En un frente común sin precedentes, más de 160 organizaciones agroalimentarias de México, Estados Unidos y Canadá han sellado un pacto para defender férreamente el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). La coalición, que representa la abrumadora mayoría del comercio agroalimentario de América del Norte – nada menos que el 85% –, ha enviado una misiva contundente a los altos funcionarios de los tres países, instando a preservar la integridad trilateral del acuerdo y advirtiendo sobre los peligros de la incertidumbre que acecha a la vuelta de la esquina con la revisión del tratado que inicia el próximo primero de julio.
Entre los firmantes de esta poderosa alianza se encuentran pesos pesados del sector como el Consejo Nacional Agropecuario (CNA) de México, la Asociación de Productores y Empacadores Exportadores de Aguacate de México (APEAM), la Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas y la Unión Nacional de Avicultores. Pero la fuerza de esta unión no se limita a nuestras fronteras; decenas de organizaciones de productores y empresas de Estados Unidos y Canadá se han sumado a este llamado, demostrando la profunda interconexión y dependencia mutua que caracteriza al sector agroalimentario norteamericano.
La carta, dirigida al Secretario de Economía de México, Marcelo Ebrard, al representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, y al ministro canadiense Dominic LeBlanc, no es un simple ruego, sino una exigencia fundamentada. Los líderes del sector piden no solo renovar, sino fortalecer el T-MEC, reconociéndolo como el pilar fundamental que ha sostenido la competitividad y garantizado la seguridad alimentaria de toda la región durante años.
El T-MEC no es un acuerdo menor; es el motor de uno de los bloques comerciales más grandes y dinámicos del planeta. Con más de 500 millones de habitantes, un Producto Interno Bruto conjunto que roza los 30 billones de dólares y un intercambio comercial total que asciende a 1.7 billones de dólares, su impacto es innegable. En el ámbito específico del sector agroalimentario, la cifra es aún más impresionante: el comercio entre los tres países se ha triplicado entre 2005 y 2023, alcanzando la estratosférica suma de 285,000 millones de dólares.
Para los miles de productores agrícolas y pecuarios que conforman la columna vertebral de esta industria, la certidumbre que ofrece el T-MEC es su activo más valioso. La eliminación de aranceles, cuotas y barreras regulatorias ha permitido tejer cadenas de valor intrincadas y altamente integradas, facilitando un flujo constante y eficiente de alimentos, insumos y productos agroindustriales a lo largo y ancho de América del Norte. Esta integración, subrayan desde el CNA, ha sido clave para consolidar a la región como un bastión de seguridad y autosuficiencia alimentaria a nivel global.
Sin embargo, la tranquilidad del sector se ve amenazada por un panorama cada vez más complejo y volátil. La agroindustria se enfrenta a un cóctel de desafíos que incluyen el aumento desorbitado de los costos de producción, los embates cada vez más feroces de fenómenos climáticos extremos, la impredecible volatilidad de los mercados de materias primas y un entorno geopolítico global plagado de incertidumbres. En este contexto, el T-MEC se erige como un escudo protector, un mecanismo esencial para mitigar riesgos, resolver disputas comerciales de manera efectiva y, sobre todo, evitar las temidas interrupciones en las cadenas de suministro que podrían tener consecuencias devastadoras.
La defensa del tratado va más allá de lo económico; abarca aspectos cruciales para la salud pública y la sostenibilidad. Los firmantes defienden con vehemencia los capítulos sanitarios y fitosanitarios del acuerdo, así como las disposiciones relativas a los obstáculos técnicos al comercio. Estos elementos han sido fundamentales para establecer reglas claras, transparentes y, lo más importante, basadas en criterios científicos rigurosos, que rigen el intercambio de productos agropecuarios. El resultado directo es un fortalecimiento de la salud animal y vegetal, y una reducción significativa de costos tanto para los consumidores como para las empresas.
La unidad de estas organizaciones es un mensaje inequívoco para los gobiernos: el T-MEC es un motor de prosperidad y estabilidad que debe ser protegido y fortalecido. Cualquier intento de desmantelarlo o introducir cambios que generen incertidumbre sería un golpe directo a la economía, al empleo y a la seguridad alimentaria de millones de personas en América del Norte. La revisión del tratado representa una oportunidad para reafirmar el compromiso con la cooperación y el libre comercio, sentando las bases para un futuro aún más próspero y seguro para el sector agroalimentario de la región.
El llamado es claro: mantener la visión trilateral, apostar por la certidumbre y seguir construyendo sobre los cimientos de un acuerdo que ha demostrado ser un éxito rotundo. La voz de los productores, de quienes día a día trabajan la tierra y crían el ganado, resuena con fuerza, exigiendo que sus esfuerzos y su contribución a la economía y al bienestar de la región sean debidamente reconocidos y protegidos. El futuro del campo norteamericano depende de ello.
La fortaleza de esta alianza radica en su diversidad y en la representatividad de sus miembros. Al aglutinar a productores de frutas, verduras, granos, lácteos, cárnicos y otros productos esenciales, se envía un mensaje contundente sobre la importancia transversal del sector agroalimentario para la economía de los tres países. La colaboración transfronteriza no solo beneficia a los grandes exportadores, sino también a los pequeños y medianos productores que dependen de mercados estables y predecibles para subsistir y crecer.
La revisión del T-MEC, que se avecina, es un momento crucial. Las organizaciones agroalimentarias han dejado claro que no permitirán que intereses particulares o visiones cortoplacistas pongan en riesgo los logros alcanzados. Su objetivo es asegurar que el tratado continúe siendo una herramienta poderosa para la generación de riqueza, la creación de empleos y la garantía del abasto de alimentos para las familias de México, Estados Unidos y Canadá.
Este esfuerzo conjunto subraya la importancia de la diplomacia comercial y la colaboración sectorial. Demuestra que, cuando los actores clave del mercado se unen con un propósito común, pueden ejercer una influencia significativa en la toma de decisiones gubernamentales. La carta enviada es un testimonio de la madurez y la visión estratégica del sector agroalimentario norteamericano, que entiende que su prosperidad está intrínsecamente ligada a la estabilidad y el fortalecimiento de los acuerdos comerciales.
En definitiva, la unión de estas 160 organizaciones es un faro de esperanza para el campo. Es una señal de que, a pesar de los desafíos, la voluntad de trabajar juntos y defender los intereses comunes prevalece. El T-MEC, blindado por la fuerza de sus productores, se perfila para seguir siendo un motor de desarrollo y un garante de la seguridad alimentaria en América del Norte por muchos años más.