La mandataria estatal de Chihuahua, Maru Campos, ha lanzado una contundente respuesta a las embestidas políticas provenientes de Morena, particularmente de la senadora con licencia Andrea Chávez. Ante las acusaciones de inasistencia al Palacio de Gobierno y de abandono de sus funciones, Campos ha decidido marcar distancia de la retórica partidista y enfocar su mensaje en la acción y el trabajo directo con la ciudadanía, lejos de los reflectores de la burocracia.
La disputa se encendió cuando Chávez denunció públicamente que la gobernadora llevaba dos semanas sin aparecer en eventos oficiales, sin asistir a las cruciales mesas de seguridad ni pisar su oficina. La senadora de Morena, quien aspira a la gubernatura en 2027, calificó la situación como “insostenible” y sugirió incluso la renuncia de Campos si se encontraba “cansada” o “desinteresada” en gobernar.
Sin embargo, Maru Campos no se amilanó. En una clara estrategia de contraataque comunicacional, la gobernadora afirmó que la presencia física en el Palacio de Gobierno no es un requisito indispensable para gobernar eficazmente. “Estamos a un año y meses de terminar el gobierno (...) no necesita venir uno a Palacio de Gobierno para seguir trabajando”, declaró ante medios, subrayando su compromiso con el estado.
Campos detalló que su agenda se ha centrado en actividades de campo, como la entrega de equipo de seguridad pública en Delicias, una iniciativa destinada a combatir la incidencia delictiva y la inseguridad en la región. Esta acción contrasta directamente con la imagen de inactividad que Morena intenta proyectar sobre su administración.
“No somos un gobierno de la muerte, como lo tenemos en el gobierno federal”, sentenció la gobernadora, lanzando una pulla directa al gobierno de la Cuarta Transformación, al que acusa de ineficiencia en materia de seguridad. Campos enfatizó que su equipo ha estado “trabajando muy duro” con los secretarios del estado, desarrollando la agenda de “vida y familia”, con especial atención a las áreas de Salud, Hacienda y Obras Públicas.
La controversia se agudiza en el contexto de un operativo reciente en Chihuahua, donde se desmanteló un narcolaboratorio. Este incidente, que involucró presuntamente a agentes de inteligencia estadounidenses sin el conocimiento del gobierno federal, ha sido utilizado por la oposición para presionar a Campos. La gobernadora, por su parte, ha denunciado que la investigación de la Fiscalía General de la República (FGR) por supuestas violaciones a la Ley de Seguridad Nacional es, en realidad, una persecución política.
Andrea Chávez, en su arremetida, no solo criticó la supuesta ausencia de Campos, sino que también la señaló por mantener a Chihuahua como una de las entidades más violentas del país. La senadora de Morena, quien solicitó licencia en abril para enfocarse en su aspiración a la gubernatura, argumentó que la inacción de Campos es incompatible con las responsabilidades del cargo.
“Desde hace dos semanas, Chihuahua no tiene gobernadora”, insistió Chávez, recordando que Campos se negó a declarar ante la FGR, entregando únicamente un escrito. La senadora de Morena añadió que la mandataria estatal cobra “tres veces más que la presidenta”, insinuando un desvío de recursos o una falta de compromiso proporcional a su salario.
La estrategia de Maru Campos parece ser la de capitalizar estas críticas para presentarse como una gobernadora activa y comprometida, que prioriza el bienestar de los chihuahuenses por encima de las disputas políticas. Al trabajar desde el territorio y enfocarse en resultados tangibles, busca deslegitimar los ataques de Morena y fortalecer su imagen de cara a los próximos comicios.
La senadora Chávez, por su parte, busca posicionarse como la alternativa viable para Chihuahua, apelando a un discurso de cambio y progreso. Su campaña se centra en la promesa de un “proyecto de derechos” y un enfoque en las personas “sumidas en la pobreza”, buscando generar una “alternancia hacia el progresismo”.
Este enfrentamiento político pone de manifiesto la intensa batalla electoral que se avecina en Chihuahua. Mientras Morena busca arrebatar el control del estado, la gobernadora Campos, respaldada por el PAN, se defiende con una agenda de trabajo y acusa a sus adversarios de orquestar una campaña de desprestigio.
La respuesta de Campos, al no quedarse en el Palacio sino salir al encuentro de las necesidades ciudadanas, es una jugada audaz que busca redefinir el debate público. En lugar de defenderse de las acusaciones de inasistencia, elige demostrar que el verdadero trabajo se hace en las calles y comunidades, no necesariamente detrás de un escritorio.
El escenario político en Chihuahua se torna cada vez más complejo, con acusaciones cruzadas y estrategias de comunicación que buscan captar la atención y el voto ciudadano. La postura de Maru Campos de ignorar las provocaciones directas y enfocarse en su labor de gobierno podría ser una táctica efectiva para desviar la atención de las críticas y consolidar su imagen como una líder resiliente y trabajadora.
La pugna entre la gobernadora panista y la senadora de Morena es un claro reflejo de la polarización política que vive el país, donde las acusaciones de ineficiencia y corrupción se utilizan como armas electorales. La forma en que ambos bandos manejen esta situación definirá, sin duda, el rumbo político de Chihuahua en los próximos años.