Carlos Slim, el titán de los negocios en México, ha demostrado una vez más su visión estratégica al convertir dos emblemáticas fábricas de papel del sur de la Ciudad de México en vibrantes plazas comerciales. Estos proyectos, que surgieron de las cenizas de la industria decimonónica, hoy forman parte integral de su vasto imperio empresarial, Grupo Carso. La reciente adquisición en Puebla de terrenos que albergaron antiguas instalaciones industriales vuelve a poner bajo el reflector este exitoso modelo de negocio que combina historia, arquitectura y comercio.
Del Molino de Papel a la Plaza Comercial: La Historia de Loreto
Los terrenos donde hoy se alza Plaza Loreto, en el corazón de San Ángel, tienen una historia que se remonta a los albores de la Nueva España. Originalmente, este predio perteneció a Hernán Cortés, el conquistador, y posteriormente pasó a manos de su hijo Martín, quien estableció allí un molino de trigo. Fue en 1759 cuando el sitio comenzó su vocación papelera bajo el nombre de Molino de Loreto, convirtiéndose en un punto neurálgico de la actividad industrial en el sur de la capital.
El siglo XX trajo consigo desafíos y transformaciones. Un devastador incendio en 1905 arrasó con gran parte de las instalaciones originales. Sin embargo, el empresario alemán Alberto Lenz tomó las riendas, impulsando una profunda renovación tanto tecnológica como de infraestructura. Lenz no solo modernizó la planta, sino que también se preocupó por el bienestar de sus trabajadores, construyendo viviendas para ellos. Su visión expansiva lo llevó, en 1924, a adquirir la fábrica de Peña Pobre, ubicada en la actual zona de Cuicuilco, y para 1929, consolidó ambas compañías bajo una sola entidad.
Las fábricas de Loreto y Peña Pobre vivieron momentos cruciales de la historia mexicana. Durante la Revolución, sus instalaciones sirvieron de refugio para las tropas de Francisco Villa y Emiliano Zapata. Posteriormente, las dos guerras mundiales plantearon retos de abastecimiento que la empresa debió sortear.
La Era Slim: Rescate y Reinversión
La década de 1980 marcó un punto de inflexión. En 1985, Grupo Carso, la joya de la corona de Carlos Slim, adquirió Fábricas de Papel Loreto y Peña Pobre. Para entonces, la industria papelera enfrentaba serias dificultades, y la planta de Loreto sufría complicaciones financieras. El cese de operaciones de las calderas en 1991 y la conclusión definitiva de la producción de papel en 1992 parecían sellar el destino de estas históricas instalaciones.
Sin embargo, la visión de Slim y Grupo Carso optó por un camino diferente: la preservación de la memoria industrial y su reconversión en espacios de vanguardia. En lugar de demoler, se optó por integrar las estructuras y elementos arquitectónicos de las antiguas fábricas en nuevos proyectos comerciales y culturales.
Plaza Loreto: Comercio, Cultura y Legado
En 1993, la antigua planta de Loreto renació como Plaza Loreto. Este complejo comercial y cultural no solo conservó la esencia de la fábrica original, sino que la potenció. Con 62 locales, 23,902 metros cuadrados de área rentable y 1,470 cajones de estacionamiento, Plaza Loreto se convirtió en un referente en San Ángel. Su innovador diseño le valió el Reconocimiento ICOMOS México en 1995, destacando la labor de recuperación y adaptación del espacio.
Pero Plaza Loreto no se limitó al comercio. En 1994, abrió sus puertas la primera sede del Museo Soumaya, una institución dedicada al arte que exhibió parte de la vasta colección de Slim. Durante más de una década, este espacio cultural atrajo a miles de visitantes, consolidando la vocación multifacética del proyecto. Hoy, con una afluencia mensual de alrededor de 200,000 personas, Plaza Loreto es un testimonio vivo de cómo el pasado industrial puede fusionarse exitosamente con el presente comercial y cultural.
Peña Pobre: De Fábrica a Centro de Entretenimiento
Paralelamente, los terrenos de la antigua fábrica de Peña Pobre, ubicados estratégicamente cerca de la zona arqueológica de Cuicuilco, emprendieron un camino similar. Grupo Carso transformó este sitio en Plaza Inbursa Cuicuilco, inaugurada en 1997. El diseño de esta plaza también honra la arquitectura original de la fábrica, integrándola a un moderno centro comercial de una sola planta.
Con 71 locales, 21,630 metros cuadrados de área rentable y 894 cajones de estacionamiento, Plaza Inbursa Cuicuilco se ha consolidado como un importante polo de comercio y entretenimiento. Alberga establecimientos clave como Cinemex y KidZania, además de la tienda subancla Sanborns. El proyecto, que abarca 84,299 metros cuadrados, aprovecha sus amplios espacios abiertos y las construcciones remanentes para ofrecer un concepto distinto a los centros comerciales tradicionales.
Su ubicación privilegiada, junto al Parque Ecológico Loreto y Peña Pobre y en proximidad a la zona arqueológica de Cuicuilco, le permite mantener una conexión armónica con el entorno natural e histórico. De esta manera, el legado de la fábrica de papel Peña Pobre ha encontrado una segunda vida, enriqueciendo la oferta comercial y de entretenimiento del sur de la Ciudad de México sin desvincularse de su pasado.
El Modelo Slim: Un Futuro en Construcción
La estrategia de Carlos Slim de adquirir activos industriales en declive y transformarlos en centros comerciales exitosos no es nueva. La reciente noticia de la compra de terrenos con potencial industrial en Puebla sugiere que este modelo de negocio sigue vigente y promete replicarse. Esta capacidad de identificar oportunidades en espacios con historia y reconvertirlos en polos de desarrollo económico y social es una de las claves del éxito sostenido del empresario.
En un contexto donde la revitalización urbana y la preservación del patrimonio son cada vez más valoradas, las intervenciones de Slim ofrecen un ejemplo de cómo la inversión privada puede contribuir a la reconfiguración de paisajes urbanos, dotándolos de nueva vida y propósito. La transformación de las fábricas de Loreto y Peña Pobre no solo representa un logro empresarial, sino también un valioso aporte a la memoria histórica y al desarrollo de la Ciudad de México, demostrando que el pasado industrial puede ser un cimiento sólido para el futuro comercial.
El empresario ha sabido capitalizar la historia inherente a estos terrenos, que incluso pertenecieron a Hernán Cortés, para crear espacios que atraen a miles de visitantes mensualmente. La combinación de tiendas, restaurantes, áreas de entretenimiento y, en el caso de Loreto, espacios culturales, ha resultado en un modelo de negocio resiliente y rentable. La reciente actividad de Slim en la adquisición de terrenos industriales refuerza la idea de que su imperio sigue expandiéndose, siempre con un ojo puesto en la transformación y la creación de valor a partir de activos con potencial.
La estrategia de Slim, que prioriza la conservación de la arquitectura original y la integración de elementos históricos, no solo añade un valor estético y cultural a sus desarrollos, sino que también los diferencia en un mercado competitivo. Este enfoque, que respeta el pasado mientras construye el futuro, es un sello distintivo de sus proyectos y una razón más para considerar su modelo como un referente en el sector inmobiliario y de desarrollo comercial.
La capacidad de Carlos Slim para identificar y capitalizar el potencial de activos subutilizados, como las antiguas fábricas de papel, es un testimonio de su agudeza empresarial. La reconversión de estos espacios en centros comerciales exitosos, como Plaza Loreto y Plaza Inbursa Cuicuilco, no solo ha generado valor económico para Grupo Carso, sino que también ha revitalizado zonas de la Ciudad de México, ofreciendo nuevos espacios de convivencia, comercio y entretenimiento para la ciudadanía. Este enfoque, que fusiona la visión de futuro con el respeto por la historia, continúa marcando la pauta en el panorama empresarial mexicano.