El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha admitido públicamente haber solicitado al máximo dirigente de la FIFA, Gianni Infantino, una revisión de la tarjeta roja mostrada al delantero estadounidense Folarin Balogun durante un reciente partido del Mundial 2026. Trump calificó la decisión arbitral de "horrible" y afirmó que su petición se centró en la necesidad de una revisión, no en la anulación directa de la sanción.

"Pedí una revisión porque no pensé que fuera falta", declaró Trump a la prensa en la Casa Blanca. "Lo único que hice fue pedir una revisión. No dije que tenían que hacer esto". El mandatario enfatizó que la jugada, donde dos jugadores chocaron en carrera, no constituyó una infracción en su opinión.

Trump, quien se describió como alguien que "entiende muy bien de deportes", reconoció su desconocimiento inicial sobre la norma de la FIFA que impone una suspensión automática de un partido tras una tarjeta roja, calificándola de "muy injusta". Además, dirigió críticas al árbitro brasileño Raphael Claus, sugiriendo que su "pasado" podría ser "un poco sospechoso".

Por su parte, Gianni Infantino aseguró a Trump durante la llamada que las instancias de la FIFA operan con independencia. "Durante nuestra conversación, expliqué que estaba en curso un procedimiento jurídico que implicaba a los órganos judiciales independientes de la FIFA y que el caso sería resuelto en su debido momento por los órganos competentes", comunicó Infantino a través de X.

El delantero del AS Mónaco, Folarin Balogun, máximo goleador de Estados Unidos en el torneo con tres tantos, se enfrentaba a la suspensión para el crucial partido de octavos de final contra Bélgica tras recibir una tarjeta roja directa. La expulsión se produjo después de una revisión en video por un pisotón accidental a un defensor bosnio durante la victoria de Estados Unidos por 2-0 en los dieciseisavos de final.

Trump, en su estilo característico, vinculó la decisión arbitral con sus persistentes afirmaciones sobre el supuesto fraude en las elecciones presidenciales de 2020. "Vamos a tener al equipo completo, y Bélgica va a tener al equipo completo. ¿Y saben qué? Si nos ganan, entonces pueden sentirse muy orgullosos", declaró. "De la otra manera, si nos ganan... yo diré que estuvo amañado, igual que la elección de 2020 estuvo amañada", añadió, reiterando sus desacreditadas acusaciones.

El Código Disciplinario de la FIFA, en su artículo 66, estipula que las expulsiones conllevan automáticamente la suspensión para el siguiente partido, con la posibilidad de que los órganos judiciales impongan sanciones adicionales.

El técnico de Estados Unidos, Mauricio Pochettino, también expresó su desacuerdo con la tarjeta roja, calificándola de "nunca tarjeta roja" y argumentando que no hubo intención de lesionar al oponente, sino una acción accidental propia del fútbol.

La FIFA anunció el domingo la suspensión de la sanción a Balogun por un período de prueba de un año, una decisión que coincidió con la llamada de Trump a Infantino. Esta resolución provocó una airada reacción de la Federación Belga de Fútbol, que la consideró "asombrada" y en "contradicción directa" con el reglamento.

La Comisión Disciplinaria de la FIFA aplicó el artículo 27 de su Código Disciplinario para suspender el castigo, aunque el reglamento permite que dicha suspensión se revoque si el infractor comete una falta similar durante el período de prueba, pudiendo extenderse hasta cuatro años.

La ausencia de Balogun, una figura clave para el equipo anfitrión, habría representado una baja sensible para Estados Unidos en su enfrentamiento contra Bélgica, un partido de alta tensión en el contexto del torneo.

El contexto de esta intervención presidencial se enmarca en la fuerte presión que a menudo ejercen las figuras políticas sobre los organismos deportivos internacionales, buscando influir en decisiones que afectan a sus representados o a sus intereses nacionales, especialmente en un evento de la magnitud del Mundial.

La FIFA, bajo la dirección de Infantino, ha enfrentado escrutinio por diversas decisiones y normativas, y este incidente añade una capa más de debate sobre la independencia de sus órganos disciplinarios frente a presiones externas, ya sean políticas o de otra índole.

El reglamento de la FIFA, aunque detallado, deja márgenes de interpretación que pueden ser objeto de controversia, como se evidencia en este caso, donde la percepción de "falta" o "intención" puede variar significativamente entre los involucrados y los observadores.

La decisión final sobre la participación de Balogun y las repercusiones para el partido contra Bélgica se mantiene como un punto focal de interés, con la mirada puesta en cómo se desarrollarán los acontecimientos y si la FIFA mantendrá su postura ante las críticas recibidas.