El Sistema Nacional de Refinación (SNR) de Petróleos Mexicanos (Pemex) ha registrado una preocupante caída en su capacidad de procesamiento de crudo durante el mes de mayo. Por primera vez en los últimos nueve meses, la paraestatal no logró superar el umbral del millón de barriles diarios, situándose en 941.1 mil barriles diarios. Este descenso rompe una racha de siete meses consecutivos en los que Pemex había mantenido un rendimiento superior al millón de barriles, evidenciando un retroceso en la eficiencia operativa de sus instalaciones.
Caída Generalizada en la Utilización de Refinerías
La situación se agrava al observar la tasa de utilización del SNR, que se ubicó en un alarmante 47.5 por ciento. Este porcentaje representa el nivel más bajo registrado desde mayo de 2025, lo que sugiere una subutilización considerable de la infraestructura de refinación del país. La tendencia a la baja no fue un fenómeno aislado, ya que cinco de las siete refinerías que componen el sistema nacional experimentaron una disminución en su capacidad de procesamiento en comparación con el mes de abril.
Minatitlán y Salina Cruz, los Más Afectados
Entre las refinerías que mostraron un desempeño particularmente bajo, destaca la de Minatitlán, Veracruz. Durante mayo, esta instalación apenas logró procesar 56.6 mil barriles diarios de crudo, lo que se traduce en una disminución mensual del 52.5 por ciento. Su tasa de utilización se desplomó hasta el 19.9 por ciento, alcanzando su nivel de productividad más bajo desde agosto de 2021. Otro punto crítico se observó en la refinería de Salina Cruz, Oaxaca, que refinó únicamente 123.9 mil barriles diarios, una caída del 40.2 por ciento respecto al mes anterior. Su capacidad operativa se limitó al 37.6 por ciento.
Factores Detrás del Desempeño Negativo
La disminución en la productividad de las refinerías no es un fenómeno fortuito y se atribuye, en gran medida, a incidentes operativos. Un factor clave fue el incendio ocurrido el pasado 11 de mayo en la planta Hidros 2 de la refinería de Salina Cruz. Este incidente, que tuvo lugar durante los trabajos de puesta en operación de la torre de enfriamiento TE-05, interrumpió significativamente las operaciones y contribuyó a la baja producción general.
Otras refinerías que también reportaron retrocesos en su procesamiento fueron Madero, con una caída del 15.9 por ciento; Tula, con un descenso del 2.2 por ciento; y la nueva refinería de Dos Bocas, que experimentó una reducción del 2.1 por ciento. Estos datos pintan un panorama complejo para la producción de combustibles en el país.
Un Resquicio de Mejora: Salamanca y Cadereyta
No obstante el panorama general negativo, existen dos refinerías que lograron revertir la tendencia y mostrar cifras positivas. La refinería de Salamanca, Guanajuato, experimentó un notable crecimiento del 69.1 por ciento, elevando su procesamiento de 55.7 a 94.2 mil barriles diarios. Por su parte, la refinería de Cadereyta, Nuevo León, aumentó su productividad en un 4.5 por ciento. Estos casos aislados, sin embargo, no logran compensar la caída generalizada en el desempeño del SNR.
Contexto y Análisis de la Situación
La caída en la refinación de crudo por debajo del millón de barriles diarios en mayo es una señal de alerta para la autosuficiencia energética de México. Históricamente, la capacidad de refinación ha sido un pilar fundamental en la estrategia energética del país, buscando reducir la dependencia de la importación de combustibles. La baja utilización de las refinerías, especialmente la de Minatitlán, plantea interrogantes sobre la eficiencia de las inversiones realizadas y la gestión operativa de Pemex.
En el contexto actual, donde la demanda de combustibles sigue siendo alta, una menor capacidad de refinación interna puede traducirse en una mayor necesidad de importaciones, afectando la balanza comercial y la estabilidad de precios. Analistas del sector energético señalan que la recurrencia de incidentes como el de Salina Cruz, sumada a problemas de mantenimiento y eficiencia, son factores que erosionan la capacidad productiva de Pemex.
Las implicaciones de esta tendencia son significativas. Una menor producción de gasolinas y diésel a nivel nacional podría generar presiones inflacionarias, especialmente en un escenario económico global volátil. Además, la dependencia de combustibles importados expone al país a fluctuaciones en los precios internacionales y a posibles interrupciones en el suministro.
La estrategia de Pemex, que ha incluido la rehabilitación de refinerías existentes y la construcción de nuevas instalaciones como Dos Bocas, busca precisamente revertir esta tendencia. Sin embargo, los datos de mayo sugieren que los desafíos operativos y de mantenimiento persisten, impidiendo alcanzar los objetivos de producción esperados. La baja tasa de utilización generalizada es un indicador de que aún queda un largo camino por recorrer para optimizar el rendimiento del Sistema Nacional de Refinación.
Las autoridades energéticas deberán analizar a fondo las causas de esta contracción y diseñar estrategias efectivas para mejorar la eficiencia operativa, garantizar el mantenimiento adecuado de las instalaciones y asegurar que la capacidad de refinación del país responda a las necesidades nacionales. La resiliencia del sector energético mexicano depende, en gran medida, de la capacidad de Pemex para superar estos obstáculos y consolidar su papel como motor de la producción de combustibles.