Costa Rica, históricamente un bastión de paz en una región marcada por la convulsión, ha decidido adoptar una estrategia de mano dura para enfrentar uno de sus mayores desafíos actuales: el narcotráfico.

La presidenta Laura Fernández inauguró el Centro de Alta Contención contra el Crimen Organizado, una imponente instalación carcelaria diseñada para albergar a los criminales más peligrosos del país. Esta megacárcel, con un costo de 35 millones de dólares y capacidad para 5,100 reclusos, sigue el modelo del Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT) implementado por el presidente salvadoreño Nayib Bukele.

El Espejo Salvadoreño

La arquitectura y filosofía de la nueva prisión costarricense son un calco del CECOT, que ha sido elogiado por su efectividad en la reducción de la criminalidad en El Salvador, aunque también ha generado fuertes críticas por presuntas violaciones a los derechos humanos y un estado de excepción prolongado que ha llevado al encarcelamiento masivo.

El expresidente costarricense Rodrigo Chaves, ahora ministro de Hacienda y Presidencia, quien impulsó la obra, defendió la iniciativa. "Todo ciudadano de bien debe poder caminar por la calle, sin estar viendo por encima del hombro quién se baja de una motocicleta con un arma de fuego para matarlo", declaró durante el recorrido por las instalaciones, subrayando el sentir de una población cada vez más temerosa.

La decisión de Costa Rica de emular el modelo de Bukele no es aislada. Gobiernos de toda Latinoamérica, desde Ecuador hasta Perú y Colombia, han mostrado interés o implementado medidas similares ante el repunte de la violencia y la penetración del crimen organizado en sus territorios. Incluso Donald Trump, expresidente de Estados Unidos, ha avalado públicamente estas estrategias de "mano dura".

La Ruta de la Cocaína y el Auge de la Violencia

Durante décadas, Costa Rica fue considerada una zona de tránsito "pasivo" para las drogas provenientes de Sudamérica. Sin embargo, su ubicación geográfica, con costas en ambos océanos y extensas zonas selváticas, la convirtió en un objetivo atractivo para los cárteles mexicanos y colombianos.

La apertura de una nueva terminal de carga en el puerto de Limón, en el Caribe, transformó la región en un punto clave para el almacenamiento y transbordo de cocaína hacia Europa. Informes del Departamento de Estado de EE. UU. también han detectado la presencia y distribución de fentanilo en el país.

La presencia de poderosos grupos criminales como el Cártel de Sinaloa, el Cártel Jalisco Nueva Generación, el Clan del Golfo colombiano y el Tren de Aragua venezolano, así como mafias italianas, ha generado una compleja red de operaciones ilícitas. La proliferación de cárteles locales, alimentados por la competencia y las rutas de trasiego, ha exacerbado la situación.

Homicidios en Alerta Roja

La rivalidad entre los grandes cárteles mexicanos y sus operaciones en Costa Rica desencadenaron un aumento significativo de los homicidios. El pago a estas bandas con droga impulsó el desarrollo de mercados locales de estupefacientes, lo que a su vez incrementó la violencia.

En 2023, Costa Rica registró un récord de 907 homicidios, una cifra alarmante que, si bien ha mostrado un leve descenso, sigue siendo un reflejo de la grave crisis de seguridad. Las autoridades reconocieron que la mayoría de estos crímenes están vinculados al crimen organizado.

La inseguridad, aunque aún distante de los niveles de países como México o Ecuador, se consolidó como la principal preocupación de los costarricenses, influyendo decisivamente en la elección de Laura Fernández como presidenta.

Cooperación y Modelos a Seguir

Ante este panorama, el expresidente Chaves buscó activamente el consejo de Nayib Bukele. Tras condecorar al mandatario salvadoreño y enviar a su ministro de Seguridad a conocer el CECOT, Costa Rica recibió el diseño de la prisión que hoy se erige como un símbolo de su nueva política de seguridad.

El modelo salvadoreño ha sido donado y replicado en otros países de la región. Ecuador, bajo la presidencia de Daniel Noboa, inauguró una cárcel similar el año pasado. Honduras ha proyectado iniciativas parecidas, y figuras políticas como Keiko Fujimori en Perú han expresado su interés en el modelo ante el alza de la criminalidad.

La construcción de esta megacárcel representa un cambio paradigmático para Costa Rica, una nación que ahora se enfrenta a la dura realidad del crimen organizado y adopta medidas drásticas, inspiradas en un controvertido pero efectivo modelo regional, para intentar recuperar la tranquilidad de sus calles.