La reciente designación de Laura Itzel Castillo como futura titular de la Secretaría de las Mujeres ha generado un torbellino de inquietudes entre las organizaciones feministas y defensoras de los derechos de las mujeres en México. La noticia, que debiera ser motivo de celebración por el fortalecimiento de una dependencia clave para la equidad de género, se ha visto empañada por serias dudas sobre el perfil y la trayectoria de quien asumirá tan crucial encargo.
La Secretaría de las Mujeres, un organismo fundamental en la agenda gubernamental para atender y erradicar la violencia de género, así como para promover la igualdad sustantiva, ha permanecido acéfala durante dos largos meses. Este vacío de liderazgo se originó con la renuncia de Citlalli Hernández Mora el pasado 16 de abril, quien dejó el puesto para asumir la presidencia de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, el partido en el poder.
La salida de Hernández Mora, quien si bien generó controversias, al menos contaba con un discurso y una trayectoria vinculada a movimientos sociales, deja un espacio que ahora se pretende llenar con una figura que, según las críticas, carece de la profundidad y la experiencia necesarias para navegar las complejas aguas de la política de género.
Las voces críticas provienen de diversas agrupaciones que han sido pilares en la lucha por los derechos de las mujeres en el país. Señalan que la elección de Castillo parece responder más a criterios de lealtad partidista y cuotas internas de Morena que a una genuina preocupación por fortalecer la agenda feminista. La falta de un historial público destacado en la defensa de los derechos de las mujeres, la ausencia de propuestas concretas y la percepción de una conexión más fuerte con las estructuras de Morena que con las bases del movimiento feminista, son los principales puntos de fricción.
Este nombramiento, en un contexto donde la violencia contra las mujeres sigue siendo una herida abierta en la sociedad mexicana, pone en entredicho la seriedad con la que el gobierno está abordando la problemática. La Secretaría de las Mujeres no es un botín político ni una posición para recompensar a militantes, sino una trinchera fundamental para la defensa de las vidas y los derechos de millones de mexicanas.
La preocupación se agudiza al considerar que la dependencia ha estado sin titular por un periodo considerable, lo que inevitablemente ha ralentizado o detenido la implementación de políticas públicas y programas esenciales. La urgencia de contar con un liderazgo sólido y comprometido es palpable, y la designación de Castillo, en lugar de disipar las dudas, parece haberlas intensificado.
Activistas consultadas por este medio, que prefieren mantener el anonimato por temor a represalias, expresaron su decepción. "Esperábamos una señal clara de compromiso con la agenda feminista, alguien que entendiera las luchas desde la base, no a alguien que venga a administrar desde la comodidad de un escritorio y con una agenda preestablecida por el partido", comentó una de ellas.
La trayectoria de Laura Itzel Castillo, aunque incluye cargos dentro de la administración pública, no ha estado marcada por un activismo visible o una defensa explícita de las causas feministas que resuenen con la fuerza que la situación actual demanda. Esto genera el temor de que la Secretaría se convierta en un mero apéndice burocrático, incapaz de generar los cambios estructurales necesarios para abatir la desigualdad y la violencia de género.
El feminismo en México ha avanzado a pasos agigantados gracias a la movilización social, a la persistencia de miles de mujeres que han alzado la voz, que han ocupado espacios y que han visibilizado problemáticas antes ignoradas. La creación de una Secretaría de Estado dedicada a las mujeres fue, en sí misma, una conquista de estas luchas. Por ello, la comunidad feminista exige que al frente de dicha dependencia se encuentren perfiles que honren y fortalezcan ese legado, no que lo diluyan.
La situación actual plantea un desafío para el gobierno de la Cuarta Transformación. La narrativa de "primero los pobres" y la supuesta cercanía con los movimientos sociales se ven cuestionadas cuando las designaciones clave parecen priorizar la lealtad partidista sobre la idoneidad y la experiencia. La Secretaría de las Mujeres requiere de una líder con visión estratégica, con capacidad de diálogo intersectorial y, sobre todo, con un compromiso inquebrantable con la causa feminista.
Las organizaciones feministas han anunciado que estarán vigilantes. No descartan la posibilidad de convocar a movilizaciones o de iniciar campañas de concientización para visibilizar su descontento y exigir que la titularidad de la Secretaría de las Mujeres recaiga en una persona que realmente represente los intereses y las luchas de las mujeres mexicanas.
La pregunta que flota en el aire es si Laura Itzel Castillo podrá demostrar, con hechos y resultados, que las dudas son infundadas y que su gestión estará a la altura de las expectativas y las urgencias que enfrenta el país en materia de género. El tiempo y sus acciones serán los únicos jueces.
Este nombramiento, en definitiva, abre un debate crucial sobre la forma en que se están integrando los gabinetes y si las prioridades reales del gobierno se alinean con las demandas sociales más apremiantes. La Secretaría de las Mujeres merece un liderazgo que sea un verdadero motor de cambio, no un obstáculo más en el camino hacia la igualdad.