La euforia desmedida y las tragedias derivadas de los festejos del Mundial 2026 en la Ciudad de México han encendido las alarmas. Tras confirmarse la muerte de cinco personas en la capital durante las celebraciones posteriores a la victoria de la Selección Mexicana ante Ecuador, organizaciones civiles han alzado la voz para exigir una política nacional contundente contra el alcohol.

Las agrupaciones, entre las que se encuentran Salud Justa, Red de Acción Sobre Alcohol (RASA) y Voces Jóvenes por el Derecho a la Salud, se reunieron para denunciar la normalización del consumo de bebidas alcohólicas y sus devastadoras consecuencias sociales y de salud pública. Señalan que la industria del alcohol promueve un producto que, lejos de ser un simple pasatiempo, genera daños estructurales y cuesta vidas.

Un Llamado Urgente a la Acción Gubernamental

Yahaira Ochoa Ortiz, representante de Salud Justa, fue enfática al declarar que "no podemos seguir permitiendo que la industria del alcohol siga normalizando el consumo de un producto que daña la salud y que provoca daños estructurales a la sociedad". Este reclamo surge como respuesta directa a los lamentables sucesos ocurridos en las inmediaciones del Ángel de la Independencia, donde la alegría por el triunfo deportivo se vio empañada por la pérdida de vidas.

Las organizaciones aclararon que su demanda no apunta a una prohibición total del alcohol, sino a una regulación efectiva que priorice la salud pública. Buscan un marco normativo que impida la normalización del consumo de una sustancia que, en contextos de celebración, puede derivar en tragedias.

La Ley Seca, una Medida Insuficiente

Desde la perspectiva de RASA, las medidas implementadas por el Gobierno de la Ciudad de México, como la Ley Seca, resultan insuficientes ante la magnitud del problema. Esta medida, que restringe o prohíbe la venta y consumo de alcohol en determinados momentos, ha demostrado ser un paliativo temporal y no una solución de fondo.

Alonso Robledo, vocero de RASA, criticó la normalización de la idea de que ser aficionado implica necesariamente el consumo de alcohol. "Hemos normalizado la idea de que ser aficionado implica beber", sentenció, al tiempo que vinculó el consumo de alcohol con conductas violentas, incluyendo la violencia doméstica y machista, un problema social que requiere atención prioritaria y políticas públicas integrales.

El Mundial 2026 y la Responsabilidad de las Sedes

Las ciudades sede del Mundial 2026 tuvieron ocho años para prepararse y garantizar la seguridad en sus calles durante las celebraciones. Sin embargo, los incidentes ocurridos en la Ciudad de México sugieren que la planificación en materia de seguridad y salud pública, especialmente en lo referente al control del alcohol, ha sido deficiente.

La Secretaría de Salud capitalina, Nadine Gasman, actualizó la cifra oficial de fallecidos a cinco, un incremento que contrasta con los reportes previos. Detalló que el operativo durante el Mundial en la CDMX ha registrado 3 mil 563 atenciones médicas y 93 traslados de urgencia. No obstante, la funcionaria omitió precisar las circunstancias específicas de esta quinta muerte, dejando un velo de incertidumbre sobre los detalles exactos de las tragedias.

Contexto y Análisis: Alcohol, Cultura y Salud Pública

Históricamente, el consumo de alcohol ha estado intrínsecamente ligado a eventos sociales y deportivos en México. La cultura de la celebración a menudo incluye el brindis y el consumo de bebidas alcohólicas, una práctica que, si bien arraigada, presenta riesgos significativos para la salud individual y colectiva.

El Mundial 2026, al ser un evento de gran magnitud y convocatoria, magnifica estos riesgos. La masiva congregación de aficionados, la excitación de los partidos y la presión social para consumir alcohol crean un caldo de cultivo para incidentes.

Las organizaciones civiles buscan un cambio de paradigma: pasar de una cultura de celebración que normaliza el exceso a una que priorice el bienestar y la seguridad. Esto implica no solo medidas restrictivas temporales, sino una estrategia educativa y de salud pública a largo plazo que aborde las causas profundas del consumo problemático de alcohol.

Las implicaciones de una política nacional efectiva contra el alcohol van más allá de la prevención de muertes en eventos deportivos. Abarcan la reducción de accidentes de tránsito, la disminución de la violencia, la mejora de la salud mental y física de la población, y la disminución de la carga sobre el sistema de salud.

La respuesta de las autoridades a este llamado será crucial. La implementación de políticas públicas basadas en evidencia, la colaboración con organizaciones de la sociedad civil y la educación continua son pasos fundamentales para mitigar los daños asociados al consumo de alcohol y garantizar que las celebraciones deportivas sean motivo de alegría y no de luto.

El camino hacia una sociedad más saludable y segura en relación con el alcohol es largo y complejo, pero las exigencias de estas ONG marcan un punto de partida necesario para repensar la estrategia nacional y proteger la vida de los ciudadanos.