Donde antes reinaban las fábricas en decadencia y las bodegas olvidadas, el visionario empresario Carlos Slim Helú identificó una oportunidad de oro. En una zona de la Ciudad de México marcada por el declive industrial y el abandono de sus instalaciones, Slim apostó la considerable suma de 800 millones de dólares para erigir Plaza Carso, un colosal complejo inmobiliario de usos mixtos que hoy se erige como el más grande de América Latina.

El proyecto no solo implicó demoler estructuras obsoletas y levantar edificios modernos; representó un monumental desafío de ingeniería y arquitectura. La audaz visión fue integrar de manera armónica espacios comerciales, corporativos, residenciales y culturales en un solo desarrollo. El resultado es Plaza Carso, una apuesta que revitalizó una zona industrial moribunda, transformándola en un vibrante polo de actividad urbana y comercial, conocido hoy como Nuevo Polanco, abarcando las colonias Granada e Irrigación.

El Legado Industrial de Nuevo Polanco

Antes de que Plaza Carso redefiniera el paisaje de Nuevo Polanco, esta área era un motor fundamental de la actividad industrial en la Ciudad de México. Desde la década de 1930, importantes empresas eligieron este sitio para establecer sus fábricas, convirtiéndolo en un epicentro de la manufactura. La historia industrial de la zona se remonta a 1934 con la apertura de la planta de General Tire, seguida por General Motors en 1937 y Chrysler en 1939. Durante décadas, estas instalaciones conformaron un corredor fabril que generaba empleo y producción para la capital.

Sin embargo, el esplendor industrial no fue eterno. A mediados de la década de 1970, General Tire cesó operaciones, marcando el inicio del éxodo de la industria pesada hacia otras entidades federativas, como el Estado de México. Con el giro de la economía de la CDMX hacia el sector servicios, las fábricas perdieron relevancia, las naves industriales quedaron vacías y los extensos terrenos cayeron en desuso. Tras años de deterioro, los 78,000 metros cuadrados que alguna vez albergaron parte de la industria más importante de la capital se convirtieron en el lienzo para un ambicioso proyecto inmobiliario de Carlos Slim.

La Construcción del "Manhattan" Mexicano

Para quienes no vivieron la transformación, las imágenes históricas revelan un contraste radical. Las calles de Granada e Irrigación, antes marcadas por el ir y venir de taxis irregulares, microbuses (peseros) y los vestigios de un antiguo tren, convivían con las imponentes pero ociosas instalaciones industriales. La construcción de Plaza Carso inició en enero de 2008, con una inversión que superó los 800 millones de dólares, según los reportes financieros de Inmuebles Carso.

El proyecto, concebido en colaboración con el renombrado arquitecto Ricardo Legorreta, se extendió sobre un terreno de 78,000 metros cuadrados. La magnitud del complejo trasciende la superficie visible, abarcando una vasta infraestructura subterránea. El estacionamiento, por ejemplo, se despliega en cinco y seis niveles subterráneos, cubriendo 279,000 metros cuadrados y con capacidad para cerca de 9,000 vehículos. Su construcción requirió excavaciones de hasta 22 metros de profundidad y la remoción de aproximadamente un millón de metros cúbicos de tierra.

Sobre esta base monumental se alzaron tres torres corporativas, edificios residenciales con cientos de departamentos y un centro comercial de tres niveles que alberga más de 200 marcas. El diseño integral incluyó sistemas avanzados de ventilación para los sótanos, una planta generadora de agua helada y eficientes mecanismos para la captación de lluvia y el tratamiento de aguas residuales.

Un Icono Arquitectónico y Cultural

La arquitectura de Plaza Carso añadió un distintivo valor estético y cultural. El Museo Soumaya, con su icónica fachada curva recubierta por 17,000 piezas hexagonales de aluminio, se consolidó rápidamente como uno de los edificios más reconocibles del proyecto y de la ciudad. Posteriormente, el complejo se enriqueció con la adición del Museo Jumex, el Teatro Telcel y el Acuario Inbursa, ampliando significativamente la oferta cultural y de entretenimiento de la zona.

La concentración de oficinas, viviendas, comercios, restaurantes, museos y espacios para espectáculos en una misma área ha llevado a que algunos comparen Plaza Carso con Manhattan. Si bien la escala y las características específicas difieren, la comparación resalta la exitosa integración de diversas actividades en un espacio urbano que, durante décadas, estuvo definido por la industria pesada.

Debate Urbano y Gentrificación

Sin embargo, la transformación de Nuevo Polanco no ha estado exenta de controversia. Vecinos de las colonias Granada e Irrigación, ubicadas en la alcaldía Miguel Hidalgo, han expresado su rechazo al nombre de "Nuevo Polanco", argumentando que no representa la identidad histórica de la zona. Más allá de la nomenclatura, existe una creciente preocupación por los efectos de la gentrificación.

La llegada de desarrollos inmobiliarios de gran escala, como Plaza Carso, ha elevado los precios de la vivienda y los alquileres, desplazando a residentes de bajos ingresos y alterando el tejido social tradicional de las colonias. Este fenómeno, común en procesos de revitalización urbana, plantea un desafío para las autoridades locales en cuanto a la planificación y la equidad social.

El debate sobre la transformación urbana de esta zona de la Ciudad de México continúa. Mientras algunos celebran la revitalización económica y la creación de nuevos espacios de convivencia, otros alzan la voz para señalar los costos sociales y la necesidad de un desarrollo más inclusivo y respetuoso con las comunidades preexistentes. La inversión de Carlos Slim en Plaza Carso es, sin duda, un hito en la historia reciente de la capital, pero también un catalizador de discusiones fundamentales sobre el futuro de la ciudad.