En un claro eco del discurso nacionalista que ha adoptado la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, el diputado federal por Morena, Gerardo Fernández Noroña, ha decidido sumarse a la retórica de la soberanía nacional. Desde su oficina en el Senado de la República, Noroña ha colocado una pancarta con la contundente frase: "En México manda el pueblo". Este acto, que busca replicar el mensaje de Sheinbaum dirigido a Estados Unidos, pone de manifiesto las crecientes tensiones y la retórica anti-injerencista que Morena busca capitalizar en el actual panorama político.
La iniciativa de Noroña no es un hecho aislado, sino que se enmarca dentro de la estrategia de la autodenominada Cuarta Transformación de defender la soberanía nacional frente a lo que perciben como intromisiones extranjeras. La propia Sheinbaum, durante la presentación de su informe de dos años al frente de la capital, lanzó fuertes cuestionamientos a Estados Unidos, poniendo en duda sus motivaciones para intervenir en asuntos internos de México, especialmente en casos relacionados con funcionarios públicos y presuntos vínculos con el crimen organizado.
"¿Quién decide en México, las agencias extranjeras o el pueblo? ¿Quién decide en México, los intereses extranjeros o el pueblo?", inquirió Sheinbaum desde el Monumento a la Revolución. Estas preguntas retóricas buscan generar un sentimiento de unidad nacional y defender la autonomía del país, al tiempo que se descalifica cualquier intento de presión externa como una afrenta a la voluntad popular. La Jefa de Gobierno ha sido particularmente crítica con las acusaciones de Estados Unidos contra funcionarios como Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa con licencia, y otros nueve funcionarios de esa entidad, señalados por presuntos nexos con el Cártel de Sinaloa.
Sheinbaum argumentó que estas acciones por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos no responden a un interés legítimo por ayudar a México, sino que podrían ser una estrategia de sectores de ultraderecha en aquel país para posicionarse de cara a las elecciones intermedias de noviembre próximo y las presidenciales de 2027. "Cuando desde el exterior se dicta quién es culpable y quién no... Ya no estamos hablando de cooperación, estamos hablando de injerencia. Y México, que se oiga claro, no acepta injerencias", sentenció, buscando consolidar una postura firme y unificada.
La respuesta de Noroña, al colocar la pancarta en su oficina, es una clara señal de adhesión a esta narrativa. El diputado, conocido por su estilo confrontativo y su lealtad a las causas del obradorismo, busca así proyectar una imagen de defensor de la patria, alineándose con la estrategia de Sheinbaum y del propio presidente Andrés Manuel López Obrador, quien frecuentemente denuncia lo que considera injerencismo estadounidense.
Sin embargo, esta retórica nacionalista choca frontalmente con la realidad de un país que enfrenta graves problemas de inseguridad, donde la presencia y el poder de los cárteles del narcotráfico son una amenaza constante para la soberanía y el bienestar de los ciudadanos. La narrativa de "el pueblo manda" se ve cuestionada cuando la violencia y la corrupción siguen permeando las estructuras del Estado, y cuando las propias autoridades son señaladas por su presunta complicidad con el crimen organizado.
La crítica de Sheinbaum hacia la oposición mexicana, a la que calificó de "entreguista" por supuestamente solicitar intervención extranjera para recuperar privilegios perdidos, también forma parte de esta estrategia de polarización. Se busca pintar a los adversarios políticos como traidores a la patria, incapaces de defender los intereses nacionales y dispuestos a sacrificar la soberanía por intereses personales o partidistas.
Este discurso, si bien puede resonar entre ciertos sectores de la población, ignora la complejidad de las relaciones bilaterales y la necesidad de cooperación en temas como el combate al narcotráfico y el lavado de dinero. La línea entre la cooperación legítima y la injerencia indebida es a menudo difusa, y México, como nación soberana, debe encontrar un equilibrio que le permita defender sus intereses sin aislarse de la comunidad internacional.
La estrategia de Morena, al enarbolar la bandera de la soberanía y la defensa contra la injerencia extranjera, busca desviar la atención de los problemas internos que aquejan al país, como la creciente inseguridad, la inflación y la desigualdad. Al centrar el debate en la amenaza externa, se pretende unificar a la base morenista y presentar al partido como el único baluarte de la defensa nacional.
No obstante, la efectividad de esta estrategia a largo plazo es cuestionable. La ciudadanía, cada vez más informada y exigente, demanda soluciones concretas a los problemas cotidianos, y no solo discursos nacionalistas vacíos. La inseguridad, en particular, sigue siendo uno de los principales focos de preocupación, y la retórica anti-injerencista no resuelve la violencia que sufren miles de mexicanos.
La figura de Gerardo Fernández Noroña, con su estilo directo y a menudo polémico, se presta perfectamente para este tipo de confrontaciones. Su adhesión al discurso de Sheinbaum refuerza la idea de un frente unido dentro de Morena para defender la soberanía, pero también lo expone a críticas por parte de quienes consideran que su acción es más performática que sustancial.
El Partido del Trabajo (PT), aliado de Morena, también se ha sumado a esta retórica, aunque con menor resonancia mediática. La defensa de la soberanía se ha convertido en un eje central de la comunicación oficialista, buscando capitalizar el sentimiento nacionalista y presentar al gobierno como un defensor de los intereses de México frente a potencias extranjeras.
En última instancia, la colocación de la pancarta por parte de Noroña y el discurso de Sheinbaum son reflejo de una estrategia política que busca consolidar el poder de Morena a través de la exaltación del nacionalismo y la demonización de la oposición y de la injerencia extranjera. Sin embargo, queda por ver si esta estrategia será suficiente para abordar los profundos problemas que enfrenta México, especialmente en materia de seguridad y justicia, o si se convertirá en una cortina de humo para ocultar fracasos y desviar la atención de la ciudadanía.