La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha lanzado una severa advertencia sobre el futuro económico de México, proyectando que el país se encamina a una nueva "década perdida" de crecimiento. Las estimaciones más recientes del organismo apuntan a que la economía mexicana apenas registrará un avance del 1.3% durante 2026, una cifra significativamente inferior al 2.2% previsto para la región de América Latina y el Caribe en su conjunto. Este pronóstico prolonga una racha de debilidad económica que precede a la pandemia y que ha impedido al país recuperar una senda de crecimiento sostenido.

Un Horizonte de Bajo Crecimiento Estructural

El panorama es desalentador si las proyecciones se cumplen. Entre 2019 y 2027, un periodo de nueve años, la economía mexicana habría crecido a un ritmo promedio cercano al 1% anual. Esta velocidad es considerada insuficiente para generar un impacto significativo en el ingreso por habitante y mejorar las condiciones de vida de la población. El "Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2026" de la CEPAL subraya que esta debilidad en México no es un hecho aislado, sino parte de un problema regional más profundo. América Latina en su conjunto experimentó un crecimiento promedio de apenas 0.9% anual entre 2014 y 2023, un desempeño incluso inferior al de la "década perdida" de los años ochenta, cuando se registró un 2% anual.

Para los próximos años, la CEPAL anticipa expansiones modestas para la región, con un 2.2% esperado para 2026 y un 2.5% para 2027. Sin embargo, México se mantiene rezagado. El organismo proyecta un crecimiento del 1.9% para 2027, lo que mantendría al país por debajo del promedio latinoamericano durante al menos los próximos dos años. Comparativamente, se espera que economías como Brasil crezcan un 2.2% en 2026, Argentina un 3.3%, Colombia un 2.6% y Perú un 3.2%. Con estas cifras, México se posicionaría entre las grandes economías latinoamericanas con el menor ritmo de expansión.

Causas Raíz: Inversión, Productividad y Informalidad

La CEPAL identifica varios factores estructurales que explican este bajo crecimiento, problemas que no se resolverán fácilmente con una simple mejora temporal de la economía global. Entre los principales obstáculos se encuentran la baja inversión, la productividad estancada, las dificultades para generar empleo formal y una elevada tasa de informalidad laboral. José Manuel Salazar-Xirinachs, secretario ejecutivo de la CEPAL, enfatizó la necesidad de "elevar la inversión y la productividad y, al mismo tiempo, avanzar hacia una formalización productiva" para superar esta "trampa de baja capacidad para crecer".

El diagnóstico es particularmente relevante para México, donde más de la mitad de la población ocupada se encuentra en la informalidad. La CEPAL argumenta que la informalidad no es solo una consecuencia del escaso crecimiento, sino que también contribuye a perpetuarlo. Históricamente, los mayores avances en formalización en América Latina ocurrieron entre 2000 y 2013, un periodo que coincidió con un mayor crecimiento económico, inversión y productividad, así como con una expansión del empleo asalariado formal. Desde 2014, este proceso se ha desacelerado, a la par de la caída en la inversión y el estancamiento de la productividad.

Un Círculo Vicioso Difícil de Romper

Este escenario puede derivar en un círculo vicioso complejo de romper. El bajo crecimiento económico limita la capacidad de las empresas para expandirse y crear empleos formales. A su vez, una economía con altos niveles de informalidad enfrenta mayores dificultades para acceder a financiamiento, adoptar nuevas tecnologías e implementar innovaciones que impulsen la productividad. La CEPAL ha observado que, si bien el crecimiento económico tiende a mejorar la productividad tanto en el sector formal como en el informal, el efecto es más rápido, intenso y duradero en las empresas formales.

Por ello, el organismo considera que la "formalización productiva", y no solo la laboral, es una condición indispensable para recuperar tasas de expansión económica más elevadas. Durante las primeras dos décadas del siglo XXI, México se acostumbró a un crecimiento anual cercano al 2%. Aunque este desempeño ya era considerado insuficiente en comparación con otras economías emergentes, los últimos años han demostrado que incluso ese ritmo ya no está garantizado. La perspectiva de la CEPAL sugiere que México no recuperará este umbral de forma inmediata. Tras un crecimiento de apenas 0.5% registrado en 2025, se esperan cifras del 1.3% para 2026 y 1.9% para 2027.

Si estas proyecciones se materializan, el bajo crecimiento dejaría de ser un episodio coyuntural, atribuible a la pandemia o a desaceleraciones internacionales, para convertirse en una característica definitoria de prácticamente toda una década. Este es precisamente el riesgo que la CEPAL identifica para América Latina: la posibilidad de caer en una "trampa" donde la escasa inversión conduce a una baja productividad, lo que a su vez limita el crecimiento económico. Este crecimiento limitado, en consecuencia, reduce los recursos disponibles para invertir y para fomentar la formalización de la economía, perpetuando el ciclo de estancamiento.