coinciden en que este piso perteneció a un espacio abierto del antiguo Palacio de Axayácatl, probablemente un patio.

Barrera y García subrayan que los vestigios de la naciente época virreinal a menudo corresponden a materiales reutilizados de las estructuras mexicas. Las Casas de Axayácatl, al igual que otras edificaciones del Recinto Sagrado de Tenochtitlan, fueron destruidas por los españoles y sus aliados indígenas, casi hasta sus cimientos, tanto por razones simbólicas como prácticas.

Un ejemplo elocuente de esta reutilización se observa en la fachada de la esquina interior sureste del cuarto colonial. Allí se detectaron dos sillares prehispánicos trabajados en altorrelieve que representan una serpiente emplumada (Quetzalcóatl) y un tocado de plumas, elementos que debieron formar parte de un panel del Palacio de Axayácatl. Adicionalmente, se registró otra escultura mexica con el glifo que simboliza el tianquiztli, o mercado.

Evidencia Cerámica y Contexto Histórico

Los materiales diagnósticos, como restos de cerámica prehispánica y colonial, han permitido fechar preliminarmente estos hallazgos. Los tipos de cerámica identificados corresponden a los periodos históricos referidos: Azteca III (Anaranjado Monocromo, Negro sobre Anaranjado y Loza Texcoco Bruñida), además de loza vidriada y mayólica española y novohispana.

Raúl Barrera, investigador de la Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH, reflexiona sobre la elocuencia de estos hallazgos, a pesar de su escasez. Los descubrimientos en el Nacional Monte de Piedad son un testimonio tangible de la destrucción sistemática a la que fueron sometidos los edificios principales de Tenochtitlan, un acto que buscaba no solo la aniquilación física sino también la simbólica del poder mexica.

La importancia de estos hallazgos radica en que conectan directamente el espacio físico con eventos cruciales de la historia de México. El Palacio de Axayácatl no fue solo una residencia real, sino el escenario de uno de los episodios más dramáticos de la conquista: la captura y muerte de Moctezuma, un evento que marcó un punto de inflexión en la relación entre mexicas y españoles y que, eventualmente, desembocaría en la confrontación abierta.

La presencia de la casa de Cortés en el mismo sitio subraya la rápida apropiación y transformación del espacio urbano por parte de los conquistadores. La reutilización de materiales prehispánicos en construcciones virreinales es una práctica común que habla de la continuidad y la ruptura en la traza urbana y cultural de la Ciudad de México.

Este descubrimiento, aún en fase de investigación, promete arrojar más luz sobre la compleja topografía y la historia de la antigua Tenochtitlan, así como sobre los primeros años de la colonia. El INAH continúa sus esfuerzos por preservar y comprender el vasto patrimonio arqueológico que yace bajo la moderna urbe, conectando el pasado con el presente y ofreciendo una ventana única a los eventos que forjaron la identidad de México.

El Nacional Monte de Piedad, una institución con profundas raíces históricas y financieras en México, se convierte así en un guardián involuntario de secretos arqueológicos, un recordatorio de que la historia de la capital mexicana está escrita en múltiples capas, esperando ser redescubierta.