El Servicio de Transportes Eléctricos (STE) ha puesto al descubierto una alarmante realidad que golpea a uno de los sistemas de transporte público más vitales de la capital: el Tren Ligero. Durante los últimos dos años, esta red ha sufrido un total de 66 cortes de energía, cada uno de ellos con la capacidad de paralizar por completo la circulación de los convoyes por periodos de hasta cuatro horas. Las cifras, reveladas por el propio STE, pintan un panorama desolador sobre la fiabilidad y el mantenimiento de una infraestructura crucial para miles de capitalinos que dependen de ella para sus traslados diarios.

La ruta afectada es la que conecta la estación de Tasqueña con el emblemático barrio de Xochimilco, un trayecto que, en condiciones normales, debería ser un ejemplo de eficiencia y puntualidad. Sin embargo, los datos del STE revelan que la normalidad es una excepción, no la regla. De los 66 incidentes registrados, 45 ocurrieron a lo largo del año 2025, un número que por sí solo ya es preocupante. Pero la situación no mejoró en el presente año; hasta junio de 2026, se contabilizaron 21 cortes adicionales, sumando así la alarmante cifra de 66 interrupciones en un lapso de apenas dos años.

Un Patrón de Fallas Recurrente

Estos cortes de energía no son meros inconvenientes pasajeros. Cada uno de ellos representa una interrupción significativa del servicio, obligando a los operadores a detener las unidades y, en muchos casos, a evacuar a los pasajeros en condiciones que, según testimonios recurrentes, distan mucho de ser seguras. La suspensión del servicio en tramos de la línea, que puede extenderse hasta por cuatro horas, genera un efecto dominó: retrasos masivos, aglomeraciones en estaciones y, en última instancia, una profunda frustración entre los usuarios que ven mermada su movilidad y su tiempo.

El STE, al ser la entidad encargada de la operación y el mantenimiento del Tren Ligero, se encuentra en el ojo del huracán. La publicación de estas cifras no solo evidencia la magnitud del problema, sino que también plantea serias interrogantes sobre la gestión de los recursos destinados al mantenimiento de la infraestructura. ¿Se han invertido adecuadamente los fondos? ¿Se han realizado las revisiones y reparaciones necesarias a tiempo? ¿O estamos ante un caso de negligencia que pone en riesgo la seguridad y la eficiencia del transporte público?

Implicaciones para la Movilidad Urbana

La recurrencia de estos cortes de energía tiene implicaciones mucho más allá de la simple molestia para los usuarios. El Tren Ligero es una arteria vital para la movilidad en el sur de la Ciudad de México. Su inoperancia o su funcionamiento intermitente afecta directamente la productividad, el acceso a empleos, la asistencia a centros educativos y la vida cotidiana de miles de personas. La incertidumbre sobre la fiabilidad del servicio genera desconfianza y puede disuadir a potenciales usuarios, empujándolos hacia otras opciones de transporte que, a menudo, son más costosas o menos eficientes.

En un contexto donde la movilidad urbana sostenible es una prioridad declarada por las autoridades, la situación del Tren Ligero resulta particularmente desalentadora. La falta de inversión y mantenimiento adecuado en sistemas de transporte público existentes socava los esfuerzos por promover alternativas al automóvil particular y agrava los problemas de congestión y contaminación en la capital.

El Contexto de la Inseguridad y el Desgaste

Estos fallos eléctricos se suman a un panorama general de desgaste en la infraestructura de transporte público de la Ciudad de México, un problema que se ha venido gestando a lo largo de años de inversión insuficiente y prioridades cambiantes. El Tren Ligero, una obra que en su momento representó un avance significativo, hoy muestra las cicatrices de la falta de atención. La inseguridad, entendida no solo como delincuencia sino también como la falta de garantías en la operación de un servicio público, se cierne sobre los usuarios.

Históricamente, el mantenimiento de la infraestructura de transporte ha sido un desafío constante para las administraciones capitalinas. Sin embargo, la magnitud y recurrencia de los cortes de energía en el Tren Ligero sugieren que el problema podría ir más allá del simple desgaste natural. Podría estar relacionado con la obsolescencia de equipos, la falta de refacciones o, en el peor de los casos, con una gestión deficiente que no ha sabido anticipar ni mitigar los riesgos.

¿Qué Sigue para el Tren Ligero?

La revelación de estas cifras por parte del STE es un llamado de atención urgente. Las autoridades capitalinas, y en particular el propio Servicio de Transportes Eléctricos, deben responder con un plan de acción concreto y transparente. Es imperativo que se realicen auditorías exhaustivas para determinar las causas raíz de estas fallas recurrentes y que se implementen las medidas correctivas necesarias para garantizar la seguridad y la continuidad del servicio.

Los usuarios del Tren Ligero merecen un transporte público fiable y seguro. La inversión en la modernización de la red eléctrica, la sustitución de equipos obsoletos y la mejora de los protocolos de mantenimiento no son un lujo, sino una necesidad apremiante. De lo contrario, el Tren Ligero corre el riesgo de convertirse en un símbolo más del abandono y la ineficiencia en el sistema de transporte público de la Ciudad de México, perpetuando un ciclo de fallas y frustración para sus usuarios.

La situación actual exige una respuesta contundente. No basta con reconocer el problema; es necesario actuar. La seguridad y la movilidad de miles de ciudadanos dependen de ello. El STE tiene la palabra, y la ciudadanía espera acciones, no solo estadísticas que confirman un problema ya palpable en las estaciones y en las vías del Tren Ligero.