La jurista sudafricana Navi Pillay ha sido distinguida con el Premio Nobel de la Paz 2026, un reconocimiento que, si bien celebra su incansable labor en pro de los derechos humanos y el derecho internacional, ha generado una fuerte controversia y críticas por parte de los gobiernos de Israel y Estados Unidos. A sus 85 años, Pillay ha construido una formidable trayectoria en tribunales internacionales, destacando sus recientes denuncias sobre la devastación en Gaza, lo que la ha posicionado en el epicentro de un debate global.

El Comité Nobel Noruego, al otorgarle el prestigioso galardón, subrayó su contribución fundamental en la persecución de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio. La decisión llega en un momento particularmente sensible, donde, según advirtió la propia Pillay, la justicia internacional y sus instituciones enfrentan una presión política sin precedentes. "Vivimos en una época donde el derecho internacional y los derechos humanos son blanco de ataques políticos", declaró la galardonada tras conocer la noticia, dedicando el premio a los supervivientes de crímenes internacionales.

La Sombra de Gaza y la Reacción de Israel

La incomodidad generada por el Nobel de Pillay se explica, en gran medida, por su rol como presidenta de una comisión internacional de investigación de la ONU sobre los territorios palestinos e Israel entre 2021 y 2025. En 2025, dicha comisión concluyó que Israel había cometido genocidio en Gaza durante la ofensiva desatada tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023. Israel, que rechazó categóricamente estas conclusiones, reaccionó con virulencia al anuncio del Nobel. El Ministerio de Asuntos Exteriores israelí acusó al Comité Nobel de legitimar lo que calificó como el "odio contra Israel", llegando a publicar en la red social X que "Joseph Goebbels sin duda estará aplaudiendo desde el infierno" ante lo que consideraron "la mayor mentira del siglo XXI".

Tensiones con Estados Unidos y Donald Trump

El reconocimiento a Pillay también se produce en un contexto de crecientes tensiones entre Donald Trump y la justicia internacional. En noviembre de 2024, la Corte Penal Internacional (CPI) había emitido órdenes de detención contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el entonces ministro de Defensa, Yoav Gallant, por presuntos crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad en Gaza. Estados Unidos, bajo la administración Trump, ha cuestionado reiteradamente la legitimidad de la CPI. De hecho, en septiembre de 2024, Trump instó a los países miembros a abandonar la institución, calificándola de estar "fuera de control". Ante este panorama, Pillay envió un mensaje directo a los líderes políticos, recordándoles su "obligación legal de proteger los derechos humanos y abstenerse de hacer la guerra".

El presidente del Comité Nobel, Jørgen Watne Frydnes, intentó matizar el alcance del premio, aclarando que este no implica un respaldo automático a las conclusiones específicas sobre Gaza, y enfatizó que "no somos un tribunal". No obstante, expresó su plena confianza en la profesionalidad e integridad de Pillay.

Un Nobel con Sabor a Broma y Sanciones

En un gesto que reflejó su particular sentido del humor y su visión crítica, Pillay bromeó sobre la posibilidad de compartir el premio con Donald Trump, aludiendo al interés que el propio mandatario estadounidense ha mostrado en recibir el Nobel de la Paz. Este comentario evoca el incidente de 2025, cuando la opositora venezolana María Corina Machado, también galardonada, entregó su medalla al entonces presidente Trump. Pillay confesó haber creído inicialmente que el anuncio del premio era una broma, y como abogada y jueza, sintió la necesidad de "verificarlo".

La jurista también reflexionó sobre las reacciones a su trabajo sobre Gaza, que, si bien le valieron muestras de reconocimiento por su valentía, también provocaron llamados en redes sociales para que Estados Unidos la sancionara. "¿Por qué necesitaría valor para decir la verdad?", cuestionó, enmarcando la posibilidad de nuevas sanciones dentro de las medidas que Washington ha tomado contra figuras vinculadas con investigaciones de la CPI y la presión de Trump para que los países abandonen dicha corte.

De la Lucha Anti-Apartheid a la Corte Internacional

La trayectoria de Navanethem Pillay es un testimonio de una vida dedicada a la justicia y los derechos humanos. Nacida en Durban, Sudáfrica, en 1941, en el seno de una familia de origen tamil, creció bajo el brutal sistema del apartheid. Estudió Derecho en la Universidad de Natal y realizó estudios de posgrado en Harvard. Fue pionera al convertirse en la primera mujer no blanca en abrir un despacho de abogados en Durban, donde se destacó por defender a opositores al régimen. Un hito en su carrera temprana fue lograr, en 1973, que los presos políticos de Robben Island, incluyendo a Nelson Mandela, tuvieran acceso a representación legal.

Tras el fin del apartheid, Pillay continuó haciendo historia al ser la primera mujer de una minoría en ser nombrada jueza del Tribunal Superior de Sudáfrica en 1995. Su carrera internacional cobró impulso en el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, donde en 1998 participó en una decisión histórica que reconoció la violación como un acto de genocidio cuando se comete con la intención de destruir a un grupo protegido. Posteriormente, entre 2008 y 2014, ocupó el cargo de Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, desde donde denunció la represión y las violaciones de derechos humanos en diversas naciones, como Libia y Siria.

Actualmente, Pillay ejerce como jueza ad hoc de la Corte Internacional de Justicia en el caso donde Gambia acusa a Myanmar de genocidio contra la minoría rohinyá. La presidenta de la CPI, Tomoko Akane, ha elogiado la importancia del Nobel en un momento crítico para el orden jurídico internacional y el Estado de derecho. El galardón, que incluye una medalla de oro, un diploma y una dotación económica de 1.2 millones de dólares, será entregado formalmente el 10 de diciembre en Oslo, Noruega.