En un ejercicio que parece más una formalidad que una competencia real, Morena y sus satélites políticos alistan la convocatoria para seleccionar a sus abanderados en las contiendas por las gubernaturas de Guerrero, Nayarit, Zacatecas y Michoacán. Fuentes internas del partido revelan que la dirigencia, encabezada por Ariadna Montiel, ha sostenido una serie de encuentros con los aspirantes, quienes ya se frotan las manos ante la inminente apertura del registro, programada para el próximo 22 de junio.

Este movimiento, lejos de ser una muestra de apertura democrática, se perfila como una repetición del modus operandi que ha caracterizado a la autodenominada "Cuarta Transformación": un proceso opaco donde las decisiones importantes se toman a puerta cerrada, lejos de la mirada ciudadana y de la militancia.

Los aspirantes, muchos de ellos con trayectorias cuestionables o con un pasado que no precisamente los enaltece, ya se preparan para lo que será, en la práctica, una carrera de obstáculos diseñada para favorecer a los ungidos por el "dedo divino" del partido. La convocatoria, que se emitirá esta semana, servirá como telón de fondo para legitimar decisiones ya tomadas en las cúpulas.

El Fantasma de la Imposición

La historia reciente de Morena está plagada de ejemplos donde los procesos internos han sido meras fachadas. Desde la elección de candidatos a la presidencia hasta las designaciones para alcaldías y diputaciones, la tónica ha sido la misma: un grupo reducido de líderes decide quiénes son los "afortunados", mientras el resto de los aspirantes y la base militante son relegados a un papel secundario, obligados a acatar las decisiones para mantener la unidad artificial del partido.

En Guerrero, por ejemplo, la sucesión del gobernador Evelyn Salgado Pineda se perfila como un campo de batalla donde las lealtades políticas y las negociaciones de última hora pesarán más que el mérito o la voluntad popular. Los aspirantes que han estado cabildeando en las últimas semanas saben que su éxito dependerá más de su cercanía con los poderes fácticos que de su conexión con la gente.

Lo mismo ocurre en Nayarit, donde la figura del gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero proyecta una sombra alargada sobre el proceso. Los aspirantes que buscan sucederlo deberán navegar en un mar de intereses creados, donde las promesas de campaña y los planes de gobierno pasarán a segundo término frente a las cuotas de poder y los acuerdos bajo la mesa.

Zacatecas y Michoacán no escapan a esta dinámica. En ambos estados, la competencia por las gubernaturas se anticipa como un ejercicio de simulación, donde los aspirantes que no cuenten con el respaldo de las élites morenistas tendrán pocas o nulas posibilidades de éxito. La convocatoria servirá para dar una apariencia de legalidad a un proceso que, en esencia, ya está decidido.

La Alianza, un Espejismo

La mención de "aliados" en la convocatoria de Morena es otro de los puntos que genera escepticismo. Partidos como el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), que suelen ir en "coalición" con Morena, en realidad funcionan como apéndices electorales, prestos a aceptar las migajas que les arrojen desde el partido hegemónico. Su participación en estos procesos es meramente testimonial, sirviendo para dar una imagen de pluralidad que dista mucho de la realidad.

Estos partidos, que han demostrado una notable falta de principios y una gran habilidad para adaptarse a las conveniencias del poder, no representan una alternativa real ni un contrapeso para Morena. Su papel se limita a respaldar las decisiones del partido guinda, a cambio de algunas posiciones y candidaturas que les aseguren su supervivencia política.

El Daño a la Democracia

La estrategia de Morena de imponer candidatos, en lugar de permitir una competencia abierta y democrática, no solo debilita al propio partido, sino que también erosiona la confianza de los ciudadanos en las instituciones y en el sistema político en general. Cuando los ciudadanos perciben que las elecciones son una farsa y que los representantes son elegidos por dedazo, la apatía y el descontento social se incrementan.

Este tipo de prácticas son un atentado contra los principios democráticos que el propio Morena dice defender. La simulación de procesos internos y la imposición de candidatos son un reflejo de la hipocresía de un partido que, en su momento, prometió cambiar las reglas del juego y acabar con las viejas prácticas políticas, pero que ha terminado por replicarlas e incluso superarlas.

La convocatoria para las cuatro gubernaturas es, por tanto, una oportunidad perdida para Morena. Una oportunidad para demostrar que ha madurado como partido y que está dispuesto a abrirse a la democracia interna. En lugar de ello, opta por el camino fácil y conocido: la simulación y la imposición, sembrando así las semillas de su propio desprestigio y del descontento ciudadano.

El futuro de estas entidades federativas y la calidad de su representación política dependen, en gran medida, de que Morena rectifique su camino. Sin embargo, las señales actuales apuntan a que la "Cuarta Transformación" prefiere seguir repitiendo sus viejos vicios, en detrimento de la democracia y del bienestar de los mexicanos.