Kevin M. Warsh ha asumido las riendas de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) en mayo de este año, reemplazando a Jerome H. Powell en la presidencia de la Junta de Gobernadores. Su trayectoria no es ajena a la institución, pues ya se desempeñó como gobernador entre febrero de 2006 y marzo de 2011, un periodo marcado por la crisis financiera global.
En aquel entonces, Warsh identificó la pérdida de confianza como un catalizador fundamental de la crisis de 2008. Argumentó que la parálisis de los mercados se debió a que los inversionistas dejaron de confiar en bancos, contrapartes e incluso en los propios activos financieros, un fenómeno que describió en su discurso "The Panic of 2008" en abril de 2009.
La Sombra de la Confianza
Irónicamente, la confianza vuelve a ser un tema central con Warsh al frente del banco central estadounidense. En su primera conferencia de prensa como presidente de la FED, su discurso adoptó un tono marcadamente "hawkish", es decir, inclinado hacia la restricción monetaria. Warsh reconoció que la inflación había superado el objetivo del 2.0% anual por más de cinco años y aseguró el compromiso unánime e inequívoco del Comité de Operaciones de Mercado Abierto (FOMC) para restaurar la estabilidad de precios.
El nuevo presidente descartó la idea de revisar el objetivo inflacionario, argumentando que no había razón para modificarlo mientras la FED no recuperara su capacidad para cumplirlo. Este enfoque restrictivo se reforzó con el anuncio de la reducción del balance del banco central, una medida que implica una contracción adicional en la liquidez monetaria.
Un Equipo de Élite y Cambios en la Comunicación
Warsh también anunció la creación de una fuerza de trabajo especial, integrada por economistas de renombre, incluyendo un Premio Nobel, académicos de prestigiosas universidades y exbanqueros centrales. El objetivo de este grupo es replantear aspectos clave de la comunicación de la FED, el análisis de información y la incorporación de nuevas variables para una mejor comprensión de la evolución del crecimiento y la inflación.
Sin embargo, en esta primera aparición pública, Warsh optó por no divulgar su proyección para la tasa de referencia terminal en el gráfico de puntos (dot plot). Esta decisión, sumada a la reducción del comunicado de política monetaria a su mínima expresión y la eliminación de la guía prospectiva, generó inquietud.
Tono Restrictivo vs. Reacción del Mercado
En su segunda conferencia, el 29 de julio, Warsh elevó aún más el tono restrictivo. Confirmó la determinación de la FED de perseguir un objetivo puntual de inflación del 2.0% anual, en lugar de una inflación promedio. Celebró el alza de los rendimientos nominales y reales del Tesoro, calificándola como una de las más pronunciadas en dos décadas, y advirtió que el FOMC actuaría sin dudar contra la inflación si fuera necesario.
No obstante, la desconexión entre el discurso y las acciones comenzó a manifestarse. Los mercados reaccionaron negativamente ante un presidente de la FED que, si bien proclama una lucha frontal contra la inflación, simultáneamente plantea el análisis de indicadores adicionales al deflactor del gasto en consumo. La mención de una posible reducción en la frecuencia de las reuniones del FOMC, pasando de ocho a menos al año, añadió más incertidumbre.
Dudas y la Curva de Rendimientos
La tasa del bono a 30 años superó el 5.0% por primera vez en 20 años, y la tasa del bono a 2 años ya descuenta al menos dos incrementos de 25 puntos base en la tasa de referencia. Las dudas sobre los cambios propuestos por Warsh y su postura actual de no subir la tasa de inmediato, suenan cada vez menos "hawkish".
La conclusión es incómoda: a pesar de su retórica restrictiva, el presidente de la FED parece estar ganando tiempo, prefiriendo que el endurecimiento monetario provenga del propio mercado. La ausencia de una guía prospectiva clara ya ha inclinado la curva de rendimientos, y una eventual reducción en el número de reuniones del FOMC podría exacerbar esta tendencia y aumentar la volatilidad.
Independientemente de si se mantienen las ocho reuniones anuales, queda por ver si la estrategia del nuevo presidente de la FED no terminará por generar una crisis de confianza, similar a la que él mismo destacó en 2009.