En el corazón de San Miguel de Allende, Guanajuato, se inauguró el Centro de Excelencia en Partería y Bienestar del IMSS-Bienestar. La recepción de este nuevo espacio está adornada con una frase que encapsula una aspiración fundamental: “En este centro se materializa el derecho a la salud: universal, gratuito e intercultural”. Esta declaración, cargada de significado, plantea interrogantes sobre la efectividad y el alcance de este modelo en la práctica, especialmente en un país con profundas desigualdades en el acceso a servicios médicos.

El centro representa un esfuerzo por materializar la promesa de un sistema de salud que sea accesible para todos, sin importar su condición económica o cultural. La partería, como enfoque, busca reivindicar prácticas ancestrales y ofrecer una atención más humanizada y centrada en la mujer, reconociendo la diversidad cultural que caracteriza a México. La inclusión del término "intercultural" sugiere un compromiso con el respeto y la integración de las diversas cosmovisiones y prácticas de salud de los distintos grupos étnicos del país.

Sin embargo, la simple existencia de un centro de excelencia, por muy bien intencionado que sea, no garantiza automáticamente la universalidad y gratuidad del servicio. La historia de la salud pública en México está plagada de ejemplos de programas ambiciosos que, al momento de su implementación a gran escala, enfrentan obstáculos presupuestarios, logísticos y de cobertura. La pregunta que surge de manera natural es: ¿este modelo podrá replicarse y sostenerse en todo el territorio nacional, o quedará confinado a un espacio de demostración?

El IMSS-Bienestar, como organismo encargado de la operación, tiene el desafío de demostrar que este centro no es solo un escaparate, sino el inicio de una transformación profunda en la atención obstétrica y de bienestar. La gratuidad, un pilar esencial de la promesa, implica una inversión pública significativa y una gestión eficiente de los recursos para asegurar que los servicios no generen barreras económicas para los usuarios.

La interculturalidad, por su parte, exige una sensibilidad y capacitación especial del personal para atender las necesidades específicas de comunidades indígenas y otros grupos con prácticas culturales distintas. Esto va más allá de la simple traducción de idiomas; implica comprender y respetar sistemas de creencias, rituales y conocimientos tradicionales relacionados con la salud reproductiva y el parto.

En el contexto actual, donde la cobertura universal de salud sigue siendo una meta esquiva para millones de mexicanos, la inauguración de este centro genera expectativas. Los analistas señalan que el éxito de iniciativas como esta dependerá de factores clave: la asignación presupuestaria adecuada y sostenida, la voluntad política para expandir el modelo, la capacitación continua del personal y la participación activa de las comunidades beneficiarias en el diseño y evaluación de los servicios.

La frase en la recepción, "¿De quién es el parto?", que da título a la reflexión original, puede interpretarse de múltiples maneras. Por un lado, alude al acto físico del nacimiento. Por otro, puede ser una metáfora sobre la responsabilidad de hacer realidad la promesa de la salud universal. ¿Es una responsabilidad exclusiva del gobierno, del IMSS-Bienestar, o es un parto colectivo que involucra a la sociedad en su conjunto?

Históricamente, los avances en materia de salud pública en México han sido el resultado de luchas sociales y de la presión ciudadana. La consolidación de un sistema de salud verdaderamente universal, gratuito e intercultural requerirá no solo infraestructura y programas, sino también un compromiso social que exija y coadyuve a su materialización.

El Centro de Excelencia en Partería y Bienestar se presenta como un faro de esperanza, un modelo a seguir. Sin embargo, la verdadera prueba de su éxito radicará en su capacidad para trascender sus muros y convertirse en una realidad tangible para todas las mujeres mexicanas, especialmente aquellas en las zonas más marginadas y vulnerables del país.

La pregunta sobre la materialización del derecho a la salud, planteada en la entrada del centro, no es retórica. Es una invitación a la reflexión y a la acción. El parto de la salud universal es un proceso complejo y prolongado, y este centro es, quizás, solo una de las primeras contracciones en un camino aún largo por recorrer.

La implementación de este modelo también deberá considerar la articulación con otros niveles de atención y programas de salud existentes. La coordinación efectiva entre el IMSS-Bienestar, las secretarías de salud estatales y otros actores del sector será crucial para evitar duplicidades y asegurar una atención integral y sin fisuras.

Además, la evaluación constante y transparente de los resultados del centro será fundamental. Métricas claras sobre la satisfacción de las usuarias, la reducción de complicaciones en partos, la cobertura alcanzada y la pertinencia cultural de los servicios permitirán ajustar el modelo y asegurar su mejora continua.

En última instancia, la promesa de un sistema de salud universal, gratuito e intercultural es un ideal que México persigue desde hace décadas. El Centro de Excelencia en Partería y Bienestar del IMSS-Bienestar en San Miguel de Allende es un paso en esa dirección, pero el verdadero desafío reside en convertir esa aspiración en una realidad cotidiana para cada ciudadano.