DESEQUILIBRIO URBANO: ASFALTO SOBRE PEATONES
En un lapso de dos años, comprendido entre octubre de 2024 y agosto de 2026, la Ciudad de México ha mostrado una marcada preferencia por la rehabilitación de vialidades destinadas al tránsito vehicular, dejando en un segundo plano la infraestructura peatonal. Los datos revelan una inversión significativamente desproporcionada, donde la pavimentación de calles y avenidas superó por un margen de diez a uno a la rehabilitación de banquetas, un hecho que suscita serias interrogantes sobre las prioridades de la administración capitalina en materia de movilidad y desarrollo urbano.
CIFRAS QUE HABLAN: LA BRECHA DE LA INVERSIÓN
Durante el periodo analizado, la capital del país destinó esfuerzos y recursos para repavimentar una extensión considerable de 3.7 millones de metros cuadrados de vialidades. Esta cifra, si bien puede interpretarse como un esfuerzo por mantener la infraestructura vial en condiciones óptimas, contrasta drásticamente con los 373 mil metros cuadrados de banquetas que fueron rehabilitadas en el mismo lapso. La disparidad es abismal: por cada metro cuadrado de banqueta mejorada, se pavimentaron casi diez metros cuadrados de asfalto para vehículos.
¿MOVILIDAD PARA QUIÉN?
Este desequilibrio en la inversión plantea una reflexión profunda sobre el modelo de movilidad que se está impulsando en la Ciudad de México. Mientras se prioriza la fluidez del tráfico vehicular, a menudo a costa de la seguridad y comodidad de los peatones, se corre el riesgo de perpetuar un modelo urbano centrado en el automóvil. Las banquetas no son meros complementos del paisaje urbano; son espacios fundamentales para la vida cotidiana, el comercio local, la interacción social y, sobre todo, para garantizar el derecho a la movilidad segura y accesible para todos los ciudadanos, incluyendo niños, adultos mayores y personas con discapacidad.
ANTECEDENTES DE UN PATRÓN
Históricamente, la Ciudad de México ha enfrentado el desafío de equilibrar las necesidades de un parque vehicular en constante crecimiento con la urgencia de peatonalizar y humanizar sus espacios públicos. Las administraciones anteriores han sido señaladas por enfoques similares, donde la inversión en grandes obras de infraestructura vial eclipsa a menudo los proyectos de mejora peatonal. Este patrón, que parece repetirse en el periodo 2024-2026, sugiere una inercia en las políticas de desarrollo urbano que privilegia el concreto y el asfalto sobre la experiencia humana en la ciudad.
IMPLICACIONES PARA LA CALIDAD DE VIDA
La falta de inversión proporcional en banquetas tiene consecuencias directas en la calidad de vida de los habitantes. Calles con banquetas estrechas, en mal estado o inexistentes obligan a los peatones a caminar por el arroyo vehicular, exponiéndolos a riesgos de accidentes. Además, dificultan la movilidad de personas con carriolas, sillas de ruedas o bastones, limitando su autonomía y participación en la vida urbana. Un entorno urbano que no prioriza al peatón es un entorno menos inclusivo, menos seguro y menos sostenible.
EL FACTOR SEGURIDAD Y LA PERCEPCIÓN CIUDADANA
En el contexto de una ciudad que aún enfrenta retos significativos en materia de seguridad, la inversión en infraestructura peatonal podría jugar un papel crucial. Banquetas bien iluminadas, amplias y en buen estado fomentan la presencia de personas en las calles, lo que a su vez puede disuadir la actividad delictiva. La percepción de inseguridad se agrava cuando los espacios públicos son descuidados o inaccesibles. Al invertir masivamente en vialidades y mínimamente en banquetas, la administración podría estar enviando un mensaje equivocado sobre sus prioridades, descuidando aspectos que impactan directamente en la percepción de seguridad y bienestar de los ciudadanos.
¿QUÉ SIGUE? LA NECESIDAD DE UN CAMBIO DE PARADIGMA
La evidencia presentada por la rehabilitación de vialidades frente a la de banquetas en la Ciudad de México exige una revisión urgente de las políticas de desarrollo urbano y movilidad. Es imperativo que las futuras inversiones consideren un enfoque más equitativo, que reconozca al peatón como un actor central en la vida urbana. Esto implica no solo destinar un presupuesto adecuado para la rehabilitación y creación de banquetas seguras y accesibles, sino también repensar el diseño de las vialidades para integrarlas de manera armónica con los espacios peatonales.
LA VOZ DE LOS EXPERTOS Y LA CIUDADANÍA
Analistas urbanistas y organizaciones de la sociedad civil han advertido en repetidas ocasiones sobre la necesidad de un cambio de enfoque. Señalan que una ciudad que camina es una ciudad más saludable, más conectada y más justa. La ciudadanía, por su parte, demanda espacios públicos que fomenten la convivencia y la seguridad. Ignorar estas demandas y continuar con un modelo de inversión sesgado hacia el automóvil podría tener repercusiones negativas a largo plazo en la cohesión social y la habitabilidad de la capital.
UN LLAMADO A LA ACCIÓN ADMINISTRATIVA
La administración de la Ciudad de México tiene ante sí el desafío de demostrar que su visión de desarrollo urbano va más allá de la simple pavimentación. Es el momento de escuchar las necesidades de los peatones, de invertir en infraestructura que mejore su experiencia diaria y de construir una ciudad verdaderamente para todos. La balanza de la inversión debe inclinarse hacia un equilibrio que beneficie a todos los modos de transporte y, fundamentalmente, a las personas que habitan y transitan la ciudad a pie.
EL FUTURO DE LA MOVILIDAD PEATONAL
El futuro de la movilidad en la Ciudad de México dependerá en gran medida de la capacidad de sus gobernantes para reorientar las inversiones y las políticas públicas. Si bien la rehabilitación de vialidades es necesaria, no puede ser a expensas del bienestar y la seguridad de los peatones. Un enfoque integral que considere la interconexión entre todos los elementos del espacio público es fundamental para construir una metrópoli más resiliente, inclusiva y habitable en los años venideros.
LA PERSPECTIVA DE GÉNERO EN EL ESPACIO PÚBLICO
Es importante destacar que la falta de inversión en banquetas también tiene una perspectiva de género. Las mujeres, quienes a menudo realizan la mayor parte de los trayectos a pie y son las principales cuidadoras, se ven desproporcionadamente afectadas por la precariedad de la infraestructura peatonal. Calles inseguras y banquetas en mal estado limitan su movilidad y su acceso a oportunidades, exacerbando las desigualdades existentes.
UN MODELO SOSTENIBLE PARA LA CIUDAD
Finalmente, la priorización de la infraestructura peatonal se alinea con los principios de sostenibilidad urbana. Fomentar el caminar reduce la dependencia de los vehículos motorizados, disminuye la contaminación del aire y acústica, y promueve estilos de vida más saludables. Invertir en banquetas es, en última instancia, invertir en un futuro más verde y sostenible para la Ciudad de México.