La administración Trump ha desatado una ofensiva implacable contra Cuba, orquestando una estrategia de asfixia económica que está provocando la estampida de empresas extranjeras de la isla. La más reciente baja en este frente es la suspensión de operaciones de Visa y Mastercard, dos gigantes financieros que cesarán sus transacciones en el país a partir de este sábado. Esta medida, comunicada por el Banco Central de Cuba, es una consecuencia directa de la presión ejercida por Washington sobre un banco extranjero que procesaba estas operaciones a través de Fincimex, brazo financiero del conglomerado GAESA, sancionado por el Departamento del Tesoro.
El Banco Central de Cuba no ha escatimado en señalar el origen de esta crisis, atribuyendo la interrupción de los servicios de Visa y Mastercard a una orden ejecutiva emitida por el presidente Donald Trump. Según el comunicado oficial, esta acción forma parte de la "estrategia de asfixia" del mandatario estadounidense contra el pueblo cubano. Trump, quien ya había impuesto un bloqueo petrolero a la isla en enero, firmó un decreto presidencial el 1 de mayo que refuerza las sanciones, calificando a Cuba como una "amenaza extraordinaria" para la seguridad nacional de Estados Unidos.
La mira de Washington se ha centrado en GAESA, el Grupo de Administración de Empresas S.A., una entidad vinculada a las fuerzas armadas cubanas que ostenta un control significativo sobre sectores clave de la economía de la isla. El gobierno de Trump acusa a las autoridades cubanas de utilizar a GAESA para evadir el embargo comercial de 1962 y de incurrir en corrupción. Como respuesta, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro estableció una fecha límite para que las empresas con negocios en GAESA reajusten sus operaciones o enfrenten severas sanciones, que incluyen dificultades para acceder al sistema financiero internacional y la posibilidad de congelación de activos.
El Éxodo de Empresas Extranjeras
El impacto de estas medidas no se ha hecho esperar. La cadena hotelera española Meliá anunció la conclusión inmediata de sus servicios de gestión y comercialización en 15 hoteles que operaba en Cuba en asociación con GAESA. La decisión de Meliá, justificada por las "circunstancias geopolíticas, sociales, legales y económicas" en la isla, se suma a la de otras importantes cadenas hoteleras.
Previamente, Iberostar, otra cadena española, había anunciado el cese de la administración de 12 hoteles, aunque mantendrá operaciones en otros en colaboración con el Ministerio del Turismo cubano. La canadiense Blue Diamond también cesó sus operaciones, y el grupo asiático Archipiélago International evalúa limitar o abandonar la isla. Estas empresas fueron pioneras en la apertura turística de Cuba tras la caída de la Unión Soviética en 1991, y su repliegue marca un duro golpe para el sector.
El sector del transporte marítimo también ha sentido la presión. Navieras como la francesa CMA CGM y la alemana Hapag-Lloyd suspendieron temporalmente sus reservas de carga a Cuba, analizando las consecuencias de las nuevas órdenes ejecutivas estadounidenses. La minería, otro sector bajo escrutinio de Washington, vio a la canadiense Sherritt anunciar su salida de la isla, donde operaba desde la década de 1990.
Un Golpe Devastador para la Economía Cubana
El economista y consultor cubano Daniel Torralbas calificó el impacto de la salida de estas compañías como "devastador" para la economía de la isla en el corto plazo. Según sus proyecciones, el 2026 se perfila como el peor año en la historia económica de Cuba en las últimas siete décadas. Esta situación se agrava con las declaraciones del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, quien ha acusado a los líderes cubanos de robo y corrupción a través de GAESA, una entidad que, según el Departamento de Estado, maneja activos por 18.000 millones de dólares y controla hasta el 70% de la economía cubana.
La estrategia de "máxima presión" de la administración Trump busca aislar financieramente a Cuba y limitar sus fuentes de divisas, exacerbando las dificultades económicas que ya enfrenta la isla. La suspensión de Visa y Mastercard, en particular, afecta directamente a los ciudadanos cubanos y a los turistas, dificultando las transacciones cotidianas y el acceso a servicios básicos.
El gobierno cubano ha denunciado repetidamente estas medidas como un acto de agresión imperialista que viola el derecho internacional y el principio de autodeterminación de los pueblos. Argumentan que las sanciones no solo perjudican al gobierno, sino que tienen un impacto directo y severo sobre la población civil, limitando el acceso a alimentos, medicinas y otros bienes esenciales.
La comunidad internacional, si bien ha condenado el embargo estadounidense en diversas ocasiones en foros como la ONU, ha mostrado una respuesta mixta ante las nuevas sanciones. Mientras algunos países expresan preocupación por el impacto humanitario, la mayoría de las naciones mantienen relaciones comerciales con Cuba, aunque la presión de Washington dificulta estas interacciones.
La situación actual pone en relieve la fragilidad de la economía cubana y su dependencia de las relaciones comerciales internacionales. La salida de empresas clave, sumada a las restricciones financieras, plantea un panorama sombrío para el desarrollo económico de la isla en el corto y mediano plazo.
El legado de las políticas de Trump hacia Cuba parece ser un endurecimiento del embargo y un mayor aislamiento económico, revirtiendo algunos de los avances logrados durante el acercamiento de la era Obama. La administración entrante, sea cual sea su signo político, enfrentará el desafío de reevaluar la política hacia Cuba y sus consecuencias.
La resistencia del pueblo cubano y la búsqueda de alternativas económicas internas serán cruciales para navegar esta crisis. Sin embargo, la magnitud de la presión externa y el impacto en la cadena de suministro y las finanzas internacionales sugieren que el camino será arduo.
La historia de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos está marcada por décadas de conflicto y tensiones. Las acciones recientes de la administración Trump representan un capítulo más en esta compleja narrativa, con consecuencias palpables para la vida de millones de cubanos y para el futuro de la isla.
En este contexto, la fortaleza y la resiliencia del pueblo cubano serán puestas a prueba una vez más, mientras buscan mantener su soberanía y su modelo social frente a una presión económica sin precedentes.