En un acto que busca proyectar eficiencia y atención a las problemáticas hídricas, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, junto a la gobernadora del Estado de México, Delfina Gómez Álvarez, realizaron el encendido simbólico del Túnel Churubusco-Xochiaca. Esta obra, presentada como una solución crucial para reducir las inundaciones en el oriente mexiquense, se suma a la larga lista de proyectos que buscan paliar los efectos de un problema crónico, mientras la administración federal y estatal insisten en minimizar las fallas y la falta de previsión.

La infraestructura, que beneficiará a más de un millón de habitantes en municipios como Nezahualcóyotl, Chimalhuacán y La Paz, además de la alcaldía Iztapalapa en la Ciudad de México, se enmarca dentro del llamado Plan Integral para el Oriente del Estado de México. Según las autoridades, el túnel permitirá conducir el agua pluvial hacia la laguna de regulación Churubusco-Xochiaca, evitando la saturación del sistema de drenaje y mitigando las afectaciones por lluvias extraordinarias. Sin embargo, este tipo de obras, aunque necesarias, suelen llegar después de años de negligencia y de un crecimiento urbano desordenado que agrava la vulnerabilidad de la población.

La gobernadora Delfina Gómez, en su discurso, no escatimó en agradecimientos hacia la figura presidencial, destacando la supuesta "capacidad de querer seguir apoyando a nuestros mexiquenses". Un discurso que omite convenientemente la responsabilidad compartida y los años en que las administraciones anteriores, incluyendo la federal que encabezó Andrés Manuel López Obrador, tampoco lograron resolver de raíz el problema de las inundaciones en esta zona altamente vulnerable.

“Esta obra sin duda alguna no solamente está o va a apoyar a la cuestión de lo que viene, inundaciones en Los Reyes, aquí en Neza, sino también nos dio la oportunidad de generar empleos, de reactivar la economía, de que la gente tenga la posibilidad de vivir de una manera más digna y justa. Y eso es gracias al equipo que siempre realizan nuestros integrantes de Gobierno Federal”, aseveró Gómez Álvarez. Unas declaraciones que pintan un panorama idílico, pero que contrastan con la realidad de miles de familias que año tras año sufren las consecuencias de la falta de infraestructura adecuada y de planes de contingencia efectivos.

La inversión conjunta, superior a los 450 millones de pesos, aportada por los gobiernos Federal, Estatal y Municipal de Nezahualcóyotl, si bien representa un esfuerzo financiero, debe ser analizada bajo la lupa de la oportunidad y la eficacia. ¿Por qué estas obras no se ejecutaron antes, cuando la problemática ya era evidente? ¿Cuánto tiempo más tendrán que esperar los habitantes de estas zonas para contar con soluciones definitivas y no meros paliativos que se anuncian con bombo y platillo?

El director general de Conagua, Efraín Morales López, detalló los aspectos técnicos de la obra: un colector de 2.44 metros de diámetro, un túnel de cinco metros de diámetro y un cárcamo con ocho bombas capaces de desalojar 16 mil litros de agua por segundo. Estas especificaciones técnicas, aunque impresionantes en papel, deben demostrar su efectividad ante eventos climáticos extremos, algo que la historia reciente de la región pone en duda. La capacidad de respuesta ante lluvias intensas es un factor clave, pero la prevención y la gestión del territorio son igualmente importantes, aspectos que a menudo quedan relegados en la narrativa oficial.

Además, se realizaron trabajos de desazolve y ampliación de la capacidad de almacenamiento en las lagunas de regulación Churubusco-Xochiaca y El Salado. Estas acciones, si bien contribuyen a mejorar el manejo del agua, son medidas reactivas que no abordan las causas estructurales de las inundaciones, como la urbanización desmedida y la falta de sistemas de drenaje eficientes y a gran escala.

La presencia de autoridades federales, estatales y municipales, incluyendo a Beatriz García Villegas (Vocal Ejecutiva de la CAEM), Roberto Samuel Capuano Tripp (Conagua) y Adolfo Cerqueda Rebollo (Presidente Municipal de Nezahualcóyotl), subraya la supuesta coordinación intergubernamental. Sin embargo, esta coordinación a menudo se traduce en la repartición de culpas cuando las cosas salen mal y en la apropiación de méritos cuando se inaugura una obra, sin importar si esta resuelve de fondo los problemas.

En contexto, el oriente del Estado de México y la Ciudad de México han sido históricamente focos rojos en materia de inundaciones. La saturación de los sistemas de drenaje, la topografía de la zona y la expansión urbana descontrolada han creado un caldo de cultivo para desastres recurrentes. Cada temporada de lluvias trae consigo la misma historia: anuncios de obras, inauguraciones y, lamentablemente, damnificados.

El discurso oficial, centrado en la inauguración de esta obra, parece ignorar la magnitud del problema y la urgencia de implementar políticas públicas integrales que vayan más allá de la infraestructura física. La gestión del agua, la planificación urbana y la protección civil requieren un enfoque multidimensional que no se limite a la construcción de túneles o cárcamos.

La administración de Claudia Sheinbaum, al igual que la de su antecesor, parece apostar por soluciones visibles y de corto plazo, que permitan generar titulares positivos y proyectar una imagen de gobierno eficaz. Sin embargo, la verdadera prueba de fuego para cualquier administración reside en su capacidad para anticipar y mitigar los riesgos, y no solo para reaccionar ante ellos una vez que el desastre ha ocurrido.

La entrada en operación del Túnel Churubusco-Xochiaca es, sin duda, un avance técnico. Pero la narrativa que lo rodea, cargada de agradecimientos y promesas, debe ser contrastada con la persistente vulnerabilidad de miles de ciudadanos que esperan soluciones reales y duraderas, y no solo el encendido simbólico de una obra que llega, para muchos, demasiado tarde.