Oaxaca se alista para revivir una de sus celebraciones más emblemáticas, el Día de Muertos, transformándose una vez más en un epicentro de tradición y cultura para visitantes nacionales e internacionales. Bajo el evocador lema “La fiesta más viva de todas”, el gobierno estatal ha diseñado un ambicioso programa que abarca desde el 26 de octubre hasta el 3 de noviembre, prometiendo una inmersión profunda en las costumbres que definen a esta festividad.
Un Mosaico de Tradiciones y Sabores
La agenda cultural para este año es particularmente extensa, con más de 100 actividades distribuidas en diversas comunidades y en el corazón de la capital. El circuito “Flores que guían el alma” se presenta como uno de los atractivos principales, extendiéndose del 26 de octubre al 3 de noviembre. Este recorrido conectará la ciudad de Oaxaca con emblemáticos campos de cempasúchil en localidades como San Jacinto Amilpas, San Antonio Arrazola, San Martín Tilcajete, Santo Tomás Jalieza, Teotitlán del Valle y Mitla, ofreciendo a los asistentes una experiencia visual y espiritual única.
En el centro histórico de la ciudad, se erigirán 30 altares monumentales, cada uno diseñado para reflejar la rica identidad de los 16 pueblos originarios y la comunidad afromexicana del estado. Estos altares no solo son ofrendas, sino también expresiones artísticas que narran historias y legados ancestrales. Complementando esta exhibición, el atrio del Templo de Jalatlaco será el escenario para la creación de un impresionante tapete de arena de 250 metros cuadrados, una obra efímera que se suma a los concursos de fachadas, la exhibición de catrinas y la esperada Gran Comparsa de Día de Muertos.
La celebración no se limitará a la capital. Más de 50 actividades adicionales se desplegarán en otras localidades, incluyendo la tradicional Feria del Atole, la instalación de esculturas monumentales y conciertos simultáneos que resonarán tanto en Oaxaca como en la costera Santa Cruz Huatulco, demostrando la amplitud y diversidad de la oferta festiva.
Impulso Económico y Cultural
La festividad del Día de Muertos en Oaxaca trasciende lo meramente cultural para convertirse en un motor económico significativo. Las autoridades estatales han fijado metas ambiciosas, buscando superar las cifras registradas en 2025, cuando la temporada atrajo a 86,900 visitantes y generó una derrama económica de 383 millones de pesos. La expectativa es que este año la afluencia y el gasto turístico superen esas marcas, consolidando a Oaxaca como un destino de primer orden.
La oferta se complementará con una muestra de la producción artesanal y gastronómica local, que tendrá lugar del 28 de octubre al 4 de noviembre. La Real Alhóndiga de Antequera será sede de una edición especial de “Casa Hecho en Oaxaca”, un evento que reunirá a 90 artesanos y 10 productores bajo el concepto “Ofrenda y Herencia”, permitiendo a los visitantes adquirir piezas únicas y degustar platillos representativos.
La agenda cultural y de entretenimiento se enriquece con 40 actividades artísticas y propuestas deportivas. Entre estas últimas, destacan el “Recorrido al Mictlán 2026” y el Festival de Deporte de Combate “Guerreros del Mictlán”, que añaden un componente de aventura y competencia a la experiencia.
Un Destino Global para el Día de Muertos
Las estadísticas de años anteriores revelan la importancia internacional de esta celebración en Oaxaca: aproximadamente el 75% de los visitantes durante estas fechas son extranjeros, mientras que el 25% restante proviene de otros estados de la República Mexicana. Este balance subraya el atractivo global de las tradiciones oaxaqueñas y su capacidad para atraer turismo de diversas partes del mundo.
Con este despliegue integral, Oaxaca reafirma su compromiso de ofrecer una experiencia de Día de Muertos que no solo honre el pasado, sino que también celebre la vitalidad del presente. La meta es clara: permitir que cada visitante pueda recorrer distintas comunidades, adentrarse en su diversidad cultural, deleitarse con su gastronomía y apreciar la maestría de sus artesanos, consolidando así la reputación de Oaxaca como un guardián y promotor de las tradiciones más vivas de México.
En el contexto de la ecología, es fundamental reconocer cómo estas celebraciones, al centrarse en elementos naturales como la flor de cempasúchil y al promover el respeto por la tierra y sus ciclos, refuerzan una conexión intrínseca con el medio ambiente. La preservación de los campos de cempasúchil y la promoción de prácticas sostenibles en la producción artesanal y agrícola son aspectos que, aunque no explícitos en la promoción turística, subyacen en la esencia de estas tradiciones y en la identidad cultural de Oaxaca. La fiesta, en su máxima expresión, es un recordatorio de la interconexión entre la vida, la muerte y la naturaleza que la sustenta.
La riqueza cultural que Oaxaca despliega durante el Día de Muertos es un testimonio de la resiliencia y la vitalidad de sus tradiciones. La organización de más de 100 actividades, desde altares monumentales hasta comparsas y ferias gastronómicas, no solo busca atraer turismo, sino también preservar y transmitir un legado invaluable a las nuevas generaciones. La inclusión de pueblos originarios y comunidades afromexicanas en la narrativa de la celebración es un paso crucial hacia el reconocimiento de la diversidad que enriquece el tejido social y cultural del estado.
El impacto económico esperado, con proyecciones de superar los 383 millones de pesos generados en 2025, demuestra la capacidad de Oaxaca para capitalizar su patrimonio cultural de manera efectiva. La estrategia de diversificar la oferta, incluyendo eventos deportivos y muestras artesanales, amplía el atractivo del destino y asegura una experiencia más completa para los visitantes. La fuerte presencia de turismo internacional resalta la proyección global de estas festividades, posicionando a Oaxaca como un referente mundial en la celebración del Día de Muertos.
La iniciativa “La fiesta más viva de todas” encapsula la esencia de lo que Oaxaca ofrece: una experiencia vibrante y auténtica que va más allá de la simple conmemoración. Es una invitación a participar activamente en rituales, a saborear la gastronomía local y a admirar el arte que emana de sus comunidades. La conexión entre la celebración y el entorno natural, aunque implícita, es un pilar fundamental que resalta la importancia de la ecología en la preservación de estas tradiciones milenarias. La flor de cempasúchil, símbolo por excelencia de esta festividad, es un recordatorio constante de la belleza y la fragilidad de la naturaleza que debemos proteger.