El FIFA Fan Fest, instalado en el corazón de la Ciudad de México, se ha convertido en un refugio para miles de aficionados que buscan vivir la fiebre del Mundial 2026 sin desembolsar fortunas en entradas para los estadios. Sin embargo, la experiencia, aunque gratuita en su acceso, no está exenta de críticas, pues los precios de la comida y las bebidas dentro del recinto son percibidos como excesivos, generando un descontento generalizado entre asistentes de diversas nacionalidades.

Decenas de seguidores, provenientes de países como Colombia, España y Egipto, así como aficionados mexicanos, han coincidido en señalar que los costos de los productos dentro del Fan Fest son comparables, e incluso superiores, a los que se encontrarían en los propios estadios. Una cerveza sin alcohol, por ejemplo, alcanza los 220 pesos, un refresco de medio litro cuesta 120 pesos y una botella de agua natural 90 pesos. En cuanto a la comida, platillos como chilaquiles se venden en 200 pesos, papas con boneless en 190 y palomitas en 170 pesos, cifras que muchos consideran desproporcionadas.

Esta situación ha escalado hasta la esfera política, con la presidenta Claudia Sheinbaum haciendo un llamado a la FIFA para reflexionar sobre los elevados costos de los boletos para los partidos del Mundial. La mandataria reconoció la problemática y sugirió que la organización internacional debería considerar la accesibilidad económica para los aficionados, un tema que resuena fuertemente en el contexto del Fan Fest.

Mariana, una aficionada colombiana que ya vivió la experiencia de un Mundial en Rusia, expresó su decepción ante la organización y los precios del Fan Fest en la Ciudad de México. "Estaba un poco más organizado, podías comer y beber sin tanto problema, aquí está medio imposible y están cobrando mucho dinero por la comida", lamentó, contrastando la experiencia actual con la de hace cuatro años.

Por su parte, Marina, una seguidora española, coincidió en la belleza del ambiente y la ubicación del Fan Fest, pero criticó duramente los precios. "Te los cobran como si estuvieras en el estadio, están altos y no te dejan pasar ni con agua, no se vale", sentenció, evidenciando la frustración de quienes buscan una alternativa más económica y se encuentran con barreras de costo.

Ana, una mexicana que admiraba a Mohamed Salah y buscaba entradas para ver a Egipto, se vio obligada a desistir debido a los precios exorbitantes. "Busqué entradas, pero no era posible, es un gasto muy alto, había de 50 mil, está de locos, todo está muy mal en ese costo", relató, subrayando que los boletos más económicos superan con creces el presupuesto de la mayoría.

Ahmed y Marlene, una pareja de egipcio y mexicana, también consideraron viajar a Estados Unidos para presenciar el partido entre Egipto y Bélgica, pero la logística y el costo del viaje los disuadieron. Optaron por disfrutar del encuentro en el Fan Fest de la capital, aunque reconocen que la experiencia se ve empañada por los altos precios de los consumibles.

Incluso Javier, un residente del Centro Histórico, quien trabaja en una farmacia con un salario modesto, señaló que tanto los boletos del Mundial como los productos del Fan Fest están fuera de su alcance. "Yo trabajo en una farmacia, me pagan 50 pesos por hora y gastar miles de pesos por ir a un estadio no está en mis posibilidades, además, quiero ahorrar para un terreno", explicó, ejemplificando la brecha económica que el evento deportivo ha generado.

El Mundial 2026, que se celebra en México, Estados Unidos y Canadá, prometía ser una fiesta futbolística accesible y emocionante. Sin embargo, las quejas sobre los precios de los boletos y los consumibles en los Fan Fest sugieren que la organización, incluyendo a la FIFA, enfrenta un desafío significativo para equilibrar la exclusividad del evento con la inclusión de todos los aficionados.

La FIFA, como ente rector del fútbol mundial, tiene la responsabilidad de asegurar que los eventos de esta magnitud sean disfrutables para una amplia base de seguidores. Si bien el Fan Fest ofrece una alternativa valiosa, la percepción de precios inflados en alimentos y bebidas podría empañar la experiencia y generar un sentimiento negativo, a pesar de los esfuerzos por crear un ambiente festivo.

La organización del Mundial 2026 en Norteamérica representa una oportunidad histórica para México. La infraestructura, la pasión del público y la experiencia de los aficionados son elementos clave. No obstante, la gestión de los costos y la accesibilidad deben ser prioritarias para garantizar que la celebración del deporte rey sea verdaderamente para todos, y no solo para un segmento privilegiado de la población.

La FIFA, a través de sus Fan Fests, busca acercar el Mundial a quienes no pueden asistir a los estadios. Sin embargo, la estrategia se ve comprometida cuando los precios dentro de estos espacios recreativos disuaden a los propios aficionados que buscan una alternativa. Es imperativo que la FIFA revise su política de precios y establezca directrices más claras para los proveedores de alimentos y bebidas en estos eventos.

El éxito del Mundial 2026 no solo se medirá por la calidad de los partidos o la asistencia a los estadios, sino también por la experiencia general de los aficionados, incluyendo aquellos que optan por vivir la fiesta desde los Fan Fests. Las quejas actuales son una señal de alerta que no debe ser ignorada por los organizadores ni por la FIFA.

En retrospectiva, la FIFA ha enfrentado críticas similares en otros eventos. La clave para el éxito a largo plazo reside en aprender de estas experiencias y ajustar las estrategias para ofrecer un valor real a los aficionados, garantizando que la emoción del Mundial sea accesible y disfrutable para todos, sin importar su capacidad económica.