La icónica tradición de coleccionar estampas y llenar álbumes durante la Copa del Mundo, un ritual que ha unido a generaciones de familias y aficionados, se encuentra en su momento más crítico en 60 años. La editorial italiana Panini SpA, sinónimo de los álbumes mundialistas desde 1970, está inmersa en una feroz batalla legal y comercial contra el coloso estadounidense Fanatics Inc. por los derechos de licencia que sustentan este entrañable pasatiempo.
La disputa ha escalado a tal punto que Fanatics obtuvo los derechos para comercializar coleccionables de la Copa Mundial de la FIFA a partir de 2031. Este acuerdo, según reportes, impide a Panini la producción de álbumes y estampas con las selecciones y jugadores participantes. Si bien Fanatics ha manifestado su intención de continuar con la producción de estampas, existe una profunda preocupación entre los aficionados de que el enfoque se desplace hacia el modelo de negocio de tarjetas coleccionables, un área donde Fanatics ha ganado terreno tras adquirir Topps en 2022, desplazando la nostalgia de Panini por un enfoque más comercial y estadounidense.
Virgilio Sorto, un profesor salvadoreño que ha coleccionado desde 1974, expresa su escepticismo: "No sé cómo una empresa que hace tarjetas de béisbol en Estados Unidos podría hacer este álbum a escala mundial". Esta incertidumbre refleja el temor generalizado de que la esencia de la colección, el intercambio y la comunidad se vean diluidas.
La Guerra de Licencias
Fanatics ha estado expandiendo agresivamente su control sobre licencias deportivas clave, arrebatando a Panini derechos históricos como los de la NBA y la NFL. La tensión se intensificó en 2023 cuando Panini demandó a Fanatics, acusándola de prácticas depredadoras para monopolizar el mercado de tarjetas coleccionables. La respuesta de Fanatics fue una contrademanda, alegando prácticas comerciales desleales por parte de Panini y obstrucción a la contratación de su personal.
Estas acciones legales han alimentado especulaciones sobre una posible adquisición de Panini por parte de Fanatics, aunque la empresa estadounidense ha declarado públicamente que ya no tiene interés en dicha operación. La muerte de Aldo Sallustro, quien dirigió Panini durante más de tres décadas, ha dejado a la empresa italiana en una posición vulnerable, con pocas señales claras sobre su estrategia futura ante este desafío sin precedentes.
El Último Mundial de Panini y el Futuro Incierto
La Copa Mundial de 2030, que se celebrará en Marruecos, Portugal y España, conmemorando el centenario del torneo con partidos en Sudamérica, marcará el último capítulo de Panini en la producción de álbumes mundialistas. Para muchos, como Izrael Bretón, un científico computacional de la Ciudad de México, este evento representa no solo el fin de una era para Panini, sino también la posible desaparición de rituales de colección profundamente arraigados.
Bretón es un asiduo participante de los intercambios de estampas en el Palacio de Bellas Artes, una reunión que ha crecido de un pequeño grupo a miles de aficionados cada cuatro años. "Es increíble ver la comunidad que se forma", comenta, destacando el valor social y cultural de estas reuniones.
La Evolución Económica del Pasatiempo
La economía de la colección de estampas ha experimentado una transformación radical. En 1990, completar un álbum costaba menos de 50 dólares, con sobres de cinco estampas a unos 20 centavos de dólar. Hoy, un sobre con siete estampas ronda los 2 dólares, y con la expansión del torneo a 48 selecciones, se necesitan 980 estampas para llenar el álbum. Un coleccionista hipotético, sin estampas repetidas, gastaría cerca de 300 dólares, pero la mayoría invierte el doble o triple.
Carlo Alberto Carnevale Maffe, profesor de negocios en la Universidad Bocconi, señala que para los niños, este pasatiempo se convierte en "sus primeras lecciones sobre la escasez económica". La negociación por una estampa codiciada se presenta como una "clase magistral sobre los fundamentos del mercado, envuelta en el inconfundible aroma del pegamento".
Un Legado Familiar en Juego
La empresa Panini fue fundada en 1961 por Giuseppe Panini y sus hermanos en Módena, Italia. Aunque la familia Panini dejó de ser propietaria de la compañía hace tiempo, el legado de la marca y su conexión con el deporte y la colección perduran. La actual disputa con Fanatics pone en riesgo no solo un modelo de negocio, sino también una parte significativa de la cultura popular deportiva a nivel global.
La FIFA, por su parte, se encuentra en una posición delicada. Si bien busca maximizar los ingresos y la exposición de sus eventos, la posible pérdida de la tradición de los álbumes de Panini podría alienar a una base de aficionados leales y afectar la experiencia colectiva del Mundial. La organización, bajo el liderazgo de Gianni Infantino, ha explorado diversas estrategias para expandir el alcance del torneo, incluyendo debates sobre un posible aumento de equipos para futuras ediciones, como se ha discutido para el Mundial de 2030. Sin embargo, la transición de licencias a Fanatics plantea interrogantes sobre cómo se mantendrá el espíritu de colección que Panini ha cultivado durante décadas.
El futuro de los álbumes de estampas, tal como los conocemos, pende de un hilo. La batalla entre Panini y Fanatics no es solo una disputa corporativa, sino un reflejo de la evolución del coleccionismo en la era digital y la constante búsqueda de nuevas formas de monetización en el mundo del deporte. La pregunta que queda en el aire es si Fanatics podrá replicar la magia y la conexión emocional que Panini ha logrado establecer con millones de aficionados alrededor del mundo, o si la tradición de seis décadas se desvanecerá ante la fuerza del mercado y la ambición de un nuevo gigante.
En el contexto del Mundial 2026, que se celebra en Estados Unidos, Canadá y México, la incertidumbre sobre el futuro de los álbumes añade una capa de melancolía a la celebración deportiva. Los aficionados que se reúnan para seguir el torneo se preguntarán si esta será la última vez que experimenten la emoción de abrir un sobre de Panini, buscando esa estampa esquiva que complete su colección, un ritual que ha definido la experiencia del Mundial para muchos durante más de medio siglo. La FIFA, al otorgar las licencias futuras a Fanatics, parece apostar por un modelo más moderno y potencialmente más lucrativo, pero a costa de sacrificar una parte del alma del deporte que ha sido transmitida de generación en generación a través de los entrañables álbumes.