Un alarmante panorama se dibuja en el mercado laboral mexicano: el 54% de los egresados universitarios se encuentran laborando en empleos o actividades que no guardan relación alguna con la carrera que estudiaron. Esta cifra, revelada por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) a través de su plataforma Compara Carreras 2026, sitúa a México significativamente por encima del promedio de 22 países de la OCDE, donde el desajuste se ubica en un 39%.
El análisis, que cruza datos de programas de estudio con clasificaciones de ocupaciones del Inegi, pone de manifiesto una desconexión palpable entre la formación académica y las demandas reales del sector productivo. Países como Finlandia presentan un desajuste mucho menor, con solo un 23% de sus profesionistas fuera de su campo de estudio, mientras que naciones como Corea del Sur, Inglaterra e Italia registran porcentajes cercanos al 50%, aún por debajo de la cifra mexicana.
La Brecha entre el Aula y el Trabajo
El estudio del IMCO, basado en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, define como "vinculada" a una ocupación aquella que corresponde directamente con la formación recibida. Por ejemplo, un médico general que ejerce como tal se considera dentro de su área, pero si se dedica a ventas o administración, se cataloga como desajuste.
Las áreas de la salud y la educación emergen como los sectores con mayor coherencia entre estudios y práctica profesional. La Medicina General lidera con un 81% de sus egresados ejerciendo en su campo, seguida de Formación Docente a nivel Primaria (77%) y Enfermería General y Obstetricia (75%). De hecho, ocho de las diez carreras con mayor porcentaje de egresados trabajando en su área pertenecen a estos dos ámbitos.
Esto se explica, en parte, por la existencia de trayectorias laborales más definidas y, en muchos casos, por requisitos legales como la cédula profesional, que delimitan el ejercicio de estas profesiones. En contraste, carreras con enfoques más amplios, como las de Ciencias Sociales, registran un desajuste del 90%, y Ciencias Computacionales o Diseño Curricular y Pedagogía alcanzan el 91%.
Es crucial entender que un alto desajuste no implica necesariamente desempleo o inutilidad de los conocimientos adquiridos. En disciplinas con una formación más generalista, las habilidades desarrolladas pueden ser transferibles a diversos sectores, haciendo menos directa la relación entre la carrera elegida y la ocupación final.
Impacto Económico y Persistencia del Problema
Sin embargo, el desajuste se convierte en un problema significativo cuando la ocupación fuera del campo de estudio implica un nivel educativo requerido menor al que posee el profesionista. En estos casos, los ingresos promedio de quienes trabajan en áreas no relacionadas con su carrera son un 20% inferiores a los de quienes sí ejercen lo estudiado, según el IMCO.
Las áreas de apoyo administrativo, ventas y comercio son las que concentran a la mayor cantidad de profesionistas en esta situación, sumando más de 1.2 millones de personas, lo que representa aproximadamente a uno de cada cinco trabajadores con desajuste profesional.
No obstante, el estudio subraya que estudiar una carrera universitaria sigue siendo rentable. Los profesionistas que trabajan fuera de su campo de estudio aún perciben, en promedio, ingresos un 61% superiores a aquellos cuyo máximo nivel educativo es el bachillerato. Además, presentan una tasa de informalidad considerablemente menor (26%) en comparación con quienes solo concluyeron la preparatoria (49%).
Un hallazgo particularmente relevante es la persistencia de este fenómeno a lo largo de la vida laboral. El desajuste no es exclusivo de los recién egresados; el 55% de los profesionistas menores de 30 años trabaja fuera de su campo, una cifra que se mantiene en 53% para el rango de 40 a 59 años y en 51% para mayores de 70 años.
La brecha de género en este aspecto es mínima: el 55% de los hombres y el 53% de las mujeres profesionistas se encuentran en una situación de desajuste laboral.
Causas y Recomendaciones
El IMCO, en línea con organismos internacionales como la Organización Internacional del Trabajo, identifica dos causas principales para esta problemática. Por un lado, la oferta educativa no siempre se alinea con las habilidades que demanda un mercado laboral en constante evolución, especialmente ante la rápida incorporación de nuevas tecnologías.
Por otro lado, México no está generando suficientes empleos de alta especialización que permitan absorber a la totalidad de los profesionistas en actividades directamente relacionadas con su formación.
Ante este escenario, el IMCO propone fortalecer la orientación vocacional desde etapas tempranas en el sistema educativo. Asimismo, recomienda complementar la educación universitaria tradicional con alternativas de actualización continua, como microcredenciales, programas de educación dual y formación técnica especializada, que permitan a los egresados adaptarse mejor a las dinámicas del mercado laboral y optimizar el retorno de su inversión educativa.