La historia de Onze Black, una marca de tequila que prometía notas herbáceas y cítricas, es en realidad un capítulo oscuro en la intrincada red de negocios del crimen organizado en México. Lo que se presentaba como una bebida espirituosa de calidad, elaborada en la región de Los Altos Sur de Jalisco, escondía vínculos directos con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una de las organizaciones delictivas más poderosas y violentas del país.

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos puso el dedo en la llaga en 2015 al sancionar a Onze Black, identificándola como parte de una estructura financiera destinada al lavado de dinero para el CJNG. La conexión se hizo aún más explícita al vincular la marca con Jessica Johanna Oseguera González, alias ‘La Negra’, hija de Nemesio Oseguera Cervantes, ‘El Mencho’, el líder máximo del cártel.

El Perfil de Onze Black: Más Allá de las Notas Herbáceas

Antes de que su nombre se viera empañado por las acusaciones de lavado de dinero, Onze Black se promocionaba como un tequila de carácter definido, elaborado 100% con agave. La marca ofrecía dos presentaciones principales: Onze Black Blanco y Onze Black Reposado. La versión Blanco, con un 40% de alcohol, se destacaba por su carácter añejo, conservando aromas frescos y herbáceos, ideal para ser disfrutado solo o como base para cócteles, según descripciones de la época.

Por otro lado, el Onze Black Reposado, con un contenido alcohólico ligeramente menor (entre 35% y 39%), pasaba por un proceso de añejamiento en barrica de dos meses a un año. Este proceso le confería notas sutiles de vainilla y caramelo, con un final dulce, características distintivas de los tequilas reposados.

Ambas presentaciones se comercializaban en botellas de 750 mililitros, buscando un nicho en el mercado de bebidas espirituosas. Sin embargo, la fachada de un negocio legítimo se desmoronó ante las investigaciones de las autoridades estadounidenses, que destaparon la verdadera naturaleza de su operación.

La Red de Lavado de Dinero del CJNG

La inclusión de Onze Black en la lista de empresas sancionadas por el Departamento del Tesoro de EE.UU. no fue un hecho aislado. Formaba parte de un entramado más amplio que incluía otros negocios, como el restaurante Mizu Sushi Lounge, evidenciando la diversificación de las operaciones del CJNG para infiltrarse en la economía legal y blanquear recursos ilícitos.

Las autoridades estadounidenses señalaron que estas empresas no solo servían como fachada, sino que proporcionaban apoyo financiero directo a las actividades delictivas del cártel. La amplitud de los negocios designados demostraba la profunda penetración del CJNG en diversos sectores económicos, una estrategia común para consolidar su poder y financiar sus operaciones criminales.

Jessica Oseguera: La Figura Clave Detrás del Tequila

La vinculación de Jessica Oseguera González, ‘La Negra’, con Onze Black se consolidó con el tiempo. Si bien las sanciones iniciales datan de 2015, fue posteriormente cuando se reveló su rol como funcionaria, directora o agente de varias empresas ligadas al cártel, incluyendo Onze Black, Mizu Sushi Lounge y Kenzo Sushi.

La detención de Oseguera González en febrero de 2020 marcó un punto de inflexión. Un año después, se declaró culpable de conspiración para lavar dinero, admitiendo su participación en negocios con empresas sancionadas por Estados Unidos. Esta admisión de culpabilidad subrayó la implicación directa de la familia Oseguera en la gestión y operación de negocios que servían a los intereses del CJNG.

El Fin de Onze Black y las Implicaciones

Tras las sanciones y la declaración de culpabilidad de Jessica Oseguera, la producción de Tequila Onze Black cesó. Aunque aún circulan imágenes de sus botellas en internet, la bebida desapareció del mercado, víctima de las acciones legales y la exposición de sus vínculos criminales.

La historia de Onze Black es un recordatorio sombrío de cómo el crimen organizado busca legitimarse a través de negocios aparentemente lícitos, utilizando marcas comerciales y productos de consumo para sus fines ilícitos. El caso pone de manifiesto la sofisticación de las redes de lavado de dinero y la necesidad de una vigilancia constante por parte de las autoridades para desmantelar estas estructuras.

En el contexto de la inseguridad que azota a México, la vinculación de empresas con cárteles como el CJNG no solo representa un delito grave, sino que también alimenta la violencia y la corrupción que erosionan el tejido social. La operación de negocios como Onze Black, bajo el amparo de figuras delictivas, subraya la compleja batalla que enfrentan las autoridades para erradicar el crimen organizado y sus ramificaciones económicas.

El legado de Onze Black no es el de un tequila de calidad, sino el de una marca que sirvió como vehículo para el lavado de dinero y el financiamiento de actividades criminales, dejando una mancha imborrable en la industria de las bebidas espirituosas y en la lucha contra el narcotráfico.