Los datos más recientes del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) sobre el empleo formal en mayo han generado una ola de interpretaciones encontradas, pintando un cuadro complejo y, a primera vista, contradictorio. Por un lado, se reportó una pérdida neta de 29,922 puestos de trabajo formales durante el mes, marcando el segundo retroceso mensual consecutivo en lo que va de 2026. Esta cifra, por sí sola, podría sugerir una desaceleración preocupante en el mercado laboral.

Sin embargo, la otra cara de la moneda revela un panorama diametralmente opuesto. Al mismo tiempo que se registraba la caída mensual, el empleo formal experimentó un crecimiento anual del 1.5 por ciento respecto a mayo del año anterior. Este porcentaje representa la tasa de crecimiento anual más alta observada en los últimos 20 meses, un indicador que sugiere una recuperación robusta y sostenida a largo plazo.

Ante esta aparente dicotomía, la pregunta clave es cuál de estas lecturas refleja con mayor precisión la realidad del mercado laboral mexicano. Los analistas, como Enrique Quintana en su análisis para El Financiero, se inclinan a considerar el crecimiento anual como el dato más relevante, sugiriendo que el bache de mayo podría ser un fenómeno transitorio y que la tendencia subyacente apunta hacia una recuperación gradual y firme.

La pérdida de empleos en mayo puede atribuirse a una confluencia de factores. Una de las explicaciones principales es la estacionalidad inherente al sector agropecuario. Mayo marca el fin de los ciclos de siembra, mantenimiento y cosecha en diversas regiones del país, lo que históricamente conlleva una reducción temporal de la fuerza laboral. El caso de Sinaloa, un importante productor hortícola, que perdió cerca de 18,000 puestos, ejemplifica este fenómeno estacional.

Otro factor extraordinario que influyó en las cifras fue la cancelación de un registro patronal fraudulento. Este registro, que simulaba relaciones laborales y aseguramiento, concentraba a personas sin un vínculo laboral real. El propio IMSS ha señalado que, al excluir este efecto anómalo, la trayectoria del empleo se mantiene positiva, lo que ayuda a contextualizar la caída mensual.

No obstante, existe una preocupación legítima que no puede ser ignorada: la debilidad persistente en el sector manufacturero. Esta industria, crucial para la economía, acumula una caída anual del 1.4 por ciento. Estados con una fuerte vocación industrial y automotriz, como Coahuila, Baja California, Aguascalientes, Guanajuato y Tamaulipas, han experimentado pérdidas de empleo. Esto podría ser un reflejo temprano del impacto de los aranceles estadounidenses sobre los sectores más expuestos de la economía mexicana.

A pesar de estas sombras, los números estructurales pintan un cuadro más alentador. Al cierre de mayo, el número total de puestos registrados ante el IMSS ascendía a 22.718 millones, la cifra más alta para un quinto mes del año en la historia. En los últimos 12 meses, se crearon 346,637 empleos, un incremento del 1.5 por ciento, superando el 0.9 por ciento registrado en enero, lo que evidencia una aceleración clara y sostenida.

El acumulado de enero a mayo de 2026 muestra una creación neta de 201,605 plazas, superando la cifra del mismo periodo del año anterior, cuando el mercado laboral atravesaba uno de sus momentos más difíciles. Esta mejora en la creación neta de empleo es un signo positivo de la reactivación económica.

Además de la cantidad, la calidad del empleo también muestra signos de mejora. El 86.8 por ciento de los puestos registrados son permanentes, alcanzando un máximo histórico de 19.7 millones. Paralelamente, el salario base de cotización ha alcanzado un promedio de 671.3 pesos diarios, el nivel más alto desde que existen registros. El incremento nominal anual del 6.6 por ciento en este salario se traduce en una ganancia real en el poder adquisitivo de los trabajadores.

Los sectores que lideran esta recuperación son el de transportes y comunicaciones, con un impresionante crecimiento anual del 13.5 por ciento; la industria extractiva, con un 4.1 por ciento; y los servicios sociales y comunales, con un 2 por ciento. A nivel regional, estados como Hidalgo, el Estado de México y Oaxaca muestran tasas de crecimiento superiores al 4 por ciento.

Sin embargo, es crucial señalar una salvedad importante: una parte significativa del dinamismo actual proviene de la creciente incorporación de trabajadores de plataformas digitales. Estos trabajadores, que ya suman 197,000 cotizantes, aportan al crecimiento general. Si se excluyera este efecto, la cifra de mayo habría mostrado una pérdida de 67,574 plazas. Si bien es empleo formal y bienvenido, es fundamental no perder de vista que la creación de empleo 'orgánico' es más modesta.

Las proyecciones a futuro refuerzan la tendencia positiva. Encuestas como la de Manpower Group para el segundo trimestre de 2026 indican que el 53 por ciento de los empleadores planea aumentar su plantilla. Firmas como Banamex y BBVA también anticipan una recuperación continua del empleo, con BBVA revisando al alza su pronóstico de crecimiento para 2026 a entre 1.9 y 2.1 por ciento.

En conclusión, el dato negativo de mayo parece ser más una fluctuación temporal que una señal de alarma generalizada. La tasa de crecimiento anual del 1.5 por ciento, la más alta en 20 meses, es el indicador más robusto de la salud del mercado laboral.

El principal riesgo que podría descarrilar esta recuperación no reside en factores internos o estadísticos, sino en el sector manufacturero y en la potencial incertidumbre derivada de la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Si la tensión comercial se disipa o se maneja eficazmente en los próximos meses, la consolidación de la recuperación del empleo formal en la segunda mitad del año parece probable. De lo contrario, el bache de mayo podría trascender de un síntoma estacional a un indicador de problemas más profundos.