Petróleos Mexicanos (Pemex) enfrenta un desafío técnico significativo que podría requerir un giro estratégico: la importación de crudo ligero. Julio César Rentería Sandoval, director general de Consultores Asociaciones en Tecnologías Catalíticas (CATEC), ha propuesto que la paraestatal mexicana adopte un modelo similar al de Brasil para mejorar el desempeño de su Sistema Nacional de Refinación (SNR).

La Experiencia Brasileña como Modelo

Rentería Sandoval argumenta que la importación de crudo ligero no debe ser vista como una contradicción a la política de autosuficiencia energética, sino como una medida técnica necesaria para optimizar la mezcla de crudos. Países petroleros como Brasil han demostrado con éxito que importar petróleo puede incrementar la eficiencia de sus complejos industriales. Petrobras, la gigante energética brasileña, ha utilizado esta estrategia para lograr una mejor mezcla de crudos, lo que a su vez eleva la producción de combustibles de mayor valor y permite operar sus refinerías a niveles superiores al 90 por ciento de utilización.

El especialista enfatiza que esta práctica ha sido un éxito en Brasil, permitiéndoles obtener rendimientos de petrolíferos cercanos al 76 por ciento. "Pemex debe optimizar su mezcla de crudos y, si es necesario, importar petróleo mientras no haya una necesidad forzada de hacerlo", afirmó Rentería, subrayando la viabilidad y los beneficios de esta estrategia.

El Problema de la Calidad del Crudo Mexicano

En contraste con la situación brasileña, México enfrenta un problema dual: no solo una disminución en la producción petrolera, sino, y quizás más crítico, un deterioro en la calidad del crudo disponible. La producción nacional ha migrado hacia petróleos superpesados, provenientes de campos como Maloob, Zaap y Ayatsil. Estos crudos se caracterizan por una baja gravedad API, cercana a los 10 grados, y un alto contenido de azufre, que puede llegar hasta el 5 por ciento.

Estas características intrínsecas de los crudos mexicanos dificultan enormemente su procesamiento en las refinerías existentes, reduciendo significativamente su eficiencia operativa y la calidad de los productos finales. "El problema número uno para mí es la calidad del petróleo que estoy produciendo", sostuvo Rentería, señalando la urgencia de abordar esta cuestión fundamental.

Infraestructura Subutilizada y Rendimientos Bajos

La situación se agrava al considerar que la producción actual de Pemex, incluso sumando la capacidad de la refinería Deer Park, apenas alcanzaría para abastecer entre el 70 y el 80 por ciento de la capacidad instalada del sistema de refinación mexicano. Esto deja una considerable porción de la infraestructura ociosa, incapaz de ser aprovechada al máximo debido a la falta de materia prima adecuada.

Como resultado directo de la baja calidad del crudo y la subutilización de la infraestructura, México obtiene alrededor del 61 por ciento de productos de alto valor en sus refinerías. Este porcentaje es notablemente inferior al observado en países como Brasil, Argentina y Chile, donde los rendimientos oscilan entre el 70 y más del 80 por ciento. La importación de crudo ligero, según Rentería, permitiría estabilizar las mezclas que llegan a las refinerías, mitigar los problemas operativos asociados con los crudos superpesados y, consecuentemente, elevar gradualmente el rendimiento de gasolinas, diésel y turbosina.

Implicaciones y el Camino a Seguir

La propuesta de Rentería Sandoval pone de manifiesto la necesidad de una visión pragmática y técnica en la gestión de los recursos energéticos del país. Si bien la autosuficiencia energética es un objetivo deseable, su consecución no debe obviar las realidades técnicas y operativas que enfrentan las instalaciones de refinación.

La estrategia de importar crudo ligero, replicando el éxito de Brasil, podría ser una vía para revitalizar el SNR, mejorar la producción de combustibles y, en última instancia, fortalecer la seguridad energética de México. La alternativa, advierte el especialista, es que el país continúe rezagándose en eficiencia y capacidad de refinación, enfrentando consecuencias económicas y energéticas cada vez más severas.

El llamado es claro: antes de que la situación se vuelva irreversible, Pemex debe considerar seriamente la adopción de esta estrategia de importación para asegurar la viabilidad y eficiencia de su sistema de refinación. La decisión podría ser crucial para el futuro energético de México.