Tres años después de un impasse diplomático que congeló la transferencia de la presidencia pro tempore de la Alianza del Pacífico, las administraciones actuales de México y Perú han iniciado los preparativos para que Lima asuma dicho cargo en 2027. Este movimiento marca un hito en el restablecimiento de las relaciones bilaterales, que se vieron tensas cuando el entonces presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, se negó a entregar la estafeta a Perú, argumentando la falta de reconocimiento a la entonces mandataria Dina Boluarte.
La decisión de López Obrador en 2023 generó un vacío en la presidencia rotatoria del bloque, que integran además Chile y Colombia. La Alianza del Pacífico, un foro de integración económica y comercial, busca fomentar la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas entre sus miembros. La negativa de México a ceder la presidencia a Perú no solo afectó la operatividad del organismo, sino que también evidenció las profundas diferencias políticas que existían entre ambos gobiernos.
Ahora, bajo el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en México, se ha dado un giro significativo. La cancillería mexicana, en coordinación con el equipo de Keiko Fujimori, quien representa los intereses peruanos en este proceso, está trabajando para concretar el traspaso. Este gesto diplomático subraya la voluntad de la administración Sheinbaum de normalizar y fortalecer los lazos con los países de la región, priorizando la cooperación y el diálogo.
El restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre México y Perú ha sido un proceso gradual. Tras la crisis política que vivió Perú en 2022 y 2023, con cambios de gobierno y protestas sociales, México mantuvo una postura cautelosa. Sin embargo, la consolidación del gobierno de Dina Boluarte y la voluntad política de la administración Sheinbaum han allanado el camino para una nueva etapa de entendimiento mutuo.
La Alianza del Pacífico, desde su creación en 2011, ha sido un pilar fundamental para la integración económica en América Latina. Su objetivo principal es la promoción del crecimiento, la competitividad y el bienestar de sus ciudadanos a través de políticas públicas coordinadas y la eliminación de barreras comerciales. La presidencia pro tempore rota anualmente entre los estados miembros y es responsable de liderar las reuniones y la agenda del bloque.
El hecho de que Perú asuma la presidencia en 2027, después de la controversia generada por la negativa de México, es visto por analistas como una señal de madurez diplomática y pragmatismo por parte de la actual administración mexicana. Se espera que, bajo la dirección peruana, la Alianza del Pacífico pueda retomar su agenda de trabajo y abordar los desafíos económicos y sociales que enfrenta la región.
Históricamente, la Alianza del Pacífico ha sido un foro exitoso en la promoción de la liberalización comercial y la cooperación. Sus miembros han logrado avances significativos en la armonización de normativas y la facilitación del comercio, lo que ha beneficiado a sus economías. La continuidad de estos esfuerzos es crucial en un contexto global de incertidumbre económica y tensiones geopolíticas.
La decisión de López Obrador de no reconocer a Dina Boluarte se basó en la línea política de su gobierno de no intervenir en asuntos internos de otros países y de defender la soberanía y la democracia. Sin embargo, esta postura generó fricciones con Perú y otros países de la región, afectando la dinámica de la Alianza del Pacífico.
El gobierno de Sheinbaum, al optar por el traspaso, demuestra una política exterior más orientada a la cooperación regional y al fortalecimiento de los mecanismos de integración existentes. Este cambio de enfoque podría tener implicaciones positivas para la relación de México con otros países latinoamericanos y para la propia Alianza del Pacífico.
La agenda que Perú podría impulsar durante su presidencia aún está por definirse, pero se espera que se centre en temas como la reactivación económica post-pandemia, la sostenibilidad ambiental y la digitalización. La experiencia de Perú en la gestión de la Alianza del Pacífico, habiendo sido uno de sus miembros fundadores, augura un periodo de trabajo productivo.
En el ámbito económico, el restablecimiento de las relaciones y la normalización de la presidencia de la Alianza del Pacífico podrían abrir nuevas oportunidades de inversión y comercio entre México y Perú, así como con los otros miembros del bloque. La estabilidad política y la cooperación regional son factores clave para atraer inversión extranjera y fomentar el crecimiento económico.
Este desenlace diplomático es un claro ejemplo de cómo las decisiones políticas de un gobierno pueden tener repercusiones a largo plazo en las relaciones internacionales y en los organismos multilaterales. La administración Sheinbaum ha optado por una vía de entendimiento y colaboración, marcando una diferencia notable con la política exterior de su predecesor en este caso particular.
La comunidad internacional observa con interés este avance, ya que la Alianza del Pacífico es un bloque económico relevante en América Latina. La continuidad y el fortalecimiento de sus objetivos son de interés para el desarrollo y la prosperidad de la región en su conjunto.