La reciente actividad sísmica en Sudamérica, con terremotos de gran magnitud en Venezuela y Colombia, ha generado inquietud en México, especialmente ante la cercanía de septiembre, mes históricamente asociado con grandes sismos en el país. Sin embargo, la ciencia sismológica descarta cualquier vínculo causal entre estos eventos y la posibilidad de un gran terremoto en territorio mexicano.
Luis Quintanar Robles, investigador del Departamento de Sismología del Instituto de Geofísica de la UNAM, explicó en entrevista para El Financiero que los movimientos telúricos registrados en Venezuela y Colombia son eventos independientes, originados por la interacción de diferentes placas tectónicas y en distintos ambientes geológicos.
Dinámicas Tectónicas Distintas
Los terremotos en Venezuela, un "doblete sísmico" de magnitudes 7.2 y 7.5, se debieron a la interacción entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana. Este tipo de movimiento es predominantemente lateral u horizontal, similar al que ocurre en la falla de San Andrés en California. La profundidad de estos sismos tiende a ser más superficial.
Por otro lado, el sismo de magnitud 7.4 en Colombia se relaciona con la placa de Nazca, una placa oceánica que se introduce bajo la placa Sudamericana en un proceso conocido como subducción. Los sismos en zonas de subducción, como es el caso de México y Colombia, pueden variar en profundidad, siendo más superficiales cerca de las costas y más profundos a medida que se alejan de ellas.
Quintanar Robles detalló que la profundidad del sismo en Colombia fue de aproximadamente 103 kilómetros, mientras que el terremoto del 19 de septiembre de 2017 en México ocurrió a una profundidad de entre 50 y 60 kilómetros. Esta diferencia en profundidad y el tipo de interacción entre placas son factores clave que demuestran la independencia de los eventos.
Ausencia de Conexión Causa-Efecto
Una de las principales preocupaciones es si un sismo de magnitud 7 o superior en Sudamérica podría alterar el comportamiento de las placas tectónicas a miles de kilómetros y desencadenar un terremoto en México. La respuesta del experto es categórica: "No, de ninguna manera hay un tipo de interacción", y mucho menos una relación causa-efecto.
La vasta distancia geográfica y las complejas interacciones de las placas tectónicas involucradas impiden que un evento sísmico en una región tenga la capacidad de provocar directamente un sismo de gran magnitud en otra, especialmente en un país con una sismología tan activa y particular como México.
El Comportamiento Sísmico de México
México se encuentra en una zona geológicamente compleja, ubicada en el borde de la placa Norteamericana y rodeada por otras placas como la del Pacífico, Cocos, Rivera y Caribe. Esta configuración es la responsable de la alta actividad sísmica que experimenta el país, particularmente en la costa del Pacífico, donde la placa de Cocos subduce bajo la placa Norteamericana.
Los sismos más destructivos en México, como los de 1985 y 2017, han sido resultado de la liberación de energía acumulada en esta zona de subducción. La sismología mexicana monitorea constantemente estas interacciones para comprender y predecir, dentro de lo posible, la ocurrencia de futuros eventos.
Septiembre y la Percepción Pública
La asociación de septiembre con grandes terremotos en México es un fenómeno arraigado en la memoria colectiva, debido a los devastadores sismos de 1985 (19 de septiembre) y 2017 (7 y 19 de septiembre). Si bien estos eventos históricos son reales y han marcado profundamente al país, no implican una periodicidad científica o una mayor probabilidad intrínseca de sismos en este mes específico.
Quintanar Robles enfatiza que la actividad sísmica no sigue un calendario. Los sismos ocurren cuando las tensiones acumuladas en las fallas tectónicas superan la resistencia de las rocas, independientemente del mes del año. La percepción de que septiembre es un mes de mayor riesgo es más un efecto psicológico y de memoria histórica que una realidad sismológica.
Monitoreo y Preparación
Ante la constante actividad sísmica, la preparación y la cultura de protección civil son fundamentales. El Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) y el Instituto de Geofísica de la UNAM trabajan continuamente en el monitoreo sísmico, la investigación y la difusión de información para fomentar la resiliencia de la población.
La recomendación principal para los mexicanos es mantenerse informados a través de fuentes oficiales, conocer los planes de protección civil en sus hogares y lugares de trabajo, y participar en simulacros. La ciencia sismológica avanza constantemente, pero la naturaleza impredecible de los terremotos subraya la importancia de la prevención y la preparación ante cualquier eventualidad.
En conclusión, los recientes sismos en Venezuela y Colombia son eventos geológicamente aislados y no representan una amenaza directa para México. La seguridad sísmica del país depende de las dinámicas tectónicas locales y de la preparación continua de su población.