La percepción generalizada en los últimos años apunta a un declive terminal de la televisión abierta, relegada a un rincón de la memoria colectiva por la arrolladora marea de las plataformas digitales y el streaming. La sensación de que nadie sintoniza ya los canales tradicionales se agudiza al encontrarse, casi por accidente, con contenidos que parecen anclados en otra época, con una estética y una oferta que contrastan drásticamente con la inmediatez y la personalización de las nuevas tecnologías.

Sin embargo, las cifras oficiales pintan un panorama distinto, o al menos, más matizado. La Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (Endutih), elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), revela que la televisión abierta aún mantiene una base de audiencia considerable: 59.9 millones de mexicanos, lo que representa el 49.1 por ciento de la población, continúa sintonizando sus contenidos.

Este dato, aunque significativo, no oculta la tendencia descendente que enfrenta el medio. El avance imparable de las plataformas digitales y el streaming es una realidad innegable, como lo demuestra el crecimiento semestral del 6.2 por ciento registrado en 2026 para estos servicios. La comodidad, la variedad y la posibilidad de consumir contenido bajo demanda han reconfigurado los hábitos de consumo mediático de la población, desplazando gradualmente a los formatos tradicionales.

El Contexto de la Televisión Abierta

Históricamente, la televisión abierta fue el principal medio de comunicación y entretenimiento en México. Durante décadas, los hogares mexicanos giraban en torno a los horarios de programación de los canales nacionales, que dictaban las conversaciones y marcaban el pulso cultural del país. Programas icónicos, telenovelas que paralizaban a la nación y noticieros que informaban a millones eran parte integral de la vida cotidiana.

La llegada de la televisión por cable y, posteriormente, de internet de alta velocidad, comenzó a erosionar este monopolio. La oferta se diversificó, permitiendo a los espectadores acceder a canales temáticos y, eventualmente, a contenidos internacionales sin intermediarios. La democratización del acceso a la información y al entretenimiento se aceleró con la irrupción de las redes sociales y las plataformas de video bajo demanda.

El Desafío Digital

Las plataformas de streaming, con su modelo de suscripción, ofrecen una experiencia personalizada y sin interrupciones publicitarias, un contraste directo con la programación lineal y los cortes comerciales de la televisión abierta. Servicios como Netflix, Amazon Prime Video, Disney+ y otros han capturado una porción significativa del tiempo y el presupuesto de los consumidores, especialmente entre las generaciones más jóvenes, quienes han crecido inmersos en el ecosistema digital.

Este fenómeno plantea un desafío considerable para las televisoras tradicionales. La necesidad de adaptarse a las nuevas demandas del público, innovar en sus contenidos y explorar nuevos modelos de negocio se ha vuelto imperativa para su supervivencia. La competencia no solo proviene de las plataformas de streaming, sino también de la creciente oferta de contenido en redes sociales y otras plataformas digitales.

Audiencia y Tendencias

Si bien las cifras del Inegi son un recordatorio de que la televisión abierta aún tiene un alcance considerable, la tendencia a largo plazo es clara. La migración de audiencias hacia lo digital es un fenómeno global que México no es ajeno. Los datos de la Endutih sugieren que, aunque una mayoría significativa aún consume televisión abierta, la proporción de usuarios de plataformas digitales sigue en aumento.

Es crucial analizar qué tipo de contenido sigue atrayendo a esos casi 60 millones de usuarios. ¿Se trata de eventos en vivo, como deportes o noticias de última hora, donde la inmediatez de la transmisión lineal aún tiene un valor? ¿O son programas de entretenimiento o series locales que han logrado mantener una base de seguidores leales a pesar de la competencia?

Implicaciones y Futuro

La persistencia de una audiencia masiva para la televisión abierta tiene implicaciones importantes para la industria publicitaria, la producción de contenidos y la difusión de información. Los anunciantes aún destinan recursos considerables a este medio, reconociendo su capacidad para llegar a segmentos amplios de la población, particularmente a aquellos con menor acceso o familiaridad con las tecnologías digitales.

Para las televisoras, el reto es doble: mantener la fidelidad de su audiencia actual mientras buscan atraer a nuevas generaciones. Esto podría implicar una mayor inversión en producción de alta calidad, la exploración de formatos híbridos que combinen la transmisión lineal con la disponibilidad en línea, y una estrategia de contenidos más ágil y adaptada a los gustos cambiantes del público.

El futuro de la televisión abierta no está escrito en piedra, pero sí está condicionado por su capacidad de adaptación. Las cifras del Inegi ofrecen un respiro, pero también una advertencia: la relevancia a largo plazo dependerá de su habilidad para reinventarse en un panorama mediático cada vez más fragmentado y competitivo.

La coexistencia de la televisión abierta y las plataformas digitales parece ser la norma por ahora. La pregunta clave es cuánto tiempo durará este equilibrio y qué estrategias adoptarán los actores tradicionales para asegurar su lugar en la conversación mediática del futuro. La batalla por la atención del público está lejos de terminar, y la televisión abierta, contra todo pronóstico, aún tiene cartas que jugar.