Moody's Ratings ratificó la calificación crediticia de Petróleos Mexicanos en B1 con perspectiva estable, dejando claro que la nota se sostiene exclusivamente por la expectativa de que el gobierno federal continuará inyectando recursos a la petrolera de manera "muy alta y oportuna". Sin ese respaldo, la empresa estaría en territorio de insolvencia.
La calificadora fue contundente al señalar que Pemex mantiene problemas operativos persistentes, genera flujo de caja libre negativo y enfrenta necesidades constantes de financiamiento que no puede cubrir con recursos propios. La evaluación de fortaleza crediticia independiente de la compañía quedó en "ca", una de las calificaciones más bajas posibles, reflejando su fragilidad estructural sin el salvavidas gubernamental.
Roxana Muñoz, vicepresidenta de Moody's, reconoció que "el Gobierno de México continuará proporcionando apoyo muy alto y oportuno", como quedó demostrado durante 2025. Sin embargo, la firma advirtió que los actuales esquemas de desarrollo petrolero difícilmente incrementarán la producción de crudo de forma significativa, mientras que las operaciones de refinación siguen siendo ineficientes.
La estrategia oficial de privilegiar el procesamiento doméstico sobre las exportaciones limita los beneficios que Pemex podría obtener de precios internacionales más altos del petróleo. Adicionalmente, los topes al precio de los combustibles y la menor inversión de capital afectan los márgenes y la sostenibilidad productiva de la empresa, según el análisis.
En términos de liquidez, Moody's fue clara: Pemex "permanece débil" y altamente dependiente del respaldo gubernamental para refinanciar deuda. Al cierre de marzo de 2026, la petrolera contaba con aproximadamente 8,000 millones de dólares en efectivo y otros 5,700 millones en líneas de crédito revolventes para enfrentar obligaciones inmediatas.
La calificadora anticipó que, sin una mejora estructural en el desempeño operativo, Pemex seguirá generando flujo de caja negativo durante los próximos 12 a 18 meses y continuará dependiendo de apoyos extraordinarios para cumplir con sus obligaciones financieras. La decisión se produce después de que Moody's rebajó la calificación soberana de México de Baa2 a Baa3.
La perspectiva estable refleja únicamente que se espera que la estrategia de negocios y el perfil financiero de la empresa permanezcan sin cambios sustanciales, mientras el apoyo gubernamental continúe fluyendo. Cualquier mejora en la calificación dependería de cambios estructurales profundos que permitan incrementar producción, mejorar generación de efectivo y reducir la dependencia crónica del erario público.
La confirmación de la nota crediticia expone la realidad de una empresa estatal que sobrevive artificialmente mediante transferencias federales constantes, sin capacidad propia para generar los recursos necesarios para operar de manera autosuficiente.