La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha lanzado una nueva promesa de mejora económica para el próximo año, asegurando que en 2027 "nos va a ir mejor". Esta declaración llega en un momento en que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha revisado al alza su pronóstico de crecimiento para México, elevándolo de un modesto 0.8% a un 1.5% para el presente año. Sin embargo, la retórica optimista de la mandataria contrasta fuertemente con las sombrías perspectivas que muchos analistas y sectores productivos perciben para la economía mexicana bajo la administración de la Cuarta Transformación.

Un Respiro Tímido en Medio de la Incertidumbre

La revisión al alza por parte de la OCDE, si bien representa una noticia positiva en el corto plazo, no debe eclipsar la persistente debilidad estructural que aqueja a la economía nacional. Pasar de un crecimiento proyectado de 0.8% a 1.5% es un ajuste marginal que apenas si permite vislumbrar una recuperación incipiente, lejos de las tasas de crecimiento robusto que México necesita para generar empleos de calidad, reducir la pobreza y mejorar el nivel de vida de sus ciudadanos. En el contexto de una economía global que aún enfrenta desafíos significativos, este ajuste es más un reflejo de la volatilidad de las proyecciones que una señal inequívoca de una mejora sostenida.

La Promesa de "Mejor Futuro": ¿Realidad o Espejismo?

La insistencia de la presidenta Sheinbaum en que "nos va a ir mejor" en 2027 suena a un eco de promesas pasadas que no siempre se han materializado. Históricamente, los gobiernos suelen pintar un panorama alentador de cara al futuro, especialmente cuando los indicadores actuales no son del todo favorables. La economía mexicana, a pesar de los esfuerzos y las declaraciones oficiales, sigue lidiando con problemas crónicos como la baja inversión, la informalidad laboral rampante, la inseguridad que frena el desarrollo y una dependencia excesiva de factores externos, como las remesas y las exportaciones a Estados Unidos.

En el ámbito internacional, la OCDE es un organismo respetado, pero sus pronósticos son solo eso: proyecciones basadas en modelos y datos disponibles. La realidad económica es a menudo más compleja y está sujeta a eventos imprevistos, tanto a nivel nacional como global. La mandataria parece aferrarse a esta revisión al alza como un salvavidas, intentando generar confianza donde la incertidumbre prevalece. Sin embargo, la confianza genuina se construye con resultados tangibles, no solo con palabras optimistas.

El Legado de la 4T y la Economía

La administración actual, que prometió una "cuarta transformación" profunda del país, ha enfrentado críticas constantes sobre su manejo económico. Si bien se han implementado programas sociales y se ha buscado fortalecer la soberanía energética, los resultados en términos de crecimiento económico sostenido y generación de riqueza han sido, para muchos, decepcionantes. La inversión privada, un motor clave del desarrollo, ha mostrado cautela ante la falta de certidumbre jurídica y las políticas que, en ocasiones, han sido percibidas como erráticas o improvisadas.

La brecha entre el discurso oficial y la percepción ciudadana sobre la economía es un tema recurrente. Mientras el gobierno celebra pequeños avances o ajustes en pronósticos, una parte significativa de la población sigue experimentando dificultades para llegar a fin de mes, acceder a servicios básicos de calidad o encontrar oportunidades laborales dignas. La promesa de un "futuro mejor" se vuelve cada vez más difícil de creer cuando las condiciones actuales no reflejan esa mejora esperada.

¿Qué Implica un Crecimiento del 1.5%?

Un crecimiento del 1.5% para una economía del tamaño de México es, en términos prácticos, un avance muy lento. Para que haya un impacto real y generalizado en el bienestar de la población, se requiere un crecimiento sostenido por encima del 3% o 4% anual. Este nivel de expansión permitiría absorber la creciente demanda de empleo, reducir la desigualdad y mejorar la infraestructura y los servicios públicos. El 1.5% actual, aunque mejor que el 0.8% previo, apenas si compensa el crecimiento demográfico y no genera un excedente significativo para la inversión productiva o el gasto social ampliado.

La OCDE, en sus análisis, suele destacar la importancia de la inversión, la innovación y la mejora del entorno empresarial para impulsar el crecimiento. Las políticas implementadas por el gobierno actual han sido objeto de debate en estos frentes. La falta de una estrategia clara y consistente para atraer y retener inversión, junto con la incertidumbre regulatoria en sectores clave, son factores que limitan el potencial de crecimiento del país.

La Perspectiva de 2027: ¿Un Salto al Vacío?

La declaración de la presidenta Sheinbaum sobre el 2027 debe ser analizada con cautela. Es fácil hacer promesas sobre el futuro, pero mucho más difícil es cumplirlas. El panorama económico para el próximo año dependerá de una multitud de factores, incluyendo la evolución de la economía global, las políticas internas que se implementen, la estabilidad política y la capacidad del gobierno para generar confianza entre los inversionistas y los ciudadanos.

Si bien es deseable que a México le vaya mejor, la confianza en que esto sucederá debe estar respaldada por acciones concretas y resultados medibles. La retórica optimista, por sí sola, no puede transformar la realidad económica. Los mexicanos esperan ver mejoras tangibles en su calidad de vida, en sus oportunidades laborales y en la seguridad de su futuro, y estas mejoras solo se lograrán a través de políticas económicas sólidas, estables y orientadas al crecimiento inclusivo.

El Desafío de la Credibilidad

La credibilidad del gobierno en materia económica está en juego. Cada promesa de "mejor futuro" que no se ve acompañada por una mejora palpable en la vida cotidiana de los ciudadanos erosiona la confianza pública. La presidenta Sheinbaum tiene el desafío de demostrar que su administración puede no solo mantener la estabilidad, sino también impulsar un crecimiento económico significativo y equitativo. La revisión al alza de la OCDE es una pequeña luz, pero el camino por delante sigue siendo arduo y lleno de obstáculos.

En este contexto, la declaración de la mandataria sobre el 2027 parece más un intento por mantener el ánimo y la esperanza que un pronóstico basado en fundamentos económicos sólidos y predecibles. La verdadera prueba vendrá cuando los indicadores económicos reflejen de manera consistente una mejora sustancial en el bienestar de la mayoría de los mexicanos, y no solo ajustes marginales en proyecciones externas.