La cúpula de Morena ha vuelto a dar muestras de su creciente desconexión con la base y de su perpetuación de viejas prácticas, al imponer a Verónica Díaz Robles como coordinadora de la Defensa de la Transformación en Zacatecas. La decisión, lejos de generar unidad, ha desatado un polvorín de protestas y acusaciones de nepotismo y del temido "monrrealismo", evidenciando las profundas fracturas que amenazan con desmantelar al partido en la entidad.

El nombramiento, anunciado por la presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel Reyes, se dio en medio de un ambiente enrarecido, con simpatizantes del representante del PT, José Narro Céspedes, alzando la voz contra lo que consideran una imposición dictada desde las altas esferas y ligada a la influyente familia Monreal.

"¡Fuera el monrrealismo!", "¡No al nepotismo!", fueron los gritos que resonaron en el evento, ahogando cualquier intento de discurso oficialista. La dirigencia de Morena, visiblemente incómoda, intentó apaciguar los ánimos, pidiendo a Narro Céspedes que instara a sus seguidores a mantener la "institucionalidad", una petición que sonó hueca ante la evidente molestia popular.

Montiel Reyes intentó justificar la elección de Díaz Robles, destacando su origen en Fresnillo, su supuesta fundación del movimiento "cuando eran muy pocos" y su papel como "referente de la Cuarta Transformación" con "trabajo en el territorio". Incluso se remontó a sus inicios políticos a los 17 años, acompañando a Andrés Manuel López Obrador, en un intento por darle legitimidad a una designación que, para muchos, carece de ella.

Sin embargo, las palabras de la líder nacional chocaron frontalmente con la realidad percibida por los asistentes. Las acusaciones de nepotismo y la sombra del "monrrealismo" no son meras invenciones; reflejan un hartazgo generalizado ante la percepción de que las posiciones clave dentro de Morena se reparten entre cuotas de poder y lazos familiares, en lugar de basarse en méritos y lealtad genuina a los principios de la 4T.

En su primer discurso como coordinadora, Verónica Díaz Robles hizo un llamado a la "unidad" y a la "conciencia", intentando desviar la atención de las protestas. Afirmó que la lucha no es interna, sino contra "quienes sirven a intereses ajenos a las causas del pueblo" y buscan "regresar al régimen de privilegios". Una retórica que, viniendo de alguien cuestionada por prácticas que muchos asocian precisamente con esos privilegios, suena particularmente hipócrita.

Díaz Robles, quien también fue delegada estatal de los Programas del Bienestar, insistió en que la defensa de la transformación requiere "esfuerzos conjuntos" y "respeto a la pluralidad de ideas". Sin embargo, la forma en que se dio su nombramiento contradice directamente estos principios, al ignorar las voces discordantes y las demandas de una base que se siente marginada y traicionada.

La senadora con licencia, ahora al frente de la "defensa de la transformación" en Zacatecas, prometió "unidad para avanzar, organizar para defender y concientizar para seguir transformando". Palabras que, en el contexto actual, suenan más a un intento desesperado por controlar la narrativa y silenciar las críticas que a un compromiso real con los ideales que supuestamente defiende el partido.

Este episodio en Zacatecas no es un hecho aislado. Es un reflejo de la crisis interna que atraviesa Morena a nivel nacional. La imposición de figuras cercanas a ciertos grupos de poder, las acusaciones de nepotismo y la creciente brecha entre la dirigencia y la militancia son síntomas de una enfermedad que podría costar caro al partido en futuras contiendas electorales.

El "monrrealismo", ese término que evoca redes de influencia y control político, se ha convertido en un fantasma que persigue a Morena. La designación de Díaz Robles, una figura claramente vinculada a esta red, solo aviva los temores de que el partido, en su afán por mantener el poder, esté reproduciendo las mismas estructuras clientelares y de favoritismo que tanto criticó en el pasado.

La respuesta de los simpatizantes del PT y de otros sectores inconformes en Zacatecas es una señal de alerta para la dirigencia nacional de Morena. Ignorar estas protestas y continuar con las imposiciones solo profundizará el descontento y fortalecerá a la oposición, que sin duda sabrá capitalizar estas divisiones internas.

En un estado como Zacatecas, que ha enfrentado serios desafíos en materia de seguridad y desarrollo, la unidad y la legitimidad de quienes encabezan los proyectos de gobierno son fundamentales. La forma en que Morena ha manejado este nombramiento pone en entredicho ambas, sembrando dudas sobre la capacidad del partido para gobernar con principios de equidad y justicia.

La "Cuarta Transformación", que prometió un cambio radical y la erradicación de las viejas prácticas políticas, parece estar cayendo en las mismas trampas que criticó. La imposición de Verónica Díaz Robles en Zacatecas es un triste recordatorio de que, en la lucha por el poder, los ideales a menudo se diluyen, dejando tras de sí un rastro de inconformidad y desconfianza.

El futuro de Morena en Zacatecas, y quizás a nivel nacional, dependerá de su capacidad para escuchar a su base, sanar sus divisiones internas y demostrar que la "transformación" no es solo un eslogan, sino una práctica real y tangible, libre de las sombras del nepotismo y el favoritismo que hoy la empañan.