El peso mexicano y el precio del oro se desplomaron este lunes, víctimas de una tormenta perfecta desatada por el repunte del petróleo y el alza en los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos. La combinación de factores fortaleció al dólar y erosionó el atractivo de activos considerados refugio, enviando señales de alerta a los mercados globales.

El tipo de cambio tocó las 17.8551 unidades por dólar a media mañana en la Ciudad de México, lo que representó una depreciación de 0.79% frente al cierre del viernes. Con esta caída, la moneda nacional se acerca peligrosamente a la barrera psicológica de los 18 pesos, borrando casi por completo las ganancias acumuladas en lo que va del año.

La presión sobre el peso se extendió al mercado de metales preciosos. Los futuros del oro para entrega en diciembre sufrieron una caída de 3.56%, cotizando en 4,167.34 dólares por onza, mientras que el metal al contado retrocedió 3.48%. Esta tendencia profundiza el ajuste iniciado la semana pasada, cuando el precio de referencia de la London Bullion Market Association ya había perdido 2%.

El detonante principal de esta volatilidad parece ser el estancamiento diplomático entre Estados Unidos e Irán. El presidente estadounidense, Donald Trump, rechazó una propuesta iraní para resolver el conflicto y reabrir el estratégico estrecho de Ormuz, por donde fluye una parte significativa del suministro energético mundial.

Como consecuencia directa, el precio del petróleo Brent experimentó un alza superior al 3%, superando los 108 dólares por barril. Este encarecimiento del crudo reavivó los temores de una persistente inflación, lo que a su vez podría obligar a la Reserva Federal de Estados Unidos a mantener las tasas de interés elevadas por más tiempo, o incluso a considerar nuevos incrementos.

Este escenario de tasas altas en la principal economía del mundo favorece al dólar, elevando los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense. Esto resta atractivo tanto a las monedas de mercados emergentes, como al peso mexicano, como a los metales preciosos, que no generan intereses.

El rendimiento del bono del Tesoro a 10 años se situó cerca del 5.20%, mientras que los bonos a dos años acumulan un avance de casi 56 puntos base en septiembre, su mayor incremento mensual desde febrero de 2023. Este aumento en los rendimientos de activos considerados seguros incrementa el costo de oportunidad de mantener oro, que no paga cupones.

El World Gold Council ha señalado que el oro se mantiene bajo presión debido al fuerte incremento de las tasas nominales y reales en Estados Unidos, así como por el fortalecimiento del dólar. La semana pasada, los fondos cotizados respaldados por oro registraron su primera salida semanal desde mediados de julio, y los inversionistas redujeron sus posiciones largas en futuros.

La siguiente zona técnica relevante para el rendimiento del Treasury a 10 años se ubica entre 5.25% y 5.32%. Un avance adicional en estas tasas podría prolongar la presión sobre el metal precioso.

La tendencia alcista del petróleo y los rendimientos soberanos también se reflejó en los mercados accionarios. Wall Street abrió a la baja, con caídas iniciales en el Dow Jones, Nasdaq y S&P 500. Más tarde, el Nasdaq 100 retrocedía 0.86% y el S&P 500 se ubicaba en terreno negativo.

Las bolsas europeas también cerraron mayoritariamente con pérdidas, con descensos en Londres, Fráncfort, Milán y Madrid. París fue una excepción, registrando un avance marginal.

En México, la presión fue más moderada, pero afectó a compañías vinculadas con materias primas y tasas de interés. Empresas como Peñoles, Banorte, Cemex, Arca Continental y Regional experimentaron retrocesos en sus cotizaciones, en línea con el desplome del oro y la fortaleza del dólar.

Por otro lado, algunas empresas de consumo y servicios, como Alsea, Bimbo, Asur, Chedraui y Walmart de México, mostraron avances, sugiriendo una resiliencia selectiva en ciertos sectores del mercado mexicano ante el panorama global adverso.

El contexto actual subraya la interconexión de los mercados financieros globales y la sensibilidad de activos como el peso mexicano y el oro a eventos geopolíticos y decisiones de política monetaria en Estados Unidos. La evolución de la situación en Medio Oriente y las próximas decisiones de la Reserva Federal serán cruciales para determinar la dirección de estos activos en el corto y mediano plazo.